Tragedia en Querétaro

FUTBOL SIN PELOTA | El odio engendra odio

Se habla de sanciones a los clubes y hasta desafiliación y de esa forma no se soluciona nada, además de cometerse una gran injusticia, porque la mayoría de los simpatizantes de Querétaro y de Atlas son pacíficos, van al estadio a disfrutar de un espectáculo y a canalizar su pasión gritando, disfrutando y sufriendo por sus colores.

Ciudad de México, 8 de marzo (MaremotoM).- Las tétricas imágenes de la pelea entre ultras de Querétaro y Atlas recordaron viejos tiempos que parecían superados, sobre la violencia en el marco de un partido de fútbol y más allá de las especulaciones sobre “mafias” y otras yerbas, esto es un producto del odio que se está engendrando en las sociedades (sobre todo en los países latinoamericanos) desde los medios de prensa y las redes sociales.

En Argentina hablan de “grieta” y te ponen de un lado o del otro, pero siempre odiando a los que no piensan como tú, tanto de un lado como del otro. El fútbol, según el premio Nobel de literatura, Albert Camus “es la excusa que tienen los pueblos para odiarse sin tener que matarse”,  quizás fuera así en la sociedad de la década del 50 del siglo pasado cuando lo dijo, pero el nivel de odio llegó a tanta altura que ahora el fútbol pasó a ser el pretexto para matarse y también un negocio para muchos que nunca podrían patear una pelota con éxito.

El fútbol es indudablemente “una pasión inexplicable”, que paraliza a una ciudad o a un país para verlo y vivirlo como algo personal. Entre las características personales de cada uno está en la mayoría de las personas el equipo por el que simpatiza y fue durante muchos años el tema de conversación, con bromas mediantes, en las oficinas de casi todo el Mundo, pero con la creación de las redes sociales pasó a ser el tema de discusión principal, más incluso que las ideas políticas, donde se insulta al rival y se lo convierte en enemigo, aunque sea un amigo de toda la vida.

La convivencia a veces se da por afinidad futbolística y una persona con ideas de izquierda, queda pegado a un neonazi, porque los dos le van al América de México o son de San Lorenzo de Almagro y se terminan abrazando para festejar un gol. Estas relaciones extrañas son incentivadas por los programas deportivos, sobre todo televisivos, que dejaron de ser programas donde se analizaba el juego y ahora son discusiones armadas, donde un periodista le grita al otro: “Vos decís eso porque sos hincha de Boca” y eso justifica cualquier disparate que el otro haya dicho.

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Las llamadas barras bravas nacieron por la necesidad de los dirigentes de tener un grupo de choque que los proteja de enemigos internos. Siempre hubo fanáticos que “morían por su camiseta”, pero eran inofensivos y a lo sumo se peleaban con los fanáticos del rival con insultos y alguna que otra trompada, pero a partir de la organización de las barras, estas empezaron a tener prebendas (viajes, entradas gratis, camisetas para sortear) y empezaron a ver el negocio de la violencia. Ese negocio se fue sofisticando con el tiempo y la misma barra se alquilaba para actos políticos o gremiales. Los jugadores y cuerpos técnicos empezaron a “aportar a la causa”, más por miedo que por convicción y después encontraron otros negocios afines como quedarse con la concesión de venta de camisetas o  chiringuitos alimenticios, vender droga y hacer algunos robos.

La barra se les fue de las manos a los dirigentes y pasó a ser un problema muy grande, tanto que tuvieron que empezar a pagar grandes operativos de seguridad y allí la policía se encontró con un negocio inesperado y lo aprovechó, tratando que no desaparezca, porque si no se quedaban sin trabajo y allí se terminó toda posibilidad de solucionar el problema y disolverlas. Todo lo que cuento pasó en la Argentina, pero pudo haber sido en Inglaterra donde los “Hooligans” generaron por varios años una violencia inusitada, en Brasil, donde cada dos por tres hay un muerto a balazos o en México, que antes tenía a los simpatizantes de los dos clubes mezclados y conviviendo en paz, pero en los últimos 20 años, cada vez hay más disturbios, aunque ninguno del nivel del de Querétaro – Atlas.

Tragedia en Querétaro
El fenómeno de las “barras” en el futbol mexicano es un problema que se tiene que atender urgentemente. Foto: Cortesía

Se habla de sanciones a los clubes y hasta desafiliación y de esa forma no se soluciona nada, además de cometerse una gran injusticia, porque la mayoría de los simpatizantes de Querétaro y de Atlas son pacíficos, van al estadio a disfrutar de un espectáculo y a canalizar su pasión gritando, disfrutando y sufriendo por sus colores. Hace mucho que se busca una solución a este problema y parece no tenerla, pero quizás la solución sea más fácil de lo pensado. Las barras mezclan pasión y negocios, si se los deja sin el negocio, ¿Seguirán teniendo la pasión?

El fútbol sigue siendo el espectáculo más lindo del mundo y como decía el relator argentino José María Muñoz, no se puede perder “por un grupo de inadaptados”, aunque a esos inadaptados se les dio la llave de entrada.

 

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