Futbol sin pelota | Gerardo Martino en camiseta

“Cerca, Rosario siempre estuvo cerca”, canta Fito Páez como un homenaje a otro rosarino ilustre, el actor cómico Alberto Olmedo y su personaje infantil “el capitán Piluso” y es verdad Rosario (que siempre luchó con Córdoba por ser la principal ciudad del interior de Argentina) está a 300 kilómetros de Buenos Aires, aunque tiene una cultura propia, un estilo futbolístico propio y hasta es la cuna del Che Guevara.

En ese Rosario nació el 20 de noviembre de 1962, el actual director técnico de la selección mexicana, Gerardo Martino, un chico que se define en su paso por la escuela como “un quilombero bueno”, es decir que era el que tiraba bombitas de mal olor en los baños o hacía bromas pesadas a sus compañeros, sobre todo en la escuela secundaria “Dante Alighieri”, donde llegó hasta cuarto año y abandonó cuando le faltaba uno para ser bachiller. En esa escuela compartía el banco con su amigo de toda la vida y actual ayudante de campo, Jorge Theiler “El flaco manguera”, pero también compartió con un chico que siempre les hablaba de música y que después lograría ser el músico que imaginó en la secundaria: Fito Páez.

Quien esto escribe conoció a Martino y Theiler en un viaje de una selección juvenil reforzada por cuatro mayores en Singapur, en 1984 donde participaron de la Copa Merlion. Allí éramos solo tres periodistas argentinos, por lo que hubo cierta intimidad con los jugadores y en una charla con Martino me preguntó: “Che, vos que escuchás rock nacional, ¿es bueno Fito Páez?” a lo que contesté “Un maestro” y ahí me explicaron casi a dúo: “Nosotros fuimos a la secundaria con él y era de nuestro grupo, aunque estuvimos solo en primer año juntos. Todo el día hablaba de música, por eso en los asaltos (bailes que se organizaban en una casa de familia) le hacíamos poner los discos. Después lo cambiaron de división, pero seguimos siendo amigos, hasta que la vida nos separó. Me pone contento su éxito, aunque yo de música no sé nada”.

Este rosarino de pura cepa, como Lionel Messi por ejemplo, como jugador fue un gran mediocampista central con quite, habilidad y un toque de balón exquisito, pero que no le gustaba correr, hasta que en la parte final de su carrera se encontró con otro rosarino ilustre, Marcelo Bielsa que le cambió la mentalidad, lo hizo bajar de peso y le alargó la carrera. Yo lo crucé un par de años después de aquel viaje a Singapur, gordo y parado en la mitad de la cancha, tirando pelotazos de 40 metros y al término del partido le dije: “Como desaprovechás así tu carrera, parecés un exjugador, parado y tirando pelotazos de 40 metros” y él me contestó: “¿Los tiro mal?” y al decirle: “No, un fenómeno”, el me miró y me dijo: “Entonces alcanza”.

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Tanto alcanza que jugó 505 partidos con la camiseta de Newell’s y fue el jugador que más veces vistió esa camiseta, a pesar de ser de una familia de hinchas de Rosario Central, el archienemigo y que un presidente nefasto del club, Eduardo López lo acusara de ser hincha del otro grande de Rosario.

Otra anécdota de su vida fue cuando Carlos Bilardo lo llamó en la previa al Mundial 86 de México y en la primera práctica de fútbol le reprochaba: “No Martino, usted tiene que cerrar para la izquierda como lo hace Russo (por Miguel Ángel Russo que tuvo en Estudiantes y estaba lesionado)”, al tercer reproche de su manera de jugar Martino se cansó y le entregó la camiseta a Bilardo: “Yo no soy Russo, soy Martino, llámelo a él” y Bilardo terminó llamando a Sergio Batista. Después declararía: “Lo mío en la selección fue nada, medio pelo total, para completar el plantel. Quedé afuera del grupo cinco meses antes del Mundial 86, pero jamás tuve chances de ir. Yo era un futbolista demasiado distinto para lo que pretendía el entrenador. Tal vez no tuve condiciones para estar en la selección, pero tampoco nunca invirtieron tiempo en mí”.

El Tata Martino, un tipo frontal, amigo de sus amigos, amante de su ciudad. Un director técnico con convicciones que le llega muy fácil al jugador, porque principalmente es una buena persona.

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