Cielo de medianoche

George Clooney y el silencio de un hombre desmoronado y gigante

Luego un gran silencio, unos planos que nos dejan demudados (con Martin Ruhe en la fotografía y Mark L. Smith en el guión), la música siempre a punto de Alexandre Desplat y en el medio George Clooney, con una interpretación propia de su prestigio.

Ciudad de México, 27 de diciembre (MaremotoM).- Cielo de medianoche, la última y pretenciosa producción de George Clooney, uno la ve de reojo, como pensando hacia dónde irá el filme en un contexto donde todo se parece a la vida actual. Un hombre solo, que come productos congelados, que no habla con nadie y que cuando sale se pone una máscara para poder soportar.

En el medio, algunos actores que van y vienen tratando de sobrevivir cuando el mundo se ha acabado, alguien que muere por un accidente en el espacio, los que van a la Tierra para encontrarse con su familia en el final de todo y esto que ha pasado como un sueño del que ya no se tiene memoria.

Unas imágenes que son maravillosas, una adaptación de una novela de Lily Brooks-Dalton (editada en español por Blackie Books) y una película de ciencia ficción que elude todo el compromiso del hombre como testimonio de esa tierra, de ese mundo que acaba por desaparecer.

El científico Augustine Lofthouse está solo en una estación de investigación en la Antártica, una de las pocas áreas que quedan en La Tierra, que se ha vuelto inhabitable. Mientras, en otro lado del Sistema Solar, una tripulación completa su misión de encontrar un nuevo planeta para la humanidad e inician un camino lleno de obstáculos para volver a casa.

Es 2049. Lofthouse sufre una enfermedad terminal, tiene algunas imaginaciones con su hija Iris (unos flashbacks de su vida que son aburridos y que por otro lado no alcanzan a explicar su circunstancia) y todo hace pensar que pronto morirá.

Hay errores humanos que hicieron todo inhabitable en la tierra. El científico dice que sólo uno puede vivir en las áreas subterráneas, pero también son temporales. Hay aquí una referencia directa a esos americanos que se han hecho una casa especial, que podrá sobrevivir a los males del planeta, cuando todo cunda y corramos de un lado a otro tratando de sobrevivir.

Cielo de medianoche
Felicity Jones, embarazada en la vida real y en la película. Foto: Netflix

“Al principio queríamos hablar de lo que el ser humano es capaz de hacer a otro ser humano y la propia humanidad, pero luego hablando con la gente de Netflix nos dimos cuenta de que la película realmente hablaba de todo el odio y la ira que hay en nuestra vida. Y no me refiero sólo a EEUU, sino a todo el mundo. Como eso siga así, si negamos la ciencia y el cambio climático y seguimos con esta ira, durante 30 años todo podría estallar”, dijo Clooney en una conferencia de prensa virtual.

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“Esa película con la pandemia se convirtió en una historia que realmente hablaba de nuestra desesperada necesidad de estar en casa con la gente que queremos, de tener un hogar, de estar cerca de ellos y también de lo difícil que es comunicarnos con el resto de personas. La idea era hablar de todos esos temas que, por desgracia nos son completamente actuales”, agregó.

Demián Bichir y Kyle Chandler, en cortos papeles. Foto: Netflix

Al otro lado del Sistema Solar está la nave Æther tratando de encontrar un sitio habitable para la humanidad. Está la actriz británica Felicity Jones (embarazada en la vida real y en la película), Kyle Chandler y Demián Bichir (los que deciden a volver a la tierra) y David Oyelowo, la pareja de Iris (Felicity), que son finalmente los que se salvarán, dando al filme un rayo de esperanza.

Está la luna K-23, descubierta por Augustine Lofthouse, que se presenta como ideal para reemplazar a la tierra y allí decide quedarse la pareja.

Luego un gran silencio, unos planos que nos dejan demudados (con Martin Ruhe en la fotografía y Mark L. Smith en el guión), la música siempre a punto de Alexandre Desplat y en el medio George Clooney, con una interpretación propia de su prestigio.

Cielo de medianoche
George Clooney, en una interpretación sublime. Foto: Netflix

La película, vista de reojo, nos deja una perturbación amarga. Es cierto que es pretenciosa, uno ve a los actores subiendo y bajando por esa escalera sin gravedad y no entiende bien lo que les pasa. Ve a la niña con el científico y tarde se da cuenta de que es imaginación de Augustin. Luego ve que Felicity Jones es su hija, aunque no lo sabe. Ve los errores (el cambio climático) y quisiera volver a empezar.

También es cierto que estas películas de ciencia ficción son algo más que un mundo fuera de este mundo. Hay algo que nos perturba en nuestro interior como pasaba con la primera Blade Runner, como nos pasaba con Solaris, con Stalker, de Andréi Tarkovski: esa última escena de George Clooney, abandonado a su suerte, es por todo lo que uno ha visto la película. Un hombre desmoronado, sin una casa que lo resguarde, muestra la insignificancia y por el otro lado el gigantismo de la humanidad. Algo es propio nuestro, algo inasible.

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