Futbol sin pelota | Galeano, el poeta de la zurda

Ciudad de México, 13 de abril (MaremotoM).- Las venas de América Latina siguen abiertas, pero él ya no está para contarlo con su prosa poética y sus frases simples pero profundas. Un 13 de abril de 2015 nos dejó Eduardo Galeano, hace justo cuatro años, el penúltimo romántico que supo combinar su oficio de periodista con su alma de poeta y que se animó a escribir sobre su pasión por el fútbol.

Es de esas figuras inolvidables que creía en las utopías, aunque sabía que eran como el horizonte, cuando uno más se acerca, ella más se aleja, pero el uruguayo Galeano dio la pelea por el fútbol, juego ese que está peleado a muerte con el fútbol negocio y que está perdiendo por goleada. A él, a los argentinos Roberto Fontanarrosa y Osvaldo Soriano y al argelino Albert Camus les debemos las páginas más bonitas de la literatura futbolística, porque ellos sabían que el gol de Maradona a los ingleses fue una obra de arte comparable con La Gioconda o La maja desnuda, que “el escorpión” de René Higuita fue como el salto más difícil de Nureyev y así podríamos seguir comparando.

Galeano fue el que mejor describió al mejor jugador del Mundo: “Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable. Pero los dioses no se jubilan, por humanos que sean. Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero”.

También fue el que escribió uno de los libros más lindos sobre el deporte más popular: El fútbol a sol y sombra, una recopilación de pequeñas historias donde se auto describe como “un mendigo del buen fútbol” y pide “Una linda jugadita por el amor de Dios”. Hincha de Nacional de Montevideo admiraba (a pesar que hizo todo lo posible por odiarlos) a dos ídolos de Peñarol, su acérrimo rival: el Pepe Schiaffino y el Pardo Abbadie, al primero no lo vi jugar y al segundo si, cuando ya era un veterano, pero seguía mostrando destellos de su calidad.

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Se lamentaba que el fútbol se ha convertido en espectáculo, porque eso hacía que hubiera pocos protagonistas y muchos espectadores y también en que los entrenadores se hayan convertido en directores técnicos porque en lugar de hacer jugar a sus futbolistas, los hacían trabajar y también por los esquemas tácticos para parar los jugadores dentro de la cancha. Al respecto, el entrenador argentino Alfio Basile decía: “Yo a los jugadores los paro bien en la cancha, después se mueven”.

Galeano escribió uno de los libros políticos más importantes de todo el siglo veinte: Las venas abiertas de América Latina, en 1971 y después en el exilio en España realizó la trilogía Memorias del fuego; fue un filósofo, escritor, periodista, poeta, pero también fue dibujante, pintor, obrero de fábrica, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco. Alguien que vivió intensamente su vida y de acuerdo a sus ideas, que nunca se creyó su fama. Siempre estuvo para los que lo requerían y dejó frases inolvidables como: “No solo Estados Unidos, sino algunos países europeos, han sembrado dictaduras por todo el mundo. Se sienten como si fueran capaces de enseñar lo que es democracia”.

Fue un recopilador de historias y entre ellas, la de dos periodistas mexicanos, Epi Ibarra y Hernán Vera que salvaron sus vidas gracias a Hugo Sánchez en 1992 en Sarajevo, ya que los soldados serbios los habían confundido con espías. Cuando, al borde de la muerte, mostraron su pasaporte mexicano. El teniente exclamó “México, Hugo Sánchez” y fue como una palabra mágica que les salvó la vida, porque el fútbol es eso, pasión popular que atraviesa fronteras y Galeano fue uno de los que mejor lo describió.

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