Futbol sin pelota | El negocio se comió al futbol

Buenos Aires, 25 de marzo (MaremotoM).- Cuando el 2 de diciembre de 2010 el Comité Ejecutivo de FIFA elegía como sedes de los próximos mundiales a Rusia 2018 y Qatar 2022 se ganaban el odio de los ingleses y estadounidenses (que querían esos Mundiales) y desataban una venganza que terminó con muchos presos en el llamado FIFA Gate o las coimas que recibían los dirigentes por los derechos de televisación, mercadotenia y por conceder los Mundiales, sobre todo el insólito a Qatar (un país sin historia futbolística, ya que nunca clasificó a un Mundial), donde se tiene que cambiar el mes histórico de los Mundiales por las altas temperaturas del país asiático. Allí terminaba la segunda era de la FIFA, que había empezado en 1974 con la asunción del brasileño Joao Havelange.

La primera parte es la más romántica desde su fundación en 1904 por el francés Robert Guerrín y con la oposición de Gran Bretaña, que recién afilia a sus países en 1910, tiene su punto más importante con otro francés Jules Rimet, que la preside desde 1921 hasta 1954 y que en 1928 viendo el éxito de la final entre Uruguay y Argentina del fútbol en los Juegos Olímpicos de Amsterdam, se decide a crear los campeonatos Mundiales de futbol, que empiezan en 1930 en Uruguay.

Eran dirigentes que amaban el futbol juego y que querían difundirlo por el Mundo, sin pensar demasiado en el negocio. Esta etapa termina con la derrota en las elecciones del inglés Stanley Rous, en manos del brasileño Joao Havelange, que consigue aliar a América, Asia y África para sacarle la FIFA a los europeos y hacerle pagar al inglés todas las trampas que hizo para Inglaterra ganara su Mundial en 1966 (Gol fantasma en la final y árbitros cruzados para Alemania – Uruguay (dirigió un inglés) y Argentina – Inglaterra (lo hizo un alemán), con arbitrajes muy parciales).

En esta segunda etapa Havelange, que había sido un jugador de Waterpolo y presidente de la Federación de Fútbol de Salón (FIFUSA), a la que le roba el deporte para dárselo a la FIFA, fue un empresario que empezó a desarrollar el “negocio del futbol” aprovechando el auge de la televisión y teniendo como principal aliado a su vicepresidente, el mexicano Guillermo Cañedo, alto directivo de Televisa.

Así las cosas, su frase preferida fue: “Yo vendo un producto que se llama futbol” y acercó a las grandes empresas multinacionales a la organización de los Mundiales, teniendo como pilares a Adidas y Coca Cola. En 1978 crea los mundiales juveniles y consigue que la Coca Cola ingrese en la Unión Soviética, como parte de la negociación de la organización del Mundial Sub 20 1985. Las camisetas de cada selección fueron vendidas en exclusiva a una marca y muchos clubes europeos dejaron de ser “Sociedades civiles” para convertirse en “Sociedades Anónimas”, con lo que empresarios de fortuna dudosa “lavaron su dinero” con el futbol. Aparecieron los “agentes” que intermediaban en las negociaciones de jugadores y que en la mayoría de los casos eran mucho más ricos que los que dirigían el futbol. Así se armó un circuito, donde las coimas eran moneda corriente y por eso siempre eran las mismas empresas las que televisaban en “exclusiva”.

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Los dirigentes cobraban solo “viáticos”, pero todos sabían que se iban enriqueciendo rápidamente. Esto terminó cuando le dieron los Mundiales a Rusia y Qatar, desairando las “ofertas” de Inglaterra y Estados Unidos y allí empezó una nueva etapa sin Josepp Blatter (que dicho sea de paso, lo obligaron a renunciar, pero nunca fue juzgado como si no tuviera responsabilidad).

Era el momento de los ex futbolistas, pero como también quedó manchado por las coimas Michel Platini, siguió siendo el turno de los burócratas y eligieron presidente al suizo Giovanni (Gianni) Infantino, que era el que manejaba el dinero de la UEFA, por lo que tendría que estar más implicado que el propio Platini.

Así las cosas esta nueva administración quiere “desarrollar el negocio”, algo que parece que puede matar a la gallina de los huevos de oro. No se conforman con tener el Mundial cada cuatro años, ni el Mundial de Clubes a fin de año (idea robada a la UEFA y la Conmebol que lucraban con la final intercontinental), sino que quieren ampliar el Mundial a 48 selecciones y organizar una Liga Mundial de clubes, con los principales de cada país. Es decir, quedarse con todo el negocio y arruinar la Champion League, la Copa Libertadores de América y la liga de Campeones de la Concacaf. No se dan cuenta (o sí, pero no les importa) que el año tiene 365 días y que los futbolistas son seres humanos, que necesitan vacaciones y que no pueden estar todo el año viajando por el Mundo. Lo único que les importa es el negocio, es centralizar la ganancia en la FIFA y que no exista nada más. Muchos se llenarán los bolsillos con esto, pero así el futbol se muere.

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