Futbol sin pelota

FUTBOL SIN PELOTA | Historias de fútbol, retiros y suicidio

Lo cierto es que el fútbol profesional es una fábrica de sueños, pero también una fábrica de frustraciones y que como dijo alguna vez Marcelo Bielsa: “Son más las derrotas que los triunfos, salir campeón es una excepción, no la regla general”.

Ciudad de México, 11 de febrero (MaremotoM).- Quiero dejar en claro que el fútbol es un deporte maravilloso y que le enseña valores de compañerismo y solidaridad a los que lo practican. También que el fútbol profesional les cambia la vida económica a muchos chicos que iban camino a ser pobres toda su vida. Aclarado esto, el fútbol profesional genera presiones sobre quienes lo practican que en algunos casos, como el del uruguayo Santiago “Morro” García puede terminar en un suicidio o en una depresión difícil de recuperar.

El fútbol tiene la particularidad que aquellos que llegan al primer nivel Mundial son millonarios con poco más de 20 años, pero son veteranos y tienen que dedicarse a otra cosa apenas pasados los 30 años de edad. Algunos se reciclan como entrenadores, dirigentes o periodistas, pero la mayoría tiene que dedicarse a otra cosa o vivir del dinero que hicieron en esos diez años. Hay otro componente más que es la fama que se va perdiendo después del retiro y de aquel ídolo, pasa a ser: “Ese señor, así como lo ves fue un gran goleador”, contado del abuelo al nieto, que solo ve a un señor canoso del que no tiene noticias.

En 1985, un año después de dejar el fútbol, Rubén Suñé, capitán del Boca campeón Intercontinental intentó suicidarse arrojándose de un séptimo piso al vacío. Un toldo de un negocio le salvó la vida y quiso la casualidad que el padre de una compañera de trabajo, con un infarto, terminará en la cama contigua a su ídolo, ya que era hincha fanático de Boca. Cuando se estaban recuperando, el amigo le dijo: “Chapa (así le decían a Suñé) querido, como hiciste esto, si todo el pueblo boquense te adora. Sos un ídolo” y Suñé le contestó: “Cuando salga de acá, me tiro de nuevo”. Por suerte los sicólogos hicieron muy bien su trabajo y Suñé sigue vivo y trabajando en las divisiones juveniles de Boca.

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Ese caso, no es el único. En Argentina hubo cuatro suicidios (Luis Ibarra, Mirko Saric, Sergio Schulsmeister y Santiago García) entre futbolistas profesionales en los últimos 22 años y 2 de exjugadores (Alberto Vivalda y Julio César Toresani), pero en una encuesta realizada por el sitio web Argentina Dorada: 4 de cada 10 deportistas reconocieron haber atravesado síntomas de ansiedad. Dos de cada 10 sufrieron depresiones en algún tramo de sus carreras, 25 tuvieron pensamientos o inquietudes suicidas y de ellos 5 al menos hicieron un intento de quitarse la vida. Esto lo explica el gran periodista Daniel Guiñazú, en una nota en Página 12 de Argentina.

Diego Maradona
“Anda con el certificado de defunción en el bolsillo” le escuché decir a un cardiólogo hace como veinte años. Foto: Cortesía

Muchos dicen que Diego Armando Maradona se dejó morir porque ya no tenía objetivos en su vida y la estaba pasando mal por sus dolores en las rodillas, algo que no podrá ser probado nunca, pero Maradona es un caso atípico, ya que a los 60 años seguía teniendo la misma idolatría de la gente, de cuando jugaba.

Lo cierto es que el fútbol profesional es una fábrica de sueños, pero también una fábrica de frustraciones y que como dijo alguna vez Marcelo Bielsa: “Son más las derrotas que los triunfos, salir campeón es una excepción, no la regla general”.

Marcelo Bielsa
Bielsa que pertenece a una familia de la clase alta rosarina, con un padre y un abuelo que fueron jueces notables y dos hermanos políticos,  era “la oveja negra de su familia. Foto: Cortesía

Son fundamentales los sicólogos y siquiatras en los planteles profesionales, porque un futbolista tiene que tener su cuerpo impecable, pero también mucha fortaleza mental, porque en un plantel hay 35 jugadores de los que solo juegan 11; siete esperan en el banco de suplentes y los otros 20 se sienten desplazados o no tenidos en cuenta y además existe un “exitismo” que hace que una semana un jugador sea el mejor y a la semana un tronco que no puede jugar más, para un público que no razona, pero también para una parte del periodismo que hace su negocio de la discusión a los gritos, donde todo argumento es válido y siempre tiene que haber un culpable. Por eso no es fácil la vida de un jugador de fútbol.

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