Mujeres en Guanajuato

¿Hay algún otro feminismo que no sea radical?

El feminismo, la política, cualquier forma que intentemos cambiar, tiene que ser radical. Tiene que ser con violencia, con salirse del sofá y de Netflix a la calle y gritar hasta donde no nos quepa el cielo ¿por qué? ¿Cuándo va a terminar esto?

Ciudad de México, 19 de agosto (MaremotoM).- “Y justo por esa concepción de lo femenino es que hemos vivido reprimidas, atadas, infelices, inconformes, deprimidas. Hay que romperlo todo, incluído ese término rancio y obsoleto de cómo debe comportarse una damita”. La leyenda en twitter de Daniela Barragán, periodista de SinEmbargo, me hace pensar. Estoy este fin de semana viviendo una tormenta de tuis y post en Facebook, tratando de poner la posición frente a los hechos vividos en México.

No sé si fueron todas las mujeres a marchar, pero fueron muchas y sólo por eso deberían merecer el respeto. No miro nunca televisión, pero era imposible no mirar ese video donde un muchacho con gorra, claramente un infiltrado, le pega a uno de los periodistas que fueron a cubrir la marcha.

A veces creo que las redes sociales son el mal banal. El otro día me decía Óscar de la Borbolla que las redes sociales destacaban la banalidad. Inmediatamente le pregunté si en toda esa banalidad no podía estar el mal. Para mí, creo que sí.

No pienso como Óscar que en las redes se esconden los violadores –sí, claro-, pero tuitear algo por sobre el dolor de la gente, crea un mal. Cada vez pienso más en eso.

Hace poco me presentaron a una persona que defiende el tema de las mujeres en alguna entidad estatal. Habló maravillas de Marta Lamas. Cuando vimos que esta persona “identificada con el feminismo” había defendido la rectificación de Claudia Sheinbaum, estaba yo con unos amigos y nos largamos a reír. No es nadie a quien escuchemos sobre el tema del feminismo.

El feminismo, la política, cualquier forma que intentemos cambiar, tiene que ser radical. Tiene que ser con violencia, con salirse del sofá y de Netflix a la calle y gritar hasta donde no nos quepa el cielo ¿por qué? ¿Cuándo va a terminar esto?

Cualquiera de nosotros, las mujeres, sabemos exactamente todos los efectos del patriarcado. Incluso aquellas que dicen: a mí nunca me hicieron nada, yo fui bien tratada por mis hombres, a mí me persigue una mujer no un hombre y etcétera. Cuando empiezas a hurgar en muchas de sus declaraciones, encuentras que no es tan fácil ni tan “dorado” ser mujer. De todas maneras, las chicas protestaban el otro día por la muerte y por la violación, no sólo porque te frotan en el metro o te tocan de espaldas y cuando vas a ver quién lo hizo no encuentras a nadie (me río porque cuando vino mi hermano hace unos años se volvía loco por esos toques de los hombres sobre su hermana y quería ir a trompear a todos. Yo estaba acostumbrada y a mí no me molestaba, ¡eso es el patriarcado!). Pero es la muerte que pasa sobre todas las mujeres en México. No importa su condición social (aunque las chicas de clases bajas son más vulnerables), sino esas cifras que dicen que en México asesinan a diario a 9 mujeres (cifras de la ONU) y, por supuesto, esos crímenes además quedan impunes.

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Son dobles muertes: la que hacen a las mujeres y la impunidad que las condena al olvido, a la “banalidad del mal”.

El otro día vi el documental Hasta los dientes, de Alberto Arnaut y una de las cosas más terribles que tiene la película es mostrar precisamente los familiares de los dos muertos injustamente en el TEC de Monterrey. La madre de uno de ellos habla todo el tiempo con él, le pregunta cosas, le dice cómo está. Su marido la escucha, pero él no puede hablar con su hijo fallecido. Llora frente a la cámara, solo en el medio de su jardín y algo que no tienes tú, que no tiene nadie, le alcanzarías para vencer su sufrimiento. No podremos. Si pensáramos en forma empática a toda la gente que haces sufrir cuando matas o desapareces a alguien, alguna estadística se movería.

Pero no es eso en lo que piensan los políticos.

Claudia Sheinbaum lo primero que dijo fue “en el caso de los ataques a los comunicadores y otras personas no habrá impunidad, por lo que ya la procuraduría capitalina abrió distintas carpetas de investigación”.

Mientras ella decía esto, el cadáver de Judith Abigail Jiménez Pulido era encontrado en un paraje a la vista de todos, tirada en el camino que lleva a Santa Cruz Alpuyeca. Había sido secuestrada, violada y asesinada.

Mujer indígena de 73 años, que vivía del campo, es golpeada y violada por un vecino; murió después.

Así muchos de los titulares que ocupan un día y al otro es reemplazado por otro. Una tras otra, jóvenes, viejas, pobres, ricas, la mujer es una esclava del patriarcado y paga con la vida por ello.

Por eso, cuando le echaron diamantina rosa a Jesús Orta, titular de la @SSP_CDMX, una mujer puso en twitter: “Wey, te echaron diamantina morada en tu trajecito, no te violaron colectivamente cuatro policías, eso sí debería emputarte, no mames”.

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