Iraida Noriega

Improvisar es un salto al vacío, la posibilidad de ser de otra manera: Iraida Noriega

La cantante y compositora presenta Inmensa Manada, un EP de música ambiental que contiene improvisaciones realizadas con La Groovy Band. Un viaje sonoro que invita a la introspección y que sorprende por su cohesión y creatividad espontánea.

Ciudad de México, 1 de abril (MaremotoM).- Su espíritu lúdico, libre y experimentador ha guiado su música y es visible en todos los proyectos donde colabora. Cantante y compositora reconocida en la escena del jazz nacional, Iraida Noriega es más bien una artista prolífica y polisonora que ha explorado los alcances de su voz en los territorios de la improvisación que también existen en otros géneros.

Ha creado música donde fusiona jazz con folk (Caracolito, 2012), cantado boleros con Big Band (Así era entonces, Ahora, 2013), musicalizado poesía con una orquesta de cámara, (Luminosa, con Abraham Barrera, 2019) y hecho música para la infancia (Cancioncitas con Leika Mochán, 2018).

Su capacidad para transitar en sonoridades no muy definidas, queda más que demostrada en trabajos como As one (2016), un disco de improvisaciones junto al pianista neoyorkino Ken Bichel y en Infinito I y II (2013), el proyecto de música experimental del guitarrista Alex Otaola donde cantó como una rockera endemoniada y también como si fuera parte de un coro celestial, e inventó ruidos, melodías y frases en el momento.

En marzo pasado, acaba de colocar en todas las plataformas digitales su producción reciente: Inmensa Manada, un EP con siete pistas que grabó con su Groovy Band y que pretendía salir en 2017 junto con el disco Para luego es tarde.

Iraida cuenta en entrevista, que estaba grabando el segundo material de esta banda de soul, jazz y funk donde participan músicos como Aarón Cruz, Chuck Rodríguez, Jorge Servín, Juan Jo López y Carlos Sustaita y entonces les propuso hacer improvisaciones colectivas al finalizar las sesiones, las cuales se guardaron y luego tomaron más forma con el trabajo sonoro de Manuel Mora y David Sosa, además de las colaboraciones de Diego Maroto (saxofón, ewie), Leika Mochán (voz), Israel Tlaxcaltecatl (trompeta) y el rapero V Balam.

El resultado es una producción de música ambiental con tintes electrónicos, pocas letras y presencia vocal, algo que suena muy distinto a lo que hacen normalmente en La Groovy. Un viaje sonoro que invita a la introspección, cerrar los ojos, detener la prisa y dejarse caer, quizá también a ser parte de ese “salto al vacío”, que es como Iraida describe la improvisación.

En esta charla habla de lo que siente al improvisar y cómo intenta generar ambientes propicios cuando trabaja con otros músicos, sobre la vida en la pandemia y el momento creativo que atraviesa. Cada que habla de cómo la música puede asombrarte cuando estás receptivo, se emociona y se suelta a compartir sus procesos espontáneamente, tal cual ella.

“La improvisación con músicos que tienen trabajada esa parte puede ser muy sorprendente. La idea era sacar un disco doble: las rolas y las improvisaciones. Iba a ser como el alter ego del otro proyecto, porque mi sensación, es que cada uno en el mundo de la impro, abandona la forma en que hace las cosas y descubre una nueva manera de sonar”, comenta.

En el texto de presentación también se lee: “Me sorprendió lo distinto que sonamos cada uno de nosotros, probablemente es eso lo que más me entusiasma de la creación espontánea, la posibilidad de ser de otra manera”.

Iraida Noriega
Inmensa Manada. Foto: Cortesía

Debido al sismo de 2017 donde se cancelaron varios conciertos, sólo pudo salir el disco Para luego es tarde, pero se quedó en pausa lo que hoy es Inmensa Manada, distribuido digitalmente por Fonarte Latino, pero producido de manera independiente, como ha sido la carrera de esta artista.

Dice que le agarró mucho cariño, por ello, a pesar del sismo y luego la pandemia de coronavirus, decidió impulsarlo y acompañar cada tema con un video donde participan artistas visuales como Azeneth Farah, Pío Cineamano, Rodrigo Moctezuma, Moisés Ramírez, Jazzamoart y Tete Sánchez. Cada mes saldrá uno, además de una animación realizada por ella, una nueva afición que la tiene muy entretenida.

–Cuéntame del proceso colectivo, cómo se logra un buen resultado, no hay ensayos…

–En este caso, alguien disparaba una idea, todos paramos oído y nos montamos. Sí hay cosas que técnicamente tienes que saber, pero luego es fluir con eso. Cuando sucede esto, es una parte inexplicable de la música, porque uno se puede sentar y decir estamos en tal tono, tal métrica, pero lo mágico después de esa parte que tiene que ver con la preparación de cada uno, es el desarrollo composicional y cómo encontramos un lugar en ese lienzo y armamos algo espontáneo sin previo acuerdo. Eso para mí es un verdadero tesoro, la parte que nunca te vas a poder explicar de la música, cómo es que todos coincidimos y le vamos dando forma a algo que de alguna manera obedece a un discurso sobre la creatividad que hemos escuchado mucho, en la literatura, pintura, música… que es, esta cosa que baja, la inspiración que no entiendes de dónde llega, y es muy bonito cuando lo puedes compartir colectivamente. Es algo hermoso cuando sucede, porque a veces sale algo caótico, hay experiencias muy gratas y otras no tanto.

Iraida Noriega
Para mí siempre ha sido importante hacer música con gente cercana. Foto: Cortesía

–¿Hay algo que ayude a generar un ambiente que detone esta música?

–Para mí siempre ha sido importante hacer música con gente cercana, que nos queramos, pero sí, siempre trato que las grabaciones sean como ceremonias. Cuando vamos al estudio, antes cocino, compro vino, no para emborracharnos, los de la Groovy son muy tranquis (risas). Por ejemplo, en el estudio donde grabamos habían destruido el jardín porque iban a construir algo que ya no se hizo. No llevé flores y velas esta vez, pero reconstruimos el jardín. Trato de que no sea como una chamba, como checar tarjeta, porque las ceremonias y rituales son eso, espacios especiales donde dispones otra sensibilidad. Todo cuenta. Hacer estas cosas de afecto, de cariño y poblar el jardincito, son como actos psicomágicos que tienen mucho peso a la hora de embarcarnos en una navegación al inconsciente, porque también eso es improvisar. Si nos vamos a echar un salto al vacío, pues que sea en un ambiente de comunión.

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–¿Esta actitud de experimentar, esta espontaneidad muy presente en lo que haces, siempre fue así o hubo batallas que librar?

–Mira, cuando llegué a estudiar a la escuela de Nueva York (The City College), para mí hubo dos cosas muy impactantes que me cambiaron: la maestra, una chava, bueno una mujer que tiene 90 años y sigue tocando, una leyenda del jazz tradicional… imagínate que llegabas a su clase y le decía al pianista: “Blues en Si bemol… tres, cuatro” y empezaba a cantar su vida: “Hola… mi nombre es Sheila Jordan nací…” ¡Woow! que alguien te pudiera conversar sobre ese vuelo fue como ¡cámara, ahí hay algo hermoso!, otro de mis compañeros en la escuela y que hace poquito me reencontré con él después de 30 años, Theo Bleckmann, él tenía algo especial en cómo se trepaba a la improvisación. No sé cómo explicarlo pero fue algo que vi muy plagado de verdad, no es algo ensayado, es un salto al vacío que se llena de una sinceridad muy especial. Después regresé a México y todo ha sido ejercitarlo una y otra vez y perderle el miedo.

Le comento que la improvisación no se enseña y que para algunos puede ser muy difícil, pero Iraida reafirma que todos tenemos esa capacidad y que lo demás es oficio y atrevernos, es más, “todos en nuestra vida, no sólo en la música, improvisamos todo el tiempo”, y nos metemos al tema de la pandemia.

–Desde que llegamos al planeta no sabemos cómo va estar la onda. Es más, este último año todas nuestras estructuras han sido removidas. Cada quien responde emocionalmente de manera diferente al “no tengo la menor idea qué va a pasar”, te serenas o dices todo va estar mal. Hay días en que siento que pase lo que pase todo va estar bien, y hay otros en que digo: “no manches no se me va a ocurrir nada, no estamos conectando”. Al final del día es: mañana es otro día, la vida sigue y vuelves a intentarlo. Este último año de improvisación existencial ha sido más drástico para todos y aun así el cuadro mental es el mismo, no cambia nada, filosóficamente es lo mismo: quién sabe qué va a pasar, este el momento, esto es lo que tengo para dar. La vida una y otra vez me ha dicho que cuando me relajo y estoy con apertura, receptiva, las cosas fluyen.

–Encuentro el disco muy apropiado para este momento, esa música espiritual que necesitamos

–Sí, yo también así lo percibo, la primera se llama Chamánica, le puse los nombres después, de acuerdo a lo que me generaban. Con chamánico quiero decir que te transformen, consuelen, te den serenidad o despierten una energía para hacer algo, que sea una experiencia transformadora. Este momento ha sido también para que los creadores revaloremos lo que hacemos, porque en esta pandemia la música, los libros, las películas nos han acompañado, nos han hecho valorar lo que hacemos y lo que hacen nuestros compañeros.

–Los dos letras del disco me parecen como textos de consuelo, de esperanza…

–¡Qué bonito lo que dices! Me sorprende mucho lo que puede surgir, es maravilloso, por ejemplo la letra de I Will No Longer Call Out Your Name salió en el momento, otra textura en la voz y dices: “Te cae que eso estaba guardado ahí”. La del rap (Libertad en las palabras) de V Balam… a él lo conocí en uno de mis talleres. Le dije: “mira manito aquí esta música que hicimos y hay espacio para alguien que rapea”, y él se tiro como muy desde la libertad.

Este trabajo sólo saldrá en formato digital. Iradia Noriega se exalta un poco con el tema de la futura muerte del disco físico y explica que está en un proceso de aceptación y de hacer las paces con ello. La imagen de lo que sería la portada, –un venado detrás de un atrapasueños– la diseñó ella misma y es parte de lo que quiere expresar con el título Inmensa Manada.   ­­

“La razón de darle ese nombre es por la comunidad que somos, por la forma en que nos sumamos al proyecto de alguien. Aquí todo el tiempo están saliendo discos, sucede porque hay una necesidad de crear y porque ahí está la comunidad lista para colaborar, porque comprendemos que hay que impulsar los desplantes creativos del otro. Yo quería honrar eso, no sólo por nuestra banda, también por lo que pasa con los demás, sobre todo en México”.

No puedo evitarlo y cuestiono qué sigue, “es una pregunta que me estoy haciendo”, responde tranquila y luego cuenta que trabaja en unas canciones donde toca con un ukulele eléctrico que diseñó, también planea hacer cápsulas donde relatará lo que sucedía alrededor de cada uno de los 21 discos que ha grabado.

“Estoy en un punto en el cual si saco algo y lo ven dos personas, está bien. Está bien recuperar las ganas de hacer las cosas sin expectativas, porque las expectativas están cabronas. Mi mente está en ese lugar. Uno tiene que recuperar el cariño y el enamoramiento por lo que uno hace. Está bonito que uno ponga las cosas allá afuera y que el río lo lleve a donde lo tenga que llevar”.

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