Better call Saul

Ha sido un viaje ver Better Call Saul

No sé por qué desconfié tanto tiempo de Better Call Saul, si ya sabía que en su manufactura estaban, como en la de Breaking Bad, Vince Gilligan y Peter Gould. Yo mismo pude habérmelo dicho desde hace siete años: Ey, todo está bien, hombre.

Ciudad de México, 16 de septiembre (MaremotoM).- He estado viendo, en las últimas semanas, Better Call Saul. Hoy vi los últimos tres episodios. Siete años atrás, cuando se estrenó la primera temporada, no se me antojó nada verla. Tenía muy fresco aún el efecto de Breaking Bad y asumí que la serie de Saul Goodman sería sobre lo que el abogado fosforescente haría después de terminar, por la fuerza, su relación con Walter White, con Jesse Pinkman.

En ese entonces no quería ver nada de ese mundo si no iban a aparecer ya Walter White y Jesse Pinkman. Por eso hace menos años sí vi y con mucho gusto, El camino, la película que da cuenta de lo que pasó con Jesse, luego de que al final de Breaking Bad lo vimos conduciendo a toda velocidad, escapando, llorando, odiando, todo. A lo largo de los últimos siete años, más de una vez me topé con Better Call Saul. Netflix me la recomendaba constantemente, seguro cada vez que salía una nueva temporada. Y fueron seis. También me salieron al paso el título y la recomendación en algunas conversaciones con amigos. «¿No estás viendo Better Call Saul?» «No.» «Está buena.» «¿Oh, sí?» «Sí.» Pero igual seguía sin interesarme del todo. O quizás no, pues siempre me cuidé de los spoilers. Finalmente hace poco, cuando me enteré de que se estarían estrenando los episodios de la última temporada, sin grandes expectativas, incluso casi resignado, abrí Netflix y le di clic a la ventana del primer episodio.

Ha sido un viaje.

Iba a anotar aquí un montón de cosas sobre Better Call Saul, pero creo que esas cosas, en la medida que revelarían detalles de la trama, carecen de interés lo mismo para quienes ya vieron la serie como para quienes no la han visto: a aquéllos no les hacen falta y a éstos bien pueden sobrarles.

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Entonces, permítanme dejar aquí, un tanto encriptadas, las observaciones que más me estorban en el pecho. 1. Me he enamorado del personaje que en Better Call Saul en cierto modo reproduce –en sentido estricto: anticipa– la relación entre Mike y Jesse Pinkman. Me he enamorado de su carácter y, claro, de su hermoso físico.

2. No pensé que uno se pudiera encariñar todavía más con el ex oficial Ehrmantraut. No pensé que uno pudiera seguir queriéndolo a pesar de su espantosa corrupción.

3. Tampoco pensé que fuera posible encontrar un asomo de sensibilidad, de humanidad, en el señor Fring. Supongo que Max era Maximiliano.

Better call Saul
Yo mismo pude habérmelo dicho desde hace siete años: «Ey, todo está bien, hombre». Foto: Cortesía

4. Charles McGill tiene que ser uno de los personajes más fascinantes jamás imaginados y la relación con su hermano, una caverna: tan oscura y antigua como la relación entre Caín y Abel, salvo que acá los dos son Caín y los dos son Abel.

5. Creo que la serie se tambalea con la ausencia de Chuck. Mientras él está, Better Call Saul es una joya.

6. La suerte de Howard también es una caverna, pero artificial, una hecha por las manos de los hombres y no por los siglos.

7. Odié con todo mi corazón al otro sobrino de don Héctor. Maldito Dalton: hasta parece que ser odioso le es natural.

8. Kim.

9. La aparición de Saul tenía que cocinarse despacio: lo he comprendido. Un personaje así, que al principio parecía una parodia, algo demasiado televisivo, resulta no serlo.

10. No sé por qué desconfié tanto tiempo de Better Call Saul, si ya sabía que en su manufactura estaban, como en la de Breaking Bad, Vince Gilligan y Peter Gould. Yo mismo pude habérmelo dicho desde hace siete años: Ey, todo está bien, hombre.

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