Gustavo Cerati

Gustavo Cerati hoy cumpliría 63 años y nosotros aquí, extrañándolo

Atento hasta la exasperación, con una amabilidad de otros tiempos que le otorgaba un aire aristocrático, Gustavo Cerati conmovía por su sencillez y encantaba por su buen decir. Aunque él haya cantado aquello de “Yo quiero ser del jet set”, lo cierto es que como bien declaró a la RS de Argentina: “Nunca me gustó el champán”.

Ciudad de México, 11 de agosto (MaremotoM).- Músico precoz, todo un artista completo que lo mismo deslumbraba con una técnica guitarrística notable o encandilaba con una voz cargada de sensibilidad, apenas tenía nueve años cuando en su natal Buenos Aires comenzó a entendérsela con el instrumento que más tarde escucharía vibrar en manos célebres como las de Jimmy Page, el genio de Led Zeppelin o Ritchie Blackmore, el líder de Deep Purple, a la sazón sus ídolos de juventud.

Desde esa primera infancia musical hasta la realidad de músico consumado, que lo convirtiera en uno de los cantautores más respetados en Latinoamérica, Cerati había pasado por diferentes realidades artísticas y casi todas ellas exitosas, gracias a méritos que tenían que ver más con la constancia y el trabajo a destajo que con el azar.

Soda Stereo
La génesis de Soda se dio en 1979. Foto: Cortesía

Aunque no siempre la fortuna le había sonreído, sobre todo entre la crítica musical de su propio país y entre mucha afición que durante un tiempo considerable se dividía entre quienes lo amaban incondicionalmente y entre aquellos que le quitaban todo mérito llamándolo “el cheto (fresa) que hace música electrónica”.

El principio histórico de la rica historia profesional de este cantautor célebre y sutil tiene, como es vox populi, a los ochenta como escenario de desarrollo y a toda una estética de música ligera y raros peinados nuevos –como lo inmortalizara el gran Charly García la canción homónima- que dieron origen a Soda Stéreo que era, al decir del crítico argentino Carlos Polimeni, “un trío a lo Police que luego se entusiasmó con The Cure”.

La génesis de Soda se dio en 1979, apenas un año después del Mundial de Fútbol que ganara la Argentina en su propio suelo, generando una manifestación de júbilo popular que abonó el terreno para la caída sin retorno de la cruenta dictadura militar inaugurada en 1976 y que terminaría por ceder ante las presiones democráticas en 1983.

Chicos de clase media al fin y al cabo, fue en la cara y privada Universidad de El Salvador, donde se encontraron los dos estudiantes de Publicidad Gustavo Cerati y Héctor “Zeta” Bosio; en 1982 los dos melómanos y fanáticos de Elvis Costello, comenzaron a proyectar la formación de una banda en la que tocarían temas propios. En ese momento conocieron a Charly Alberti, el futuro baterista de Soda y se arma la movida que cambiaría para siempre la historia del rock en español. Pocos saben que entre las muchas formaciones que probó por entonces el hoy afamado trío, hubo una que incluyó durante un corto periodo la participación del hoy consagrado Andrés Calamaro.

El éxito de Soda Stereo fue sin dudas el triunfo de una manifestación artística juvenil que intentaba de todas las maneras posibles quitarse la herencia de la solemnidad trágica que dio temas y motivos al repertorio musical de los 70 (con compositores fundamentales como el citado García o el genial Luis Alberto Spinetta), fruto de una circunstancia social marcada por la represión y la muerte de casi toda una generación en Argentina a manos de la cruenta dictadura.

Como bien lo dice Polimeni en su libro Bailando sobre los escombros: “Ese rock argentino, que se desprendía lentamente del pasado, se sentía en primavera y se pensaba desde la imagen, si es posible televisiva, pero que tenía un pasado poderoso, fue el que desembarcó en México”.

“Soda Stereo transmitía una serie de imágenes de poder muy claras: chicos rubios, cultos y refinados, cantando en español sin inflexiones anglosajonas, apostando al futuro, ecualizados con las vanguardias británicas. En secreto, miles de músicos los envidiaron durante muchos años. Algunos transformaron esa envidia en imitación, otros la usaron como estímulo. Una porción la transformó en odio. A todos, puede afirmarse, su existencia les sirvió”.

Gustavo Cerati
Tan mexicano como argentino. Foto: Cortesía

De la historia de la banda, esos trece años cargados de éxitos, presentaciones en toda Latinoamérica, un consenso en México donde Soda Stereo es considerado prácticamente un grupo local, dieron cuenta miles y miles de notas en periódicos y revistas. De la separación “porque ya no nos soportamos y preferimos hacerlo ahora antes de que nos empecemos a cagar a trompadas” (Cerati dixit) en 1997, aunada a su reunión millonaria y multitudinaria una década después, se habló hasta el hartazgo en los medios de comunicación del continente.

Sin embargo, poco se ha analizado la carrera en solitario de Gustavo Cerati, un músico exquisito que, tras la disolución de su banda-madre, demostró con múltiples ejemplos, un crecimiento artístico impensable en el marco de su famosísimo trío.

Eso es lo que hoy se sabe: No solo Cerati fue el motor y el combustible de Soda Stereo (sin quitar presencia meritoria ni capacidades de instrumentistas a Alberti y Bosio, es poco lo que han hecho musicalmente hablando desde la disolución de Soda), sino que desde que abandonara el timón del exitoso trío, Gustavo fue más músico, más artista y está más –si cabe- comprometido con una pasión estético-musical que constituye, sin dudas, una moral consistente a la que no renunció con el correr de los años.

En su país, donde la pasión del rock se vive entre los jóvenes y no tan jóvenes casi con la misma intensidad que el futbol –las mismas virtudes y los idénticos vicios del fanatismo a ultranza-, Gustavo está sentado a la diestra de los padres del rock, ocupando un merecido lugar al lado de Luis Alberto Spinetta, Charly García, Litto Nebbia, Andrés Calamaro y Fito Páez.

Gustavo Cerati
Un disco maravilloso del recordado músico. Foto: Cortesía

Fueron su sólida presencia y su incansable labor al frente de un repertorio y de un sonido absolutamente identificable como propio lo que erigieron en ese pedestal. Por supuesto, a nadie le interesa –por ser tarea imposible, además- desdeñar su pasado “stéreo”, pero ya no caben dudas de que cuando Soda se separó, se integró finalmente la voz de un artista que pudo hacerse más grande que su pasado. Hoy, Cerati es más que Soda, se lo haya propuesto él o no.

¿Cómo lo hizo?

Atento hasta la exasperación, con una amabilidad de otros tiempos que le otorgaba un aire aristocrático, Gustavo Cerati conmovía por su sencillez y encantaba por su buen decir. Aunque él haya cantado aquello de “Yo quiero ser del jet set”, lo cierto es que como bien declaró a la RS de Argentina: “Nunca me gustó el champán”.

Cuenta una chica que supo ser jefa de publicidad en la Rolling Stone de Colombia que durante una convivencia con el músico, los directores de la revista no disimularon la incomodidad que les produjo la inesperada presencia de admiradores no invitados que se dieron cita en el encuentro. A todos y cada uno atendió Gustavo sin perder la calma y, lo que más sorprendió a los presentes, no fueron las cosas que el músico dijo, sino la capacidad de escuchar con una atención concentrada lo que le decían a él. “Escuchaba a todos como si le dijéramos cosas que él realmente quisiera saber, cosas importantes”, decía la muchacha.

El primer show que Gustavo Cerati vio en su vida fue en los 70. Tocaba Carlos Santana en el club San Lorenzo de Almagro en la época en que, según Gus, el guitarrista mexicano “estaba en su mejor momento. Fue inolvidable”. Y de todos los shows posibles, tiene para sí un sueño misterioso: “Soñé que me moría tocando en Japón…”, le confesó a la revista Rolling Stone Argentina.

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Él, que no salía al escenario si antes no se tomaba un tequila y no se daba un abrazo con cada uno de los músicos que lo acompañaban en el concierto y que dieron más de 1300 shows por el mundo, era un artista para el que los anfiteatros resultaban los sitios predilectos de actuación y que se reconocía como hijo viviente de David Bowie, pero también discípulo directo de Frank Sinatra.

Como fuere, el artista cuyo premio mayor era la cara de felicidad de la gente cuando terminaba de dar un buen concierto, completó más de una década como solista en la que logró sortear la mirada adusta con que los críticos y, sobre todo, los aficionados a Soda Stereo se dedicaron a observarlo con mucha prisa y sin nada de pausa. “Hay gente a la que le caigo bien y hay gente a la que le caigo para el orto y no hay nada que pueda hacer al respecto”, declaró al periodista Hernán Ferreirós en una célebre entrevista otorgada al periódico Página 12.

TOCANDO SOLO

El primer disco fue Amor amarillo en 1993 cuando las relaciones entre los integrantes de Soda Stereo eran notoriamente ríspidas. No fue de ninguna manera el inicio de su carrera como solista, pero la versión memorable de la canción de Spinetta “Bajan” representó toda una declaración de principios para una estética profunda y poética a la que se volcaría de lleno cuando se disolviera el trío.

En 1999 llegó Bocanada, una mezcla de pop, rock y música electrónica que es considerada hoy la mejor entrega del Cerati solista. Fue disco de oro y, al finalizar el año, Gustavo obtuvo el reconocimiento de la mayoría de los medios especializados de Argentina, que manifestaron su opinión en los resultados de las encuestas que repasaron la producción musical de ese año, consagrándolo en distintos rubros tales como “Mejor Disco” y “Mejor Solista” del año; así como también premiaron su trayectoria eligiéndolo “Artista de la Década” junto a Charly García.

Siempre es hoy, en 2002, muestra influencias que se mezclaron con el pop, el hip hop y el rock en un disco con edición simultánea en Argentina, Estados Unidos, México y Chile.

En 2006, su cuarto disco en solitario, Ahí vamos, fue disco de platino con 40 mil unidades vendidas antes de salir a la calle, los samplers dejaron su lugar a las guitarras, las derivas sonoras a las canciones directas y la experimentación a la contundencia pop.

De todas las cosas que se dicen de su música y de su persona, no hay nada que molestaba más a Cerati que aquello de que es “un fresa”. Sin embargo, nada le importaba menos que las críticas o las reseñas de sus distintos materiales, tal como lo expresó en una entrevista a Página 12: “El primer fan al que trato de complacer es a mí mismo. Y yo imagino que la gente va a vibrar de la misma manera que yo. Siempre fue así. Me doy cuenta de que si la guitarra está más potente a cierto tipo de público parece gustarle más. Pero también está el otro que dice: “A mí me gustaba más el Cerati electrónico”. Si mi naturaleza no me permite hacer algo o estoy forzado a hacerlo lo voy a pasar mal. A mí me cuesta mucho lo que hago. No me sale fácilmente. A veces las canciones salen una tras otras y a veces hay momentos de blanco total. No vivo todo el tiempo creando, hay momentos en los que siento que me chupa un huevo todo y que quiero vivir otras experiencias”, declaró.

Jamás obligado a hablar de cosas importantes o trascendentes, sin por ello compelido a una banalidad sin sentido, Cerati cultivaba un ars poetica muy alejada de lo cotidiano. “Las bandas que me parecen insoportables son las que no hacen más que hablar literalmente de lo que les pasa alrededor como si fueran un noticiero. ¿Qué tipo de imaginación hay ahí, qué tipo de creatividad? Nada”, ha expresado en una ocasión.

Aunque su vida transcurría entre giras por todo el mundo, Gustavo Cerati odiaba los aviones y se consideraba un auténtico sobreviviente de los excesos químicos y alcohólicos que mataron a muchos de sus colegas y congéneres: “A lo largo de los años he jugado con el abuso y con la constricción en varias oportunidades. Sucede que algunos hemos tenido mejores niveles de alarma.”, dijo en una entrevista. Había dejado de fumar sus dos paquetes de cigarrillos diarios a causa de una tromboflebitis y permanecer un par de días en terapia y ya no toma cocaína, un combustible habitual en su etapa de Soda Stereo. Consumía comida naturista y dos por tres tenía ganas de abandonarlo todo para dedicarse a pintar óleos.

COMO COLGANDO DE UN HILO

“Es tan triste, me siento colgando de un hilo, es una situación que me supera un poco. Tengo mucho afecto por Gustavo, lo siento un par, un queridísimo compañero; teníamos muchas ilusiones de hacer una gira y colaborar juntos. Es muy triste saber que un camarada tan querido está en una situación que ni siquiera mi conciencia puede elaborar”, dijo el músico argentino Andrés Calamaro, cuando se cumplió un año del infarto cerebral que en Caracas, donde cumplía una gira latinoamericana, dejó en coma a Gustavo Cerati, líder de Soda Stereo.

Tenía apenas 50 años y un historial de enfermedades que ya lo había puesto al borde de la muerte, como la tromboflebitis que padeció en 2006, a raíz de la cual estuvo sin caminar durante mucho tiempo.

“No sé de qué misterio se trata, Bukowski vivió hasta los 82 años…lo que creo es que no hay leyes, uno tiene una vida, una forma de vivirla y los años no están ligados a los excesos solamente.”, dice su compatriota y amigo Fito Páez, tratando de explicarse lo inexplicable.

“Lo de Gustavo es inexplicable. Está como dormido, pero fenómeno, su estado de salud general es bueno. No lo entiendo, pero confío”, dijo el mítico Charly García.

“Sé que Gustavo sigue en el mismo estado, es una pena enorme la que sentimos todos. Es muy doloroso lo que estamos pasando. Pero desgraciadamente no hay novedad positiva, está estable, es una cuestión de fe y esperamos que con el tiempo un día tengamos la bella noticia”, declaró Charly Alberti, el baterista de Soda.

“Médicamente, no hay nada que indique que está mejorando, pero tampoco que vaya peor”, agregó.

Lo cierto es que el 4 de septiembre de 2021 El músico argentino Gustavo Cerati, una de las figuras más reconocidas del rock en español, falleció en Buenos Aires a los 55 años tras permanecer cuatro años y medio en coma debido a un accidente cerebrovascular.

“Comunicamos que hoy en horas de la mañana falleció el paciente Gustavo Cerati como consecuencia de un paro respiratorio”, aseguró en un comunicado publicado en la página oficial en Facebook de Cerati el Dr. Gustavo Barbalace, director Médico de la Clínica ALCLA, donde se encontraba hospitalizado.

“Les agradecemos el respeto y la consideración con que siempre acompañan a nuestra familia”, dijo su familia en Facebook.

Y eso fue todo. Queda su música.

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