Guillermo Martínez

Guillermo Martínez: “Trato de seguir una tradición argentina importante, que tiene que ver con el relato policial en clave literaria”

El autor viene a presentar Los crímenes de Alicia, una historia que transcurre en Oxford, con la relectura y las preguntas acerca de Lewis Carroll.

Ciudad de México, 4 de septiembre (MaremotoM).- Guillermo Martínez (1962) es un escritor argentino que ha vendido casi 200 mil ejemplares en Inglaterra con Crímenes imperceptibles.

En su país es muy conocido desde hace tiempo y su modo de narrar tiene la fuerza del lenguaje y esa atmósfera de Oxford, de Cambridge, donde los escritores han hecho cometer miles de crímenes.

La matemática, la filosofía, la historia de ambas, son motivaciones que llevan a Martínez a escribir, pero fundamentalmente sus deseos de narrar para atrapar al lector, como ese hecho real que narra en su última novela, Los crímenes de Alicia, donde “el hallazgo que hace la dramaturga Karoline Leach de un documento que contiene páginas arrancadas del diario de Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las maravillas, detona un enigma policíaco, en el que paradojas, acertijos y problemas filosóficos se enlazan a través de la lógica matemática en esta novela”.

Los crímenes de Alicia es ganadora del Premio Nadal 2019, ha sido editada por Destino (Planeta) y es una novela que parece un juego de cubos electrónicos, aunque siempre queda una pregunta sin responder y es por ese enigma donde se mete la literatura.

Aquí el género policial se queda como un pretexto para narrar una historia llena de intrigas, donde el lenguaje, la palabra descubierta a medias, lo no dicho, esas páginas del diario de Lewis Carroll que arrancaron sus sobrinas nietas, constituyen el llamado al lector que no parará hasta descubrir como el narrador, un argentino de nombre impronunciable, lo irá contando todo.

No es un narrador omnisciente, es un narrador que se va a ir enterando con el lector ese grado de turbación en que aparece la biografía de uno de los más célebres autores británicos, al tiempo de ser testigo de los crímenes que el afán de saber conlleva.

Martínez escribe sus novelas con gran precisión. La presenta hoy martes, en la Rosario Castellanos, con Benito Taibo como compañero y demostrará su condición de escritor que sabe de matemática y de filosofía, pero más sabe de cómo tenernos suspendidos hasta terminar su novela.

En 1982, Guillermo Martínez obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las Artes con el libro de cuentos Infierno grande. A su primera novela, Acerca de Roderer, traducida a varios idiomas, la siguieron La mujer del maestro y el ensayo Borges y la matemática. En 2003 publicó Crímenes imperceptibles, novela traducida a 40 idiomas y llevada al cine por Álex de la Iglesia, con el título Los crímenes de Oxford, el mismo con el que fue publicada en España en 2004 por Destino. En 2007 publicó La muerte lenta de Luciana B, elegida por El Cultural entre los diez libros de ese año. En 2011 publicó Yo también tuve una novia bisexual. En 2015 ganó el I Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez con Una felicidad repulsiva. Publicó también los libros de ensayos La fórmula de la inmortalidad, Gödel para todos (en colaboración con Gustavo Piñeiro) y La razón literaria.

–¿Volver a leer a Lewis Carroll?

–Claro, hay una relectura de la novela Alicia en el país de las maravillas, que yo también tuve que volver a leer.

–¿Hay una vertiente con la universidad y la novela?

–Sí, por supuesto. Para mí era muy importante mantener el mundo académico que ya había aparecido en Crímenes imperceptibles. Reaparece la misma dupla de protagonistas, aparece el narrador, los seminarios de lógica. Es una dimensión que me interesa y que hace a la verosimilitud del entorno en el que se mueven esos personajes. Es un entorno académico y entonces se puede hablar de asuntos tales como filosofía del lenguaje, la matemática.

–¿Los crímenes en Oxford?

–Sí, hay una serie llamada del Inspector Morse, quien resuelve los crímenes alrededor de la Universidad de Oxford y yo escribí una novela que vendió 170 mil ejemplares en Inglaterra hablando de lo mismo.

Los crímenes de Alicia
Los crímenes de Alicia. Editó Destino (Planeta)

–¿Cómo es la atmósfera?

–La atmósfera es como la que yo viví, de seminarios, de investigación, de conversaciones de filosofía y de matemáticas. Hay una parte importante en Oxford, una división importante que tiene que ver con el mundo un poco resguardado de los estudiantes y la ciudad misma. Cambridge por ejemplo es una ciudad académica, en cambio Oxford está por un lado la vida de todos los días y eso en mi novela aparece, como cuando el narrador va a jugar al tenis, conoce gente del hospital, que no pertenecen a la universidad. Siempre me interesó mostrar esos dos costados de Oxford.

–Un hospital que inventa

–Sí, un hospital que construyo, no tiene nada que ver con el real sino con el que aparece en un cuento de Dino Buzzati, que se llama “Siete pisos”. Tomé cosas de profesores también para construir personajes, como un docente de matemáticas que daba las clases descalzo. Es un ambiente muy distendido, hay algunos profesores que visitan de todas partes del mundo, se visten de manera diferentes, los matemáticos son muy descontracturados para vestirse. Siempre se dice que si un matemático se presenta de saco y corbata los demás sospechan de que sea bueno.

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–¿Qué diría del género policial?

–Me interesa el género policial sobre todo como evocación de las lecturas que me dieron muchas satisfacciones durante la adolescencia. De lo policial, para narrar, lo que me interesa es el grado de confrontación que hay con los lectores, en general el pacto de lectura típico es de seducción o bien de espantar al lector. En el género policial y sobre todo en el de intriga, hay un contrato de confrontación de inteligencias, es decir, el lector tiene que indagar por debajo de lo que le dice el autor. La otra cuestión de por qué me interesa el género policial es que me permite hablar de una manera amable de una cantidad de cuestiones que tiene que ver con el lenguaje, con la filosofía, con la matemática, lo que está más allá del sentido común y que se revela en muchas paradojas lógicas.

–¿Hay referencias a Umberto Eco en estas novelas?

–Umberto Eco es también un escritor que ha intentado de algún modo llevar la filosofía un terreno literario. En ese sentido, me siento afín con él. También en esta novela se discute una cantidad de temas que tienen que ver con filosofía del lenguaje y que tienen que ver con el mundo de Lewis Carroll, pues él era un lógico matemático y estaba muy atento a estas cuestiones. En el libro de Alicia aparecen estas cuestiones. Encontré un modo, un personaje que era ideal, para desarrollar estos temas.

Guillermo Martínez
“Estoy muy orgulloso de que mis libros hayan sido traducidos a muchos idiomas”, dice Guillermo Martínez. Foto: MaremotoM

–¿Conoció la Asociación Cultural Lewis Carroll?

–No, no la conocí. Solamente me comuniqué con ellos para conseguir los diarios que publicaron a lo largo de 12 años, pero no quise conocerlos personalmente para poder crear mi propia Hermandad.

–Toda la trama va a partir de las páginas que no están en los diarios de Lewis Carroll

–Sí. Eso me interesó y fue el detonador de la novela. Enterarme que las sobrinas nietas habían arrancado algunas páginas y luego por el sentimiento de culpa dejaron anotada una frase de cada una de las páginas arrancadas.

–¿Cómo se siente dentro de la literatura argentina?

–Me siento como un autor más, estoy muy orgulloso de que mis libros hayan sido traducidos a muchos idiomas, creo que trato de seguir una tradición argentina importante, que tiene que ver con el relato policial en clave literaria. Una tradición en la que está Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Juan Martini, Ricardo Piglia, Mempo Giardinelli. Me siento parte de esa tradición sin que lo policial ocupe toda mi obra. Ahora mismo escribo una novela sobre la escena literaria. Tengo otra novela sobre la recreación de un pacto fáustico. Otra sobre un romance de campus, escribo en diferentes registros y uno de ellos es el policial. Con el relato policial con lo que soy más conocido fuera de la Argentina.

–¿Qué escritores le gustan de México?

–Jorge Volpi, por supuesto, es un escritor que me parece muy afín, en una cantidad de búsquedas, tiene un costado científico, le interesa el mundo de ideas que hay alrededor de lo científico. Me gusta mucho también Ignacio Padilla, como cuentista.

–¿Qué piensa de la No Ficción?

–A mí me interesa más el mundo de la Ficción, pero a veces un detalle de la realidad es el detonante. La ficción puede hacer pie en algo documentado. No soy un gran lector de No Ficción, a veces puede dar una clave de sucesos que todos conocemos. Lo que me interesa en general es cómo cuando uno se aproxima suficientemente a un tema, lo conoce en profundidad, aparecen costados totalmente imprevistos. A medida que uno se acerca al objeto de estudio revela más y más complejidad. En vez de agotarse, aparecen como misterios y elementos que no terminan de encajar del todo en las primeras ideas que uno tenía. Eso me impresionó al estudiar la vida de Lewis Carroll para esta novela. A medida que uno va estudiando, hay elementos contradictorios entre sí. Uno parece que nunca llega al final, a responderse todas las preguntas. Eso es lo que más me llama la atención, pero eso es algo que ocurre también cuando uno estudia matemáticas, historia, es algo que tiene que ver la complejidad de lo real y ciertas limitaciones en las aproximaciones que uno tiene para conocer lo real.

–¿Ser un escritor en Argentina cómo es en estos momentos?

–Depende de la obra que uno tenga. Si hay un escritor que se inicia es un momento relativamente mejor que cuando yo empecé. Por lo pronto, hay muchas editoriales independientes, de algún modo hay posibilidades para intentar suerte. Por otro lado, aparecer con un primer libro no tiene tanto peso como podría tener muchos años atrás. A los escritores les cuesta mucho darse a conocer porque hay una horizontalidad que tiene que ver con las redes sociales, es difícil sobresalir.

–¿Qué rutina sigue usted?

–Escribo durante las mañanas, trato de 9 a 13, aunque sea media página por día, pero no siempre lo consigo. Escribí 12 libros, no son demasiados, pero estoy contento con los libros que hice hasta ahora.

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