Antonio Mohamed

FUTBOL SIN PELOTA | Mohamed, dolor y gloria

Buenos Aires, 31 de diciembre (MaremotoM).- El llanto de Antonio Mohamed, recordando la promesa que le hizo a su hijo Faryd, fallecido en 2006, recorrió el mundo, mucho más que la hazaña de haber logrado sacar campeón de liga mexicana a los Rayados de Monterrey, ganándole por penales al poderoso equipo de América.

Es que Mohamed, es de alguna manera, un técnico trágico y sus logros deportivos como entrenador están relacionados a muertes o recuerdos de muertes.

Como jugador fue la imagen de la alegría del fútbol, en sus comienzos en Huracán, como un delantero hábil y desenfadado, que fue fundamental en el ascenso del equipo de Parque de los Patricios a primera en 1990 y después jugó un año en Boca, donde se ponía bronceador para aprovechar el sol cuando no le llegaba la pelota y tomar color en su piel junto a su amigo y compañero Gabriel Amato, con el que también jugó en Independiente. De allí se fue a México y los argentinos lo tuvimos que seguir por televisión, con aquel equipo inolvidable del Toros Neza, con los jugadores con el cabello pintado de colores exóticos y la alegría en los festejos.

Allí empezó su exitosa carrera en México en 1993 que duró una década como jugador, con una gran actuación en los Rayados de Monterrey entre 1998 y 2000, que culminó en Zapatepec en 2003 para empezar otra carrera más exitosa, la de director técnico.

Pero según nos contó en una nota en 2007 había decidido pasar su vida en Monterrey y dirigir solo en México, pero en 2005 muere su padre en Argentina y vuelve para el velorio de su padre, allí lo convencen para que dirija a Huracán que estaba en segunda división de la Argentina. Le tocan el corazón y firma por un año, donde llega a dos finales, pero no logra el ascenso. Cuando decide volverse a México, dirige 6 meses al Chiapas y pasa una segunda desgracia, quizás la que marcó para siempre su vida y es la muerte de su hijo mayor Faryd de 9 años en un accidente cuando estaban disfrutando del Mundial de Alemania y vuelve a la Argentina, a recuperarse física y anímicamente. Estando en Argentina y recién recuperado de dos operaciones que sufrió en su pierna, producto del accidente automovilístico, lo vuelven a llamar de Huracán, que está en medio de un campeonato y sin técnico y promete ante la tumba de su hijo que lo va a ascender y lo logra en junio de 2007.

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Allí comienza una carrera de entrenador de dos patrias: Tiburones de Veracruz en 2007; Colón de Santa Fe en Argentina de 2008 a 2010; Independiente, donde logra la Copa Conmebol de 2010 a 2012, Tijuana 2012/2013, donde gana su primera liga mexicana, Huracán de nuevo en 2013; América en 2014, donde logra su segunda liga mexicana, en 2015 su primera etapa en Monterrey hasta 2018 ganando la Copa México de 2017, una experiencia europea en el Celta de Vigo (bastante fallida), vuelta a Huracán una vez más, donde no le va bien y renuncia decepcionado y el regreso con gloria a Monterrey para ganar esta liga mexicana y volver a llorar por su hijo, que nació en esta ciudad y al que le dedicó su tercer título mexicano, pero quizás el más querido.

Mohamed, que tiene otros tres hijos, dos varones y una mujer, va a vivir toda la vida con este dolor, pero ese dolor lo va a ser más fuerte para llegar a la gloria. Uno de los técnicos extranjeros más exitosos de México (quizás solo superado por el brasileño Tuca Ferreti) que dice haber aprendido de Enrique “Ojitos” Meza y que es un técnico, más futbolero que de laboratorio. Que sabe llegarle a los jugadores, porque les habla con el corazón. Ese es su secreto.

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