Copa América

FUTBOL SIN PELOTA | Lo que pasa es que el VAR está borracho

Buenos Aires, 7 de julio (MaremotoM).- La Copa América es la demostración fehaciente de como la tecnología puede matar al futbol y terminar con la gallina de los huevos de oro deportiva. Goles anulados cuatro minutos después de haberse convalidado, con la gente en ascuas en el campo de juego sobre si lo va a dar o no, roces comunes del fútbol que se convierten en penales al pasarlos en cámara lenta y hasta la custodia del presidente de Brasil, Joao Bolsonaro interfiriendo las comunicaciones entre el árbitro del VAR y el del partido que no le permitieron conceder dos penales, justamente en contra de Brasil.

La Copa se define hoy con el partido entre Brasil y Perú, pero pudo tener otros protagonistas si la cosa marchaba normal como era antes de este invento funesto. De los cuatro partidos de cuartos de final tres terminaron cero a cero, porque hubo nueve goles anulados por la tecnología y algunos de dudosa resolución. Brasil terminó ganándole a Paraguay 4 a 3 en los penales, después que le anularan dos goles a los brasileños, que fueron amplios dominadores. Allí en la lotería de los penales se hizo justicia, lo mismo que en Chile – Colombia, donde los chilenos fueron ampliamente superiores, pero sufrieron la anulación de tres tantos, uno de ellos por una posición adelantada de menos de un centímetro, digamos una uña, pero quien más lo sufrió fue Uruguay, que quedó eliminado ante Perú en los penales, luego de que anularan cuatro goles, dos de ellos también por posiciones adelantadas donde la tecnología dijo lo que no pasó. Luis Suárez estaba en la misma línea que los defensores cuando conectó con su rodilla al gol, pero el árbitro argentino Patricio Loustau que estaba en el VAR dice haber visto la punta de la rodilla delante de los defensores y lo mismo pasó con otro tanto de Cavani.

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Hace tiempo que el fútbol le vendió el alma al negocio televisivo, pero eso de los off-sides milimétricos siempre fue un verso. No hay 100 cámaras televisando, una a un metro de otra, por lo que el ángulo de la televisación no es ciento por ciento preciso. Por eso, cuando la computadora dice medio centímetro adelantado es mentira, puede estar dos centímetros adelantado o dos centímetros atrás de los defensores. Pero algunos creen que es palabra santa y eso relaja a los jueces de línea, que su principal tarea es marcar si hay o no posición adelantada y al árbitro de campo que le puede echar la culpa a la tecnología y lavarse las manos.

En la semifinal de Brasil y Argentina en el Morumbí pasó algo insólito. La comunicación entre el árbitro del partido, el ecuatoriano Roddy Zambrano y el del VAR, el uruguayo Leodán González (que no está comprometido, ni casado ni nada), hubo dos jugadas de penal para Argentina. Una muy clara en un topetazo a Otamendi y otra para verla diez veces antes de decidir en un cruce entre Dany Alves y Agüero, pero el VAR no intervino porque cuando González le comunicaba “sus dudas o certezas” a Zambrano la comunicación no le llegaba a este porque interferían los handys de la seguridad del presidente Bolsonaro, que estaba en la cancha viendo el partido.

Más allá de este disparate, el VAR no puede frenar el partido cuatro minutos por jugada para decidir si el gol es válido o no, eso desespera a cualquier simpatizante pacífico y también a los relatores de fútbol que se cansaron de gritar goles que después no fueron. Lo único que falta es poner un panel de especialistas que decida en cada jugada y que el público vote por si el gol es válido o no. Eso puede ser un lindo programa de entretenimientos, pero fútbol no es.

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