Gustavo Artigas

“Fue afortunado lo que le tocó a mi generación en cuanto a una apertura de frontera”: Gustavo Artigas

El Museo de Arte de Sonora ha comprado el lote que el artista mexicano –radicado en Toronto- ha llevado a cabo durante 10 años. Se trata de una investigación sobre el color, que se muestra ahora en el MUSAS.

Ciudad de México, 2 de octubre (MaremotoM).- Gustavo Artigas encabeza la colección permanente del Museo de Arte de Sonora. Se trata de un artista originario de México, pero radicado en Toronto, Canada.

El MUSAS expone por primera vez la colección permanente adquirida este año y que posiciona al museo como una institución pública referencia en la zona norte de México y en el resto del país.

Se trata de una selección de obras, de su reciente producción, en las que Artigas hace un nuevo estudio del color y que pertenecen a la series Risk Paintings, RIO, y Majestic Arp en la que el artista reflexiona desde otro punto de vista sobre la cromática.

La primera pieza es CMYK que consta de 4 obras gráficas en las que se deja constancia del veneno que implica cada tinta usada en la impresión. Esta obra es parte de un amplio estudio sobre el riesgo en el trabajo del artista por su relación con materiales de trabajo.

La segunda retrabaja patrones derivados de la piel de las ranas venenosas Dendrobatide, que tienen colores llamativos como el azul, el naranja y el amarillo, con lo que advierten a a sus predadores y finalmente las envenenan de acercarse demasiado.

Majestic Arp por su parte es una forma en la que Artigas experimenta con el color derivado de estudios modernistas y su reacción con la luz con placas de colores sobre la madera tzalam, la más dura del mundo originaria del Amazonas.

Su trabajo fue seleccionado por el prestigioso curador Edgardo Ganado y a partir de ahora pertenece al patrimonio nacional al ser parte de la colección pública del MUSAS que celebra su décimo aniversario como Museo de Arte Contemporáneo.

–¿Cómo ve a esta exposición que ya se ha inaugurado en el Museo de Arte de Sonora?

–Bueno, yo vengo trabajando hace 25 años en distintos medios. He trabajado en el Arte Sonoro, he investigado con fotografías y videos, en esta exposición se muestra lo que ha adquirido el Museo, de trata de un trabajo de 10 años, donde hay un acento muy particular, es una investigación sobre el color desde el punto de vista del nuevo siglo.

–¿Cómo diría que está el arte contemporáneo en México?

–En México siempre ha tenido una energía muy particular. No es lo mismo que en los ’80 o en los ’90, pero la energía se mantiene. Esa energía cambia de lugar, a veces está más en la institución, a veces más en los artistas, en algún momento estuvo en los críticos. Yo siento de lo que hablo con mis compañeros que si bien algunas de las circunstancias no son las mejores, eso nos lleva a repensar cómo seguir trabajando, a seguir teniendo lazos entre nosotros y como hemos hecho ya desde hace muchos años un contacto con el extranjero, que permita traer y llevar todas las discusiones del arte contemporáneo.

Gustavo Artigas
El diálogo sobre el arte contemporáneo se sigue dando. Foto: Facebook

–Usted maneja el arte en dos naciones. ¿En Canadá no se discute tanto el arte contemporáneo?

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–Sí, hay una discusión, pero no dejaría atrás la situación de México para nada. En México la gente tiene un amplio conocimiento del arte contemporáneo, me he sorprendido gratamente de que hay muchos artistas mexicanos, hay algunas instituciones que se dedican al arte contemporáneo latinoamericano y el diálogo se sigue dando.

–El arte contemporáneo cambió la historia de México, es una revolución importante

–Sí, fue afortunado lo que le tocó a mi generación en cuanto a una apertura de frontera, lo conocemos como un proceso de globalización, puede ser unos de los aspectos amables, el de abrir fronteras. Países como México, que no tenían una apertura sino una censura hacia su posibilidad de presentarse en el extranjero, dejaron de verlo como una amenaza y lo vieron como algo que podía sumarle al país en muchos sentidos. El trabajo de los artistas contemporáneos se fue profesionalizando y se fue organizando. Hay un cambio desde los ’90 hasta los primeros 10 años del nuevo siglo, que lo podemos ver en cómo ha aflorado el número de publicaciones, de fundaciones, instituciones. Desde el MUAC hasta el Jumex, sólo por nombrar a algunas, que han tenido un impacto en el arte contemporáneo, en general a la cultura y en la aportación intelectual.

–¿Su arte requiere bastante de los espectadores para completarse?

–Eso es definitivo, pero es una fórmula que está escrita en toda obra de arte. No hay una obra de arte que pueda existir si no hay un espectador que la complete. La discusión viene desde tiempos de los griegos, discusiones filosóficas sobre la creación, el texto, el lenguaje, como un escritor busca traer algo que no está ahí, convertir algo que está en la mente en palabras, en lenguaje o en materia visual, pero es el espectador, el lector, el que completa ese trabajo y lo lleva hacia otro lugar. Si hay una resonancia en él, proviene incluso una aportación.

Gustavo Artigas
No hay una obra de arte que pueda existir si no hay un espectador que la complete. Foto: Facebook

–¿Dónde estudió?

–Estudié en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, en la de San Carlos. Tuve el privilegio de estar ahí, pero siempre tuve una relación con alumnos y ex alumnos de La Esmeralda. Luego me pude sumar al equipo académico. A diferencia de la UNAM, no sigue tanto los parámetros académicos, que a veces –incluso cuando yo era alumno- se tardaban muchísimo en hacerle cambios a los programas.

–Usted nació en los 70, una generación posterior a Gabriel Orozco, ¿qué piensa de su generación?

–Todos fuimos marcados por el entorno urbano de la Ciudad de México. El terremoto del 85 nos marcó mucho. La búsqueda de la democratización, con las elecciones de 1988, donde hubo un fraude, la cultura bajo el sistema de Carlos Salinas de Gortari, que le dio un papel preponderante con la creación del CONACULTA. Fue una generación que se las vio así, abriendo fronteras al extranjero, con una primera figura como Gabriel Orozco inaugurando el circuito internacional.

–¿Cómo es vivir en Toronto?

–Me siento muy bien. Ha sido muy amable, no pierdo contacto con México. Me considero de los dos lugares. Produzco proyectos y encuentro otras posibilidades, trabajos en comunidad artística y formas de discusión.

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