Sealtiel Alatriste

“Hay un asunto peligroso con las redes sociales y es que han destruido el concepto de intimidad”: Sealtiel Alatriste

Acaba de sacar Cicatrices de la memoria (Alfaguara), una novela en la que se confiesa y hace un ejercicio literario para estar en paz. Un texto emocionante.

Ciudad de México, 21 de julio (MaremotoM).- Un libro como un confesionario. Un libro para comenzar de nuevo. Un libro para estar en paz. Así ha escrito Sealtiel Alatriste (1949) la novela Cicatrices de la memoria (de la que hemos adelantado en este periódico un capítulo), echando mano de la segunda persona. Cuando encontró su voz se largó a escribir y aunque no sabe si esta es una gran novela, tiene la honestidad de un hombre que de un día para el otro lo perdió todo.

Sergi Soler, el protagonista de esta novela, está en su mejor momento: es un reconocido editor y promotor cultural, ocupa un importante cargo en la Universidad Nacional, se ha enamorado de una mujer con quien vive un apasionado romance, su fama y prestigio son cada vez mayores y, con un par de libros que recién publicó, gana un importante premio literario. Pero entonces su vida cambia radicalmente: alguien revive una vieja acusación de plagio a la que nunca prestó atención, el mundo de la cultura lo lincha en las redes sociales y lo obliga a renunciar a su puesto en la universidad y a su premio literario. Al poco tiempo, tal turbulencia también afecta a su nuevo amor. Su mundo es arrasado; tal parece que no quedará piedra sobre piedra…, es la sinopsis.

–¿Cuántos libros hay como confesionarios? Cuando el escritor hace un estandarte de su vida…

–No lo sé, porque hay una buena cantidad de libros de estos que se llaman de autoficción, pero no sé si todos correspondería al término confesional. Me parece que la biografía de Karl Ove Knausgård, son cinco tomos pero en muchas partes hay una confesión. El segundo tomo cuando habla de sus hijos, cuando hace una fiesta con los niños, el conflicto que le causa el mundo infantil, me parece muy conmovedor.

–Empieza y termina en esta novela tu confesión

–Sí, así es. Lo que cuenta la novela fue una situación muy dramática. Prefiero contarla a partir de Sergi Soler. Le pasan tantas cosas que se le destruye todo, en muy pocos meses. De hecho se queda sin nada, pierde su trabajo, su matrimonio, su prestigio literario, su padre. Eso es un parón en la vida. Si te ha pasado todo esto es por algo y ese algo es analizarlo. Creer en el destino es algo complicado. No digo que exista o no exista, es un término complejo. ¿Qué pasó? es lo único que te queda preguntar.

–Las redes sociales son azarosas y victimarias

–Las redes sociales son un asunto muy complejo. Tu revista se puede acercar a mucha gente. Los chats me han permitido recuperar a algunos amigos, pero al mismo tiempo son un territorio de linchamiento. Tienes que responder, después se suma otro, hasta llegar a mi caso que eran 60 mil en un día. Era una verdadera turba.

–Es lo mismo que le pasó a Nicolás Alvarado. Tiene que ver con estar en las redes sociales…

–No sabemos cómo manejarlas y me parece que hay un asunto peligroso con las redes sociales y es que han destruido el concepto de intimidad. Ya no tienes vida íntima. Tú y yo estamos platicando aquí, es una charla que será pública, pero mientras no sea pública es íntima entre tú y yo. Si alguien lo convierte en público, entonces esa imagen, ese texto muy vago, sugiere un montón de cosas y se perdió la intimidad. Lo curioso es que hay una enorme cantidad de gente interesada en no tener intimidad. Nos estamos acercando al precipicio con una voluntad suicida. Hay crímenes físicos y crímenes virtuales, cuando tú perdiste totalmente el control de ti y la gente va a juzgarte por lo que dicen de ti.

Cicatrices de la memoria
Una novela honesta, contada en segunda persona. Foto: Alfaguara

–Pierdes a tu padre y lo cuentas en la novela

–El mundo íntimo, que no es público, lo que esta familia vivió con su padre que decidió morir de esa manera. Yo no estaba de acuerdo con esa muerte. Al final se da cuenta de que en ese asunto hay una cierta sabiduría espiritual, que atiende a una lógica más importante que los remedios y los médicos. Una de las cosas que es más profunda para el personaje es evaluar a ese hecho frente a la vida pública.

–¿Cómo seremos cuando seamos viejos?

–Le pregunté a mi padre una vez si nunca había pensando que alguna vez iba a ser viejo. Me contestó que no. Me impresionó mucho. Y me pregunté si pensaré en la vejez en esos términos. Pero ¿pienso así? ¿Cómo voy a pensar yo en como le pasó a mi padre perder la vista, el oído, la movilidad? No podía leer ni dibujar. ¿Se puede pensar en eso? No se puede pensar.

Sealtiel Alatriste
Le pregunté a mi padre una vez si nunca había pensando que alguna vez iba a ser viejo. Me contestó que no. Foto: MaremotoM

–¿Pensaste en algún momento que tenías que dejar de escribir?

–He pensado que tenía que dejar de publicar. Escribiré todo el tiempo. Más me preocupa no poder leer que no poder escribir. Si pudiera leer de corrido En busca del tiempo perdido, sería uno de los hombres más felices. Pasarme seis meses y enfrascarme en el mundo de Proust.

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–¿Por qué sumarte a ese parón, porqué renunciar a tu trabajo, al premio?

–No fue voluntario. Creo que hay dos cosas importantes. Una que no supe defenderme. El asunto me tomó tan desprevenido, no tuve la inteligencia para seguir. Por otro lado, el mundo externo se te viene encima. Hay una combinación que es lo que trato de mostrar en la novela. Es cierto que lo atacan, el personaje es infiel a su esposa y en la medida que es infiel es responsable de la traición. Pero también es cierto que alguien lo siguió, le tomó fotografías de esa infidelidad y que esas imágenes se las enviaron a su esposa. Una cosa es enterarse y otra cosa es tener ante ti la prueba del delito. Frente a eso se ve obligado a tomar una serie de decisiones que lo superan.

Sealtiel Alatriste
Me sentí mucho mejor contando la vida de otro, aunque fuera mi misma vida. Y ahí vino el narrador en segunda persona. Foto: MaremotoM

–¿Por qué no hiciste una autobiografía?

–Me planteé hacer una autobiografía, algo en primera persona. Escribí mucho así, pero no cuajaba en una narración interesante, que pudiera ser leída. Un día casualmente se me ocurrió que todo se podía narrar desde la muerte de mi padre. Desde ese momento sin tiempo que es la muerte. Me sentí mucho mejor contando la vida de otro, aunque fuera mi misma vida. Y ahí vino el narrador en segunda persona.

–Ese narrador en segunda persona regaña un poco al protagonista…

–Eso es lo que me gustó de ese narrador. Podía comprender a Sergi y podía decirle amorosamente fíjate bien qué pasó, ser amigo de él, muy cercano y tener una conciencia no moral, sino preguntándole dónde está tu vida. Cuando escribí, fueron tres novelas. Las otras dos están escritas, no sé si las publicaré. La segunda novela es una narración en primera persona, de la infancia y de la juventud. La tercera es una narración más objetiva de cosas que no están en esta novela.

–¿Necesitabas una novela así para pararte frente a tus lectores como el escritor que eres?

–Muchos amigos se me acercaron y me dijeron es que tenía que volver con una gran novela. No digo que esta sea una gran novela. Yo terminé otra novela antes de esta, me acordé de una vieja anécdota que me había ocurrido en Barcelona, pero cuando se la iba a llevar al editor, me dije: ¿Esta es la novela con la que debo volver? Yo tenía una versión de los hechos y debía decir algo. Me siento contento de estar diciéndole a los lectores que esta es mi novela.

–¿Vuelves totalmente libre a la literatura?

–Sí. Esta es la novela que hice con mayor libertad, tengo una vida profesional con la que estoy muy contento, tengo una vida familiar, una vida sentimental con muchos amigos, me siento en un lugar totalmente opuesto a cuando publiqué la novela anterior, Ensayo sobre la ilusión.

Sealtiel Alatriste
Me siento contento de estar diciéndole a los lectores que esta es mi novela. Foto: MaremotoM

–¿Cómo está el libro actualmente?

–Cuando llegué a Alfaguara llegué junto con Juan Cruz. Él en España y yo en América, nos planteamos que ese sello estaba moribundo. No tenía fuerza, producción ni buenos autores. Teníamos eso sí un gran catálogo. Nos propusimos una intención que era publicar libros que considerábamos buenos y hacérselos llegar a los lectores que ese libro tenía. No desechar uno por el otro, eso nos funcionó muy buen. Eso le dio un impulso muy grande a Alfaguara. La editorial supo enfrentar las crisis económicas tanto en España como en México.

–Hay editoriales independientes que hacen unos libros maravillosos…

–El mundo editorial es curioso. Cuando yo era joven, la mesa de novedades de Sanborn’s no tenía nada que ver con el de Gandhi. Había libros en farmacia. Las primeras novelas policiales que leí las compré en farmacia. Eso se destruyó por el aumento de los lectores. Cuando pugnamos porque hubiera más lectores de libros, esos lectores empezaron a modificar el mercado del libro. Ahora lo que rige es el mercado del lector. Las editoriales responden al mercado de la lectura. Lo que sucede con las editoriales pequeñas es que sí existe un mercado de la escritura y se ubican en ese lugar. El libro electrónico está siendo una tarea importante que consiste en recuperar los catálogos. Tú busca El coloso de Marusi, de Henry Miller, en una librería y no lo encontrarás, pero si lo busca electrónico seguro lo hallarás tanto en inglés como traducido.

–¿Qué piensas de la cultura hoy?

–Creo que habría que plantearse la cultura hoy desde otro lado. A mí la ópera me gusta mucho, a mi hermana mucho más, me gustaría que la ópera siguiera, pero no creo que sea importante para la cultura. Lo que sería importante es que no hubiera analfabetos, ni digitales, ni funcionales, ni analfabetos totales. El 50 % de la población mexicana tiene un tipo de analfabetismo. La cultura debería habilitar a todas estas personas. La educación debería mejorar la cultura.

–¿Cómo es tu día?

–Leo mucho. Ahora leo El Coloso de Marusi, de Henry Miller. También leo por mi profesión, para estar informado. Me levanto, medito y a leer el Zohar, luego leo y luego me voy a trabajar. Dirijo un programa de televisión de la universidad, en Televisa, que se llama Creadores Universitarios.

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