FUTBOL SIN PELOTA | La ética y la geopolítica de la FIFA

Ciudad de México, 17 de noviembre (MaremotoM).- Los muchachos de FIFA y sobre todo del continente americano tenían muy cerraditos los negocios y aunque todos eran dirigentes amateurs, cobraban además de unos viáticos millonarios en blanco, unas lindas comisiones por favorecer negocios a privados en negro, pero la ambición mata al millonario y por eso se tiraron con los poderes verdaderos, es decir con los que manejan el Mundo a su antojo y así les fue.

El 2 de diciembre de 2010 en una reunión de Comité Ejecutivo decidieron darle el Campeonato Mundial 2018 a Rusia y el de 2022 a Qatar, cuando el primero era pretendido por Inglaterra y el segundo por los Estados Unidos. Recordemos esa votación porque fue el principio de todas sus desgracias: Votaron 22 miembros del Comité Ejecutivo y para elegir a Rusia hicieron falta dos vueltas para que consiguiera 13 votos y en la primera de las dos quedó descartado Inglaterra (y con la sangre en el ojo), tanto que el segundo fue una organización conjunta entre España y Portugal que sumó 7 votos. En el caso de Qatar, siempre tuvo 11 votos (de Asia y Sudamérica), pero como le faltaba uno para ganar hubo cuatro rondas, hasta que en la última logró 3 votos más y con 14, derrotó a Estados Unidos. Allí mismo empezaron las dudas y la prensa europea, principalmente la inglesa, hablaron de corrupción y de votos comprados.

En el caso de Qatar, los alemanes titularon que fue una “Qatástrofe” y que los dirigentes de FIFA le habían vendido el Mundial a los Jeques, en un país sin tradición futbolística y donde el clima hace imposible jugarlo en junio (la media es de 50 grados), tanto que se va a hacer en noviembre. Se comprobó de un dirigente de Nueva Zelandia que había vendido su voto y fue expulsado de FIFA, pero nada cambió.

En 2014 la justicia de Estados Unidos empezó a investigar, amparada que “parte del dinero de las coimas” se invertía en paraísos fiscales en su país (Aprueban que haya paraísos fiscales, pero investigan exclusivamente ese dinero) y se destapó una olla, que todos conocían pero miraban para el costado. La fiscal Loretta Lynch organizó una cacería espectacular en un hotel de Zurich, Suiza donde fueron apresados siete dirigentes y el CEO de la empresa argentina de televisión, Torneos, Alejandro Burzaco huyó a Italia y después de dos meses se entregó en Miami, donde todavía continúa con prisión domiciliaria. La corrupción y el lavado de dinero, correspondía al Mundial de Sudáfrica y la Copa América, más los mundiales de Rusia y Qatar y la Copa de Oro de la Concacaf y tuvo como principal informante al norteamericano Chuck Blazer, quien declaró como “arrepentido” y al presidente de la empresa de televisión Traffic, el brasileño José Hawilla. La venganza empezaba a cobrar forma y hasta fueron imputados el presidente de FIFA, Josep Blatter y el de la UEFA, Michel Platini, que tuvieron que renunciar a sus cargos.

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Allí apareció el suizo Gianni Infantino, que era gerente de la UEFA, es decir el encargado de los negocios que manejaba Platini y en nombre de “la transparencia” se quedó con el órgano máximo del fútbol y armó una Comisión de Ética, que lleva suspendidos de por vida a medio centenar de dirigentes, la mayoría octogenarios y que eran los dueños del fútbol.

¿Qué cambió? Poco y nada, Rusia organizó su Mundial en 2018 dejando con las ganas a Inglaterra y Qatar va a organizar el suyo en 2022, esos negocios estaban cerrados y no se podían tocar, porque en FIFA “los negocios son sagrados”. Se cambiaron los nombres y apareció una nueva generación más voraz con los negocios, tanto que van a duplicar la cantidad de selecciones que jueguen el Mundial para ampliar el negocio de televisión y organizarlo en dos países para que haya dos bocas de expendio de coimas.

La Copa América 2016 del centenario que le correspondía a Argentina, porque había organizado la primera festejando el centenario de su independencia, se jugó en Estados Unidos, es decir fuera de Sudamérica y ahora organizan una liga Mundial de clubes, donde le van a empobrecer a todas las ligas nacionales, para favorecer al negocio global de FIFA.

Seguramente si se equivocan geopolíticamente y le dan un Mundial, por ejemplo a China, muchos de estos nuevos dirigentes también terminarán presos.

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