Feria Entre Culturas

Feria del Libro “Entre Culturas”: la extensión libresca

Tijuana, 18 de noviembre (MaremotoM).- 

El volumen de los libros

Rosarito es uno de los tantos municipios de México que no tienen librerías. Para su población, calculada por el INEGI en cien mil habitantes, apenas cuenta siete bibliotecas de las sesenta bibliotecas abiertas a todo público registradas en Baja California. Como todo municipio cercano a la frontera, cada año recibe un número importante de migrantes que le dan un aire turístico, aunque sus visitantes en días festivos no son iguales a quienes se han asentado para el retiro o quienes, por la deportación, llegan con su familia a establecer su nuevo hogar. Como arroja la estadística de la población deportada: no es ésta la de mayor grado de instrucción ni escuela.

Playas de Rosarito tiene escuelas para sus jóvenes y adolescentes, como toda ciudad que busca el desarrollo. Dos planteles del Colegio de Bachillleres de Baja California y dos universidades: una pequeña extensión de la Universidad Autónoma de Baja California y la Universidad Rosaritense, centro universitario sostenido por familias que prefieren que sus hijas e hijos no viajen a otro municipio para profesionalizarse.

Entre sus actividades culturales destaca el Rosarito Art Fest, evento que desde hace una década convoca a compradores de obra plástica provenientes de la entidad y del sur de California. En dicho municipio se encuentran los Estudios Fox, donde se producen películas y series producidas por empresas foráneas. También cuenta con una extensión del Centro de las Artes, que ofrece talleres y algunas exposiciones, así como un Instituto Municipal de Arte y Cultura, promotor de las culturas nativas y diversas disciplinas artísticas.

Tijuana, si bien no es la gran metrópoli del arte y la cultura, en el ámbito de los libros comprende una tradición más larga que otros municipios. En los últimos diez años se han multiplicado festivales en torno a la literatura, mientras que los estudios especializados en el campo de las humanidades y las artes han completado una oferta que ha cincelado el gusto estético de la ciudad fronteriza. En Tijuana la práctica de la actividad lectora históricamente se ha evidenciado en la tradición de las bibliotecas familiares, luego en los círculos de lectura repartidos en casas y cada vez con mayor frecuencia en los centros de cultura. Si bien la ciudad fronteriza no es un axis mundi, está en edad de compartir su actividad cultural con otros municipios. Y esa ha sido la intención de la nueva extensión de la Feria del Libro de Tijuana que se celebró en Rosarito, Tecate y Ensenada.

El objetivo de una Feria del Libro es exponer el dinamismo de lectores y los libros de la escena íntima a la esfera pública -a la calle- haciendo visible la magia producida en la lectura. Si de algo sirve una Feria del Libro es para dar contorno y volumen a esa experiencia.

Encuentro físico

La Feria del Libro “Entre Culturas”, celebrada del 9 al 14 de noviembre en cuatro municipios de la entidad, combinó libros y actividades de diálogo en torno a una tarea urgente en el estado: la interculturalidad y el respeto a los derechos humanos de quienes están y quienes llegan cada día.

En Tijuana, las mesas sobre “Derechos humanos”, “Derecho a un ambiente sano” y “Derechos de los animales: camino a la compasión” reunió a especialistas que compartieron información actualizada sobre su ámbito y apelaron a la acción ciudadana. El análisis interdisciplinario de las políticas y las leyes en torno a lo que vulnera a las personas detonó el encuentro entre personas y asociaciones que habían trabajado por objetivos afines sin conocerse. Fueron tardes de intercambio entre el sonido de las voces provenientes del patio del Instituto Municipal de Arte y Cultura (IMAC) de Tijuana -a veces silenciadas por las degustaciones ofrecidas por nuestros patrocinadores- y el Jazz de la tarde del sábado.

En ese espacio público se realizó el taller de Meritxell Calderón Vargas, Daniel Salinas presentó El samurái de la Graflex y Alex Perales hizo la cronología de la música que viajó de Tijuana a Avándaro.

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La apología de la lectura mediada por el libro físico aplica al acercamiento de personas. Es decir: además de hablarse y escribirse, se advirtió la necesidad de verse y reconocerse. Coordinado por el comunicador Emilio Carranza, el encuentro interlingüístico en que comunidades indígenas compartieron elementos de su lengua y su cultura mostró la vitalidad de quienes han servido como puentes en el desarrollo de las comunidades oaxaqueñas que permanecen en el sureste.

Las escuelas

La exhibición y venta de libros se realizó el 9 y 10 de noviembre en el IMAC de Tijuana y, el 12 de noviembre, en el patio del Palacio Municipal de Rosarito. Y del 11 al 14 diversas universidades y escuelas recibieron a Evelio Rosero, Mónica Brozon, Juan José Tamayo y Diego Sánchez Meca. Luego de su charla en la secundaria del Instituto México, Mónica Brozon permaneció por cerca de dos horas en la Secundaria Técnica 42 de Tijuana, entre su charla y la firma de más de cien ejemplares de sus libros. Por su parte, la sencillez (“No escribo para ganar premios”, afirmó el autor en su primera presentación) y habilidad narrativa de Evelio Rosero, acompañado del doctor Raymond L. Williams, fascinó al Cobach “Primer Ayuntamiento” cuyos estudiantes lo inquirieron durante una hora. Los filósofos Juan José Tamayo y Diego Sánchez Meca recorrieron todas las universidades programadas provocando a su audiencia con la muerte de Dios, la teología feminista y la crítica al neoliberalismo, voces liberadoras en la variedad de oídos de escuelas como la Universidad Pedagógica Nacional de Ensenada atenta, amable y crítica en sus comentarios.

La Universidad Iberoamericana dispuso el auditorio Loyola y su cabina de radio para hacer extensión de la discusión filosófica y sobre los derechos a la información y a la inclusión. Desde ahí entrevisté para el programa de radio a la periodista Mireya Cuéllar, al abogado Carlos Ariel Lim y al comunicador José Israel Ibarra acerca de la precariedad del periodismo, objeto de violencia económica y política.

La estética del Día Nacional del Libro

Después del taller preventivo de violencia durante la mañana del 12 de noviembre en el patio del Palacio Municipal de Rosarito, la alcaldesa Araceli Brown inauguró la primera Feria del Libro en dicho municipio en respuesta al decreto presidencial de 1982 que asignó esta fecha para la promoción y difusión del libro. Después de mis palabras y las suyas, recorrimos lentamente los escasos pero coloridos módulos de libros mientras la artista plástica Carolina Castañeda, sentada en el borde del estado colocado en la explanada, charlaba sobre su libro “La breve pero significativa historia de la niña Ajolote” (Edelvives, 2018) texto que el domingo anterior había presentado en Tijuana frente a sus emotivas seguidoras. A las 15 horas llegó el tiempo del concierto vocal a cargo de la Escuela de Formación Vocal Jasit que cimbró el patio del edificio del Ayuntamiento y que desde los pasillos del segundo y tercer piso admiraron los intendentes y tres policías que acomodaron unas sillas a manera de palco para deleitarse.

Durante esa mañana, la doctora en derecho Gabriela Navarro y la psicoanalista Deyanira Torres habían incendiado el auditorio de la Universidad Pedagógica Nacional de Tijuana al exponer la fenomenología de la familia desde su normativa jurídica y su imaginario como causante de la opresión y violencia de las mujeres en ella. Esa tarde, los filósofos descubrían las piedras redondas de la Rumorosa camino a la mesa de diálogo que tendrían frente a doscientos estudiantes de la UABC en la Facultad de Artes, antes de la presentación de El día en que mataron a Colosio, de la editorial Abismos.

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