Lucía Lijtmaer

HAY FESTIVAL | Y me olvidé de preguntarle por Marc Giró, entrevista a Lucia Lijtmaer

La entrevista fue muy buena y la autora, súper simpática e inteligente. Lo que no me había dado cuenta de que ella es una de las conductoras de Deforme Semanal, un programa que he visto sobre todo cuando aparece Marc Giró y que supo distraerme con mucho humor e ironía los días nefastos del confinamiento.

Ciudad de México, 7 de septiembre (MaremotoM).- El Festival Hay tiene tantas cosas que es como la Feria del Libro en Guadalajara. Uno agarra lo que puede, lo digo en tono argentino, porque esos días anduve llorando por todos los rincones debido al atentado a la vicepresidenta, Cristina Fernández.

Lo cierto es que estaba muy entusiasmada por entrevistar a Lucía Lijtmaer, pues me encantó su novela Cauterio (Anagrama). Un texto que leí primero por el título (¿Qué es cauterio? ¿Por qué se le ocurre poner ese título a un libro?) y luego por el tema, es una historia a dos voces que narra, para decirlo en pocas palabras, el Apocalipsis.

La entrevista fue muy buena y la autora, súper simpática e inteligente. Lo que no me había dado cuenta de que ella es una de las conductoras de Deforme Semanal, un programa que he visto sobre todo cuando aparece Marc Giró y que supo distraerme con mucho humor e ironía los días nefastos del confinamiento.

Es un programa muy bueno, que va mucho más allá del coronavirus y no le pregunté por esa aventura de largar un proyecto por YouTube y por Spotify. Y por cierto, no le pregunté por Marc Giró, un personaje admirado no sólo por mí, sino por Rosa Esther Juárez y Gloria Reverte (precisamente, fue por ella que lo descubrí), ese comediante genial, que habla muy rápido y que por lo tanto nos obliga a pensar con la misma velocidad.

Pero bueno, más allá de mis distracciones, lo cierto es que vamos a hablar de Cauterio, una novela que nos lleva a la literatura en sí. Una novela escrita por una mujer que de pronto parece ser la heredera de Margaret Atwood.

Es el verano de 2014. Una mujer joven que acaba de ser abandonada por su pareja huye de Barcelona a Madrid con un secreto y la convicción de que el Apocalipsis se acerca. Cuatro siglos antes, otra mujer, Deborah Moody –quien pasó a la historia como “la mujer más peligrosa del mundo”–, se ve obligada a emigrar a las colonias de América del Norte cargando a su vez con otro secreto, muy distinto. ¿Qué tienen en común estas dos mujeres? ¿Por qué han decidido alejarse de aquello que conocen y empezar de nuevo?

Lucía Lijtmaer
Editó Anagrama. Foto: Cortesía

Sus voces desgranan dos historias cruzadas sobre violencia e hipocresía, brujas y curanderas. Sobre Salem como posibilidad de un mundo nuevo en el que algo pueda fructificar, lejos de quien juzga y condena. Sobre Barcelona como un espacio hackeado, desalmado y roto por la gentrificación, al borde del colapso, en el que el enamoramiento es una enfermedad y nada puede salvarse. ¿O sí?

“Quería contar las cosas desde la experiencia sensorial. El cuerpo está muy presente, cómo habitan su cuerpo las dos mujeres, cómo viven. Para eso necesitaba contar que dos mujeres tan alejadas de su propio tiempo tienen más cosas en común de lo que parece. Cómo te rearmas después de algo doloroso y está construida a partir de esa pregunta y también a partir del aislamiento, cuando tienes que dejar todo tu hábitat social. Pasan por un proceso de cauterización”, afirma en entrevista en el Hay Festival.

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Este libro es una carta de amor a Barcelona, aunque el amor es complejo, dice Lucía, a quien le gusta mucho transitar la ciudad y habitarla.

Lucía Lijtmaer
Lucía Lijtmaer, nacida en Buenos Aires, criada en Barcelona y residente en Madrid. Foto: Cortesía

“Me resulta una ciudad muy viva en palabras. Lo que decías de la migración que no es lo mismo hacerlo de joven que de vieja (una teoría de Horacio Castellanos Moya) es que fue eso lo que me interesó de Deborah Moody, una mujer que salió de su hábitat a los 56 años. Para el siglo XVII la mediana edad era de 35 años. Una mujer que tenía que demostrar que era físicamente muy resistente para sobrevivir todo lo que sobrevive”, advierte.

“Las ficciones, el cine, la literatura, la televisión, tienen que ocuparse de distintas edades. Hay pocas cosas que me interesan de lo que le pasa a la gente de 20 años, yo quiero hacer historias sobre gente que cumple edades y que siguen pensando y siguen haciendo”, agrega.

¿Qué pasa con la tierra en Cauterio? “Yo sitúo a Deborah Moody en la tierra desde el inicio. Además, en vertical, para que ella se planteara preguntas. Nota que la tierra tiene sal y es consciente de que no se ha salvado. Que se había portado bien, pero no había ido al Cielo. Me interesa mucho las mujeres zombies en lo literario, como en La novia ladrona, de Margaret Atwood, me gustaba mucho trabajar con una voz espectral”, dice.

Lucía Lijtmaer
Junto al querido Mac Giro. Foto: Cortesía

“Deborah Moody es una mujer muy afincada en lo territorial, ella necesita ganar dinero y quise crear un personaje que a través de la acumulación de tierras y de propiedades encontrara su tranquilidad. Necesitaba que ese personaje tuviera ese impulso vital para sobrevivir. En cambio, la mujer de Barcelona tiene unas fantasías apocalípticas. Cuando empecé a escribir este libro el mensaje ecologista no estaba tan presente, no al menos en este verano con las tormentas, la temperatura, los huracanes. Eso me resultaba muy útil para ese personaje, una fantasía apocalíptica en la ciudad donde vive, que está cerca del mar, se ve abocada a la aniquilación, daba pistas de cómo estaba ella y de su vocación de querer destruirlo toda”, afirma.

Lucía Lijtmaer (Buenos Aires, 1977) creció en Barcelona. Es escritora y crítica cultural. Colabora habitualmente en El País, El Periódico y RAC1. Es autora de, entre otros libros, Casi nada que ponerte, Yo también soy una chica lista y Ofendiditos. Sobre la criminalización de la protesta. Codirige junto a Isa Calderón el late night y podcast cultural Deforme Semanal.

Dice estar muy lejos del mercado, pues para ella la “literatura sirve para la conexión más íntima. Es lo contrario a la impostura”.

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