Los vinilos

HERMANA REPÚBLICA | La experiencia del vinilo

Mérida, Yucatán, 5 de febrero de 2020 (MaremotoM).- Vienen de una época lejana. Abandonaron sus tumbas: resucitados radiantes. Avanzan sus sonidos con aroma a cigarrillo encerrado en la habitación. Reviven para una generación esa melancolía pura de adolescente, cuando era tiempo de perder el tiempo. Son música hecha Historia, narran historias. Regresan de una era en la que cada pieza era parte de una ensamble mayor. Los parieron en forma de conceptos. Los discos de vinilo, por ambos lados, poseen una magia que impone gozo al escucharlos. Están de vuelta, con todo su significado.

Acaso la nostalgia por los acetatos, que no fetichismo, encierra una experiencia olvidada, algo primitiva, como sentarse entrono a una fogata o alrededor de un tornamesa con su buen jaibol de bacachá. Así, la mano invisible del mercado mueve, mece y eleva este auge, este deseo de poseer la música de 33 revoluciones. Tan solo en 2018, se registraron ventas de vinilos por 419 millones de dólares en Estados Unidos, las más altas desde 1988, según la Recording Industry Association of America (RIAA, por su siglas en gabacho).

Hace 35 años, justamente, hacerse de un disco era vivir la música en esplendor, compartir y departir con la tropa. Álbumes como Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band, de The Beatles (1967); Tommy, de The Who (1969); The rise and fall of Ziggy Stardust and the spiders from Mars, de David Bowie (1972); The Wall, de Pink Floyd (1979); o más recientemente, editado directo a CD, American Idiot, de Green Day (2004), significan en sí mismos una serie de discursos que hablan de su contexto histórico, y que obligan a tocarlos completos, en el orden que fueron concebidos, en honor a ser nombrados Long Plays (ElePés, por sus siglas en mexicano). La idea es ésa: comprar todas las rolas. Aunque hubo sus rebeldes que hacían rústicas playlists en casetes vírgenes.

Boomers y Generación X estuvimos allí. Quizá por eso hay una comprensión vital, una añoranza por ciertos ritos ahora perdidos, o que empiezan a recuperarse. Primero, había que acudir a uno de esos templos en honor a Santa Cecilia, patrona de los músicos, para hacerse del preciado objeto. Acudir a la tienda significaba revisar y revisar portadas que, por sí solas, eran creaciones artísticas. Para muestra The Velvet Underground & Nico, diseñada por Andy Warhol, para la banda homónima (1967); Aladdin Sane, de David Bowie (1973); Unknown pleasures, de Joy Division (1979); Kookoo, con un bodiepaint de H.R. Giger para la cantante Debbie Harry (1981); True Blue, de Madonna (1986). En eso consistía el deleite inicial. Los discos, entonces, tenían un placer visual indecible.

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Los tocadiscos, por otra parte, resultaban aparatos delicados, con agujas de punta de diamante muy preciadas, y algunos con mecanismos poco precisos que, en un descuido, rayaban el disco y entonces sí: olvídate de volver a ponerlo, ruina total. Por eso, muchos optaban por reproducir el vinilo de pe a pa, lo que obligaba a chutarse canciones que tal vez no agradaban del todo, sin embargo, la experiencia de poner el disco entero obligaba cierto grado de atención y dispersión, según la rola. Se necesitaba un mood especial para cada álbum, y eso significaba un profundo ejercicio de introspección e, incluso, de autocontrol para no ir a mover la aguja del tocadiscos.

Están de vuelta, decía, de la mano del mercado con una demanda que aumenta y aumenta. Duros como son los datos de la RIAA, se nota que en 1978 los acetatos alcanzaron ventas por 9.3 billones de dólares; luego, empezó la debacle. Con la introducción del CD, las ventas de ElePés perdieron terreno; y en el año 2000, cuando la industria musical alcanzó su mayor histórico de ventas, los vinilos apenas vendieron 46.8 millones de dólares. El casete tuvo muy mala estrella, pues prácticamente resultó inservible en el año 2008, con ventas de apenas un millón de dólares. Sin embargo, a partir de 2012 los discos empezaron a recobrar su reinado, con ingresos para la industria por 175 millones de dólares, y con ventas en crescendo año con año. Claro, ahora enfrentan la competencia de las plataformas de música en streaming, que representan el 47 por ciento de todos los ingresos con 4.7 billones de dólares en ingresos durante 2018.

Ya con esta me despido: En lo personal, me apasiona un álbum en especial que fue creado para escucharse en la intimidad, y es Lotofire, de Ely Guerra. Tal vez cuando lo editen en ElePe me decida a comprarlo. Búsquenme en Twitter como @alexpulidocayon

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