Pablo Míguez

Hay un monumento en Buenos Aires que no conozco

Algo todavía me puede: ese descubrir un crimen de los militares de esa época que no conocía, que me vuelve a encender las tripas y hacerme vomitar con un espasmo que parece que no va a salir. Que voy a estar todo el tiempo horrorizada.

Ciudad de México, 24 de marzo (MaremotoM).- Caminábamos con Melina que cantaba “Policía Federal, la vergüenza nacional”, con su voz a medias, tan chiquita que era y tan militante. Eran los días terribles que duraron 7 años, como un infierno que obviamente ya no podremos repetir.

Claro, acabo de escuchar al actor Gerardo Romano decir que no queremos más la dictadura, pero que no entendemos que ahora son los periódicos y las new fakes para volver a traernos el liberalismo feroz, como ese que acabamos de pasar hace 4 años.

Tanto así que hoy Clarín ni La Nación se hacen cargo del día: no existe para ellos el Proceso de Reorganización Nacional, que comenzó hace 45 años, con Rafael Videla (el asesino) al frente.

Algo todavía me puede: ese descubrir un crimen de los militares de esa época que no conocía, que me vuelve a encender las tripas y hacerme vomitar con un espasmo que parece que no va a salir. Que voy a estar todo el tiempo horrorizada.

Hay un monumento en Buenos Aires que no conozco. Es un niño adolescente que camina sobre el Río de la Plata y que está ahí, solo, como estuvo solo los 14 años que vivió, que se llamaba Pablo Míguez. Es de la escultora Claudia Fontes (1964), que si hoy viviera Pablo tendría la edad del artista. “Pero no es un monumento a él, sino a la reconstrucción de su retrato: es un anti-monumento”, dice Claudia.

Ella quiso ejemplificar la pieza que fue concebida específicamente para el lugar de su emplazamiento: el Río de la Plata, donde fueron arrojadas muchas de las víctimas del terrorismo de Estado. Yo, de todas maneras, pienso en ese chico que lo llevaron con su madre Irma y la pareja de ella, Jorge. Los dos eran activistas del ERP y fueron llevados al Vesubio, un centro de detención clandestina en La Matanza.

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No se sabe por qué llevaron también a Pablo. Al principio lo habían dejado en la casa y al rato lo vinieron a buscar. Anduvo de acá para allá, viendo torturados, asesinados, mujeres violadas, ser testigo de la tortura y violación de su madre, del esposo de su madre.

Cayo un día en la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada). Cuenta Lila Pastoriza, que estuvo detenida en la ESMA y que se acuerda de él, que se enojó mucho cuando él le dijo que lo habían torturado. Él, alivianó la noticia y dijo: No me dolió tanto.

Fue testigo de la tortura de su madre, porque ella no quería firmar la cesión de su casa a los militares.

“Era imposible pensar que mataran a ese chico. Pablito era flaco y esmirriado, al principio me parecía una chica y se pegó a mí. La mayoría de los guardias lo dejaba moverse y le ponían una capucha blanca que usaba como vincha”, dijo la periodista Lila Pastoriza.

“Un día vi cómo se lo llevaba uno de los Pedros (guardias militares) de la mano a Pablo y nunca más se supo de él”, reveló la testigo.

¿Dónde están los hijos?

¿Dónde los padres?

¿Dónde las pertenencias?

¿Dónde los autos?

¿Los bebés de los padres?

¿Dónde dejaron a los cadáveres?

A 45 años de aquella ignominia política en Argentina, seguimos pidiendo respuestas.

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