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HERMANA REPÚBLICA | Épica de la soledad

Mucho se habla sobre los riesgos que enfrentan los sistemas hospitalario y económico, pero poco se ha dicho sobre la salud mental. Si algo nos enseñará esta cuarentena, será la manera en la que resolvamos nuestras ansiedades y cómo enfrentar decididos a la incertidumbre. ¡Serenidad y paciencia, mi pequeño Solin!, diría Kalimán.

Mérida, Yucatán, 29 de marzo de 2020 (MaremotoM).- Todos los días son domingo. Este es el domingo más largo de nuestras vidas, aquí y ahora, en casi el mundo entero. Si los días tienen personalidad, el domingo se ha vuelto dueño absoluto del calendario. Es un domingo extenso, perezoso y contradictorio, que se repite diario. El universo microscópico emergió hecho magma para darnos una lección con la potencia de un virus coronado, sin pasaporte, transfronterizo. Implacable nos trajo a un aislamiento social que trastoca el orden del tiempo. La instrucción es clara: Quédate en casa. Estamos, así, a ritmo de domingo pero con toda la carga del resto de la semana, soportando un peso inédito.

Aparecen, entonces, palabras ensambladas con ladrillo y cemento. Se instalan a media sala, tienen peso específico, se han vuelto materia, son visibles. Una en especial aplasta: La incertidumbre. ¿Cuánto tiempo habremos de vivir con nosotros mismos? ¿Cómo sobreviviremos a la diaria convivencia en la intimidad del hogar, a solas en este encierro con nuestras compañías de viaje, llámense esposa, esposo, pareja, hijos, mascotas, quimeras o amigos imaginarios? ¿Seremos contagiados? ¿Saldremos airosos de esta pandemia? ¿Resistiremos el desplome de la economía? ¿Qué haremos durante este período para mantener la salud mental? ¿Cuándo regresaran los fraternales abrazos, los apretones de manos, los ‘te quiero’ enlazados pecho a pecho?

Esta crisis mundial nos agarró con un ecosistema mediático y de tecnologías de la comunicación evolucionados, articulado en redes sociales y plataformas ya cimentadas, con miles de millones de usuarios y billones de interacciones. Ahora con el encierro, de cara un domingo perenne, lo cierto es que contamos con una gran capacidad de mantener las relaciones humanas, esa es nuestra enorme fortaleza. Podemos organizarnos en comunidades sin límites de territorios. La sana distancia sólo es física, porque, en realidad, permanece avasalladora la convivencia virtual. Enfrentamos, sin duda, un profundo cambio global de los órdenes económico, político, social y cultural. ¡Vaya: alcanzamos el futuro!

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Ya lo decía Mario Benedetti en ‘La Tregua’: “Si alguna vez me suicido, será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso”. Es cabrona la incertidumbre. Demanda de todos la unidad para vencerla, que nos amemos a la distancia y estemos ahí, comunicados, para quien lo requiera. Hoy las palabras están cargadas de materia, son la tabla de salvación que mantendrá a flote nuestra humanidad porque somos seres de narrativas: disfrutamos contarnos historias. Contemos de una buena vez la épica de la soledad que nos tocó en este momento histórico.

Vienen a mi mente otras palabras, poderosas, líquidas. Son ideas que me gusta hacer circular en la sangre, tenerlas como armas de resistencia. La primera: Adaptación, gran concepto evolutivo, en el que yace la clave para preservarnos con sanidad mental; luego aparece la flexibilidad, gran método para evadir conflictos y discusiones innecesarias con nuestras personas durante la cuarentena; finalmente, en el concepto de innovación encontramos el reto. Adaptarnos a la circunstancia, ser flexibles en el hogar y hacer lo que antes no hacíamos o aceptar las pequeñas diferencias crecidas en aislamiento, a partir de ello innovemos en la forma de relacionarnos con armonía y, claro, compartir entre todos el aprendizaje de convivencia, que para eso sirven las redes sociales. Nos vamos a necesitar, de eso estoy seguro.

Este domingo cualquiera, en este domingo eterno, extraño el santificado lunes. Sin embargo, también reconozco la belleza de la situación, que en palabras de Silvio Rodríguez va así: “Domingo, es como si no me quedaran penas, como si fuera siempre primavera, como si la sed humana no supiese de fronteras”.

Ya con esta me despido: Mucho se habla sobre los riesgos que enfrentan los sistemas hospitalario y económico, pero poco se ha dicho sobre la salud mental. Si algo nos enseñará esta cuarentena, será la manera en la que resolvamos nuestras ansiedades y cómo enfrentar decididos a la incertidumbre. ¡Serenidad y paciencia, mi pequeño Solin!, diría Kalimán.

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