Franco Félix: “La literatura arregló mi vida, tanto en la escritura como en lo académico”

Nació en Hermosillo, en 1981. Estudió Literaturas Hispánicas. Obtuvo la beca Edmundo Valadés de Apoyo a la Edición de Revistas Independientes en 2009, la de Jóvenes Creadores en la categoría de Novela (2011-2012) y la de Residencias Artísticas México- Argentina 2014.

Ciudad de México, 28 de abril (MaremotoM).- Franco Félix es un poco el autor de moda, por decirlo así. Lo menciona el escritor Emiliano Monge, quien ha sido su editor con el libro Maten a Darwin para la nueva editorial de Penguin Random House, Caballo de Troya, pero también él mismo, con una renovada fe en la literatura y una confianza en sí mismo que conmueve.

No siempre ha sido así. Ha publicado en 2015, con la editorial Tierra Adentro, Los gatos de Schrödinger y también en ese año Nitropress sacó Kafka en traje de baño, pero tal vez la juventud o tal vez las inseguridades que tienen siempre los autores, lo han hecho dudar antes de eso.

Nació en Hermosillo, en 1981. Estudió Literaturas Hispánicas. Obtuvo la beca Edmundo Valadés de Apoyo a la Edición de Revistas Independientes en 2009, la de Jóvenes Creadores en la categoría de Novela (2011-2012) y la de Residencias Artísticas México- Argentina 2014. Fue ganador del Concurso de Libro Sonorense 2014, en el género de crónica, obtuvo también el Décimo Premio Nacional Rostros de la Discriminación Conapred 2014 y el Premio Binacional de Novela Joven Border of Words 2015.

No está nada mal para este escritor distinto, que en su reciente libro ha elegido a una persona con síndrome de Down para la narración. “Primero, porque uno de los personajes emparentados con Charles Darwin tiene síndrome de Down, como se verá más adelante. Y, segundo, porque yo, el narrador de esta parte de Fenomenología, también lo padezco. Es decir, el síndrome. El síndrome de Down. Eso. Lo padezco. Padezco síndrome de Down. Soy narrador y tengo síndrome de Down. Pero alguien más les hablará de mí. Sigamos”, cuenta Franco Félix en Maten a Darwin, un libro que sirvió de pretexto para charlar con él, en Monterrey.

Maten a Darwin. Foto: Cortesía

–¿Cómo te relacionaste con Caballo de Troya?

–Fue sorprendente. El salto de las editoriales independientes con las que había publicado los libros anteriores a esta editorial grande. Fernanda Álvarez fue muy generosa conmigo, me respondía todos los mails, muy amable, yo me esperaba como una frialdad del gigante. Son súper generosos, Fernanda la leyó como en dos semanas, lo pasamos a dictamen, ven a la editorial y empecé a sospechar. Me comentaron que la iban a publicar, no sabían si en Caballo de Troya o en Literatura Random House, pero Emiliano Monge le interesó muchísimo la novela. Es una suerte. Salir en esta editorial, donde creo que hay una belleza distinta, está padrísimo.

–Caballo de Troya nació de Claudio López Lamadrid, que acaba de morir…

–Sí. Lo que está detrás de la editorial es maravilloso. Para mí una suerte que haya salido ahí.

–Me pasó con Maten a Darwin que ¡al fin habías escrito una novela!

–Es cierto. Me llevó bastante tiempo. La había enviado a Tusquets, les había encantado, pero se tardaron muchísimo y la velocidad de Fernanda hizo lo propio. El proyecto tenía encajonado un año y medio, lo había empezado en 2010, la tutora estaba un poco molesta, por esta desarticulación, por esa esquizofrenia que hay en la novela, con tantas voces, para todos lados…le molestaba mucho, algo que me reconfortaba. El hecho de que no le gustara ni a ella ni a mis compañeros me hacía pensar que estaba haciendo bien las cosas.

–¿No tienes guía?

–Ahora lo decían los autores de las generaciones anteriores: Monge, Boone, Miklos, que la verdadera enseñanza es la lectura. Hay algo particular en Hermosillo, nunca hubo generaciones de talleres, como en otras ciudades. En Puebla, donde estuvo Daniel Sada, con autores que ahora publican en varias editoriales, en Hermosillo la poca oferta cultural y el calorón que hace caracteriza el lugar. Esta orfandad literaria que ha generado a muchos poetas allí, no había narradores, hasta que vino Iván Ballesteros, que tiene una pluma descabellada, con unas historias geniales. Recuerdo en 2004, que fue nuestra primera FIL en Guadalajara, conocimos a Enrique Vila-Matas, que era nuestro modelo…

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–¿Ahora le hago una entrevista a un autor neto y nato?

–Mi vida ha dado un vuelco, no sólo por la escritura sino también por la escuela. Había abandonado hasta la licenciatura, estaba pensando ¿qué hago?, trabajando brinque y brinque entre proyectos, pero creo que la universidad me hizo enfocarme. Mi padre perdió la vista en el 2013, mi madre tiene problemas de hipertensión, tuve que volver a Hermosillo, esa etapa de mi vida fue desconcertante y difícil. Tengo una hija adolescente, que es un dolor de cabeza distinto, recuerdo que estaba durmiendo y hay un punto de ruptura, escribí Los gatos de Schrödinger en una etapa muy oscura de mi vida y ahí empecé a ver un poco de luz. Tenía que empezar a arreglar mi vida, que era un desastre.

Mi vida ha dado un vuelco, no sólo por la escritura sino también por la escuela. Foto: MaremotoM

–¿La literatura entonces arregló tu vida?

–La arregló tanto en lo literario como en lo académico. Agarré la tesis que no estaba terminada, la terminé, van en forma paralela y creo que eso se nota un montón en el libro. Hay pastiches filosóficos que he ido adoptando con los posgrados que estudié.

–¿Qué es Maten a Darwin?

–Es una novela sobre el aislamiento mental. Los dos personajes principales tienen Síndrome de Down, son brillantes, saben mecánica cuántica y al mismo tiempo son incomprendidos. Ellos sólo balbucean y los otros personajes escuchan balbuceos. Es un miedo que tengo, el no poder explicarme con los otros.

–¿Los problemas mentales y la filosofía irán unidos en tus próximas novelas?

–Siempre me han dicho eso, en Los gatos de Schrödinger hay algo de eso, leo artículos científicos aunque mis resultados puedan estar equivocados. Me imagino que siempre habrá esta conexión con la ciencia, por un lado porque soy consumidor de esos artículos y por el otro tengo una inquietud de golpear a la racionalidad. Hay un amalgama en el tiempo de paradigmas que se revientan y se instalan otros. Maten a Darwin, el título tiene que ver con este nuevo darwinismo social, que es una postura súper conservadora, muy retrógrada. Todo lo que fue un estudio de la naturaleza se desintegró en el aspecto social. Este darwinismo social no es otra cosa más que la conservación.

–¿Destruyes la racionalidad desde el racionalismo?

–Sí. Se van instalando nuevos paradigmas, por ejemplo las luchas feministas proponen la ruptura de un paradigma, proponen la búsqueda de derechos y es una nueva racionalidad que tiene que reventar la anterior.

–¿Qué significa ser autor de Hermosillo?

–Yo no quería volver a Hermosillo. La ciudad carece de una oferta cultural y en ese entonces para mí fue como un castigo. Estaba en el DF trabajando muy a gusto, con La Tempestad, pero ahora se ha expandido mucho la idea de que no hace falta vivir en la Ciudad de México para escribir. La historia con Hermosillo se refiere a esta relación dicotómica, ambigua, de amor y de odio, pero ahora con todos los proyectos que traigo no podría estar en otro lado más que en mi ciudad.

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