Ha muerto Agnès Varda, alguien que hablaba por nosotros mismos

Su hijo, Mathiew Demy, le hizo un homenaje en Instagram. La cara de su madre en un cuadro naranja y al lado la palabra “Amor”. La cineasta ha fallecido a los 90 años, el jueves a la noche. Todavía hacía muchas cosas por el cine y por su expresión.

Ciudad de México, 30 de marzo (MaremotoM).- El personaje que hace Sandrine Bonaire en Sin techo ni ley siempre nos parecerá cercano a nosotros. Como un indicio de libertad extrema que todos los seres humanos experimentamos alguna vez, la vida de Mona Bergeron, que muere “sin techo ni ley”.

Una película desolada y sombría, que sigue a la protagonista hasta la muerte y que mucho se parece a Trainspotting, la de Irvine Welsh y Danny Boyle, aunque todo el transcurrir de Ewan McGregor agrega algo de esperanza.
Agnès Varda, probablemente menos esperanzada, más ácida y sin concesiones, se puso detrás de una cámara de cine para contarnos ese drama de vivir conforme con la sociedad o de enfrentarnos a ella, aunque eso nos cueste la vida.

Ha muerto el jueves a los 90 años, pero a lo largo de su dilatada trayectoria, no sólo hizo películas fascinantes, sino que también mantuvo una luminosa carrera en las artes visuales, con magnas exposiciones donde la instalación construye una poética humana, demasiado humana y evocadora.

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Esta pionera feminista, esta mujer que supo ser la única en el movimiento de la Nouvelle Vague, con el pelo cortado como melena, que parecía ser la abuela o la tía de todos nosotros, hizo películas como Cléo de 5 a 7, Los cosechadores y yo y Las playas de Agnès —magníficos ejemplos de su estilo documental—, hasta títulos prácticamente desconocidos para el público general como Documentira y Mur Muros.

“Mi actividad constante crea cada vez más vínculos entre mi trabajo y aquellos que lo aprecian y encuentro la energía en el placer que provoco y en la suerte de tener, a mi edad, todavía algo de fuerza e inspiración”, había dicho Varda en 2014, cuando filmaba y asistía a festivales, con 86 años de vida.

“La cronista visual de una Francia que desaparecía, con los hombres y mujeres de su generación, sembrando las tierras vírgenes de las nuevas culturas visuales de quienes son ya sus herederos”, dijo el crítico Juan Pedro Quiñonero para el periódico ABC.

Uno de sus hijos, Mathieu Demy le hizo un homenaje en Instagram: la cara de su madre sobre un cuadro naranja y la palabra “Amor”

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