Georges Simenon

Georges Simenon, el inventor del inspector Maigret

Simenon fue un autor extremadamente prolífico: escribió más de ciento noventa y una novelas bajo su nombre y otras tantas bajo múltiples seudónimos. Su obra se divide entre las novelas policíacas y las que él denominaba “novelas duras”: “Las novelas policíacas tienen reglas. Esas reglas son como barandillas de escalera. O sea, que hay un muerto, uno o varios investigadores y un asesino y, por tanto, un enigma.  Mientras que las novelas “duras”, como las llamo yo, son simplemente novelas sin barandilla”, declaraba en esta entrevista de los “monográficos” de Apostrophes.

Ciudad de México, 5 de noviembre (MaremotoM).- Gabriel García Márquez dijo de él que era uno de los escritores más importantes del siglo pasado. André Gide pensaba que era “el novelista más grande y más auténtico”. Henry Miller, que era un autor excepcional. William Faulkner adoraba leerlo y Walter Benjamin confesó que leía cada novela que publicaba.

Estamos hablando de Christian Brulls, Monsieur Le Coq y Jean du Perry, o, lo que es lo mismo, de Georges Simenon (1903-1989), el escritor en lengua francesa más traducido del siglo XX.

Simenon fue un autor extremadamente prolífico: escribió más de ciento noventa y una novelas bajo su nombre y otras tantas bajo múltiples seudónimos. Su obra se divide entre las novelas policíacas y las que él denominaba “novelas duras”: “Las novelas policíacas tienen reglas. Esas reglas son como barandillas de escalera. O sea, que hay un muerto, uno o varios investigadores y un asesino y, por tanto, un enigma.  Mientras que las novelas “duras”, como las llamo yo, son simplemente novelas sin barandilla”, declaraba en esta entrevista de los “monográficos” de Apostrophes.

Más de setenta y dos de sus novelas están protagonizadas por el emblemático Jules Maigret, un comisario francés fumador de pipa que destaca por su empatía. El personaje ha sido llevado a la pantalla más de treinta veces: lo han interpretado actores como Jean Gabin y Rowan Atkinson, entre otros muchos, en películas dirigidas por realizadores de la talla de Jean Renoir.

Georges Simenon
Georges Simenon, un autor que vuelve a leerse. Foto: Cortesía

La editorial Acantilado lleva haciendo desde 2012 una necesaria e importantísima labor de recuperación de la obra del autor belga. Ahora sumamos esfuerzos para presentar tres nuevos títulos, que formarán parte de esta magna colección. Traducidos por Núria Petit (Tres habitaciones en Manhattan) y Caridad Martínez (Maigret duda y El fondo de la botella) y con diseño de cubierta del Estudio Duró e ilustraciones de Maria Picassó.

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En Maigret duda, el comisario Maigret recibe una carta anónima que advierte de que se está a punto de cometer un asesinato. La investigación lo lleva a la casa de Émile Parendon, un reputado abogado a través del cual el comisario penetra en la compleja red de la alta sociedad parisina, hecha de apariencias y mentiras.

El fondo de la botella, el primer roman dur de la etapa americana de Simenon, recrea una compleja trama familiar de resonancias bíblicas y freudianas. Un abogado que se ha ganado la confianza de la clase acomodada recibe la visita de su hermano, un prófugo irresponsable y con un extraño poder de persuasión.

En Tres habitaciones en Manhattan, el autor belga se adentra en la ciudad de Nueva York de la mano de dos personajes que se encuentran una noche en un bar. Él es un actor que roza la cincuentena y que intenta olvidar a su mujer. Ella, una mujer que acaba de perder la habitación y no tiene dónde pasar la noche. Dos vagabundos que se aferran, ajenos al espacio y al tiempo, a un amour fou.

De entre las adaptaciones que se han hecho de las novelas de Georges Simenon, destaca la realizada por el cineasta húngaro Béla Tarr en el año 2007, protagonizada por Miroslav Krobot y Tilda Swinton: A londoni férfi. La película se vio afectada por un sinfín de contratiempos, entre ellos el suicidio de uno de los productores a pocos días de empezar el rodaje, así como dificultades legales y de financiación. El film se estrenó en Cannes, pero no se llevó ningún premio: el distribuidor francés culpó de ello a un doblaje deficiente y a una proyección tardía.

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