Jarvis Cocker

JARVIS COCKER | ¡Pop bueno, pop malo llega a Sexto Piso!

¡Pop bueno, pop malo llega a Sexto Piso! Tras arrasar en Inglaterra, el libro de Jarvis Cocker finalmente estará llegando a México, de la mano de tu editorial favorita. Un libro imperdible para quienes amamos la música.

Ciudad de México, 25 de agosto (MaremotoM).- Después de muchos años de posponer la tarea, Jarvis Cocker se decide finalmente a revisar los objetos personales que conserva amontonados en un desván londinense, para decidir cuáles debe tirar y cuáles conservar. El resultado de dicho inventario es Pop bueno, pop malo, un entrañable, lúcido y muy divertido relato de una de las trayectorias musicales y artísticas más importantes de las últimas décadas. Cocker utiliza los objetos que marcaron su vida como referentes para contar la historia de un chico tímido… extraño, que desde la adolescencia tenía libretas donde apuntaba cuál sería el vestuario de su futura banda, de nombre Pulp, y cómo puso en marcha con gran tenacidad su plan para plasmar en su música y su arte un inmenso impulso creativo.

Entre muchas otras cosas, se trata de una oda a la creatividad y al poder de la música y de la cultura pop en general, como una de las principales fuerzas culturales del mundo contemporáneo. Y es también el recuento íntimo y personal de una vida musical que ha tocado y puesto a bailar a millones de personas a lo largo de todo el mundo.

Jarvis Cocker es un músico y locutor de radio del norte de Inglaterra. Formó la banda de rock Pulp en 1978, mientras aún iba en la secundaria. Terminarían por convertirse en una de las bandas británicas más exitosas de la década de 1990. Entre 2009 y 2017 fue el anfitrión del programa de BBC 6, Jarvis Cocker’s Sunday Service, así como de la premiada serie documental de BBC Radio 4, que aún continúa emitiéndose, Wireless Nights. Tiene doctorados honorarios de la Universidad Sheffield Hallam y la Central Saint Martin’s School of Art (donde estudió de 1988 a 1991). Su compilación de letras de canciones, Madre, Hermano, Amante fue publicada en 2011. Pop bueno, pop malo es su primera obra extensa en prosa. Divide su tiempo entre París, Londres y la zona de montañas Peak District. Su signo zodiacal es Virgo.

Jarvis Cocker
Jarvis Cocker en Sexto Piso. Foto: Cortesía

Fragmento de Pop bueno, pop malo, de Jarvis Cocker, con autorización de Sexto Piso

Había una casa en la que viví un tiempo.

Almacené muchas cosas en el desván de esta casa.

 Cuando digo que «almacené muchas cosas», en realidad es una manera amable de decir «lo utilicé como un contenedor». Atiborré de cosas este desván durante largo tiempo, sólo para quitármelas de encima. Fuera de mi vista, fuera de mi mente. Y después se quedaron ahí como por veinte años, porque yo ya no vivía en Londres. Viví en París y en muchos otros lugares.

Este desván de vez en vez regresaba a mi mente. En realidad no sabría decir por qué era algo que me molestaba, pero sabía que algún día tendría que lidiar con ello. Pero ese «algún día» jamás parecía presentarse.

Se podría pensar en este desván como una manifestación de la forma en que un ser humano moderno acumula cosas de manera casi inconsciente.

O se podría pensar como un bote de basura que jamás se vació.

Pero las circunstancias han conspirado para que no me quede más opción que limpiar este desván.

El día del juicio me ha llegado. Así que manos a la obra.

He decidido que, antes que simplemente llevarlo todo a la basura, revisaré cada objeto para después realizar una decisión

«informada» sobre si conservarlo o no.

¿Por qué?

Porque sé que en algún lugar hay alguna cosa importante. Alguna especie de historia de vida, alguna especie de revelación: pero será preciso buscarla. Y no hablo en plural sólo porque sí, me gustaría recibir su ayuda.

No les pediré que miren cada uno de los objetos que encuentre aquí –eso llevaría años–, pero me parece importante tener testigos. Incluso podemos convertirlo en un juego: llamémosle «Guardar o tirar» [Keep or Cob]. («Cob» es una palabra de Sheffield que significa «arrojar»).

NOTA DEL AUTOR:

Cuando utilicé la palabra «desván», quizá en su mente dibujaron un espacio donde era posible estar de pie e investigar juntos plácidamente. No es el caso. La foto de la

portada de este libro es una imagen de archivo, seleccionada por motivos de diseño: no es una foto del desván al que hago referencia. Mi «desván» es un espacio de almacenaje al que se llega a través de una trampilla dispuesta en el muro de una habita- ción del piso superior de una casa construida en

la época victoriana. Tiene una altura de apro- ximadamente un metro por donde se entra y se va inclinando hasta que ya no queda espacio, donde el techo se une con la fa- chada de la casa. Abarca el ancho total

Te puede interesar:  Un silencio bien administrado es una obra de arte: Ariana Harwicz

de la casa, unos siete u ocho metros. Si se imaginaran estar adentro de una gran envoltura de To- blerone estarían cerca de re- presentarse el entorno que estamos explorando. No

hay forma de estar de pie. La única forma de mirar las cosas es gatear por el

espacio, serpentear entre el pol- vo y las telarañas y traer algunos objetos a la

habitación principal, para ser fotografiados e inspeccionados. Se siente como un trabajo minero: es una labor sucia, incómoda y extraña.

Como pueden ver, es un enorme revoltijo. La primera vez que asomé mi cabeza por aquí, descubrí muy rápidamente que era un espacio sin ton ni son. Sé que debe haber algunos objetos útiles o interesantes. Algunos se remontan a mi infancia, pero no hay forma de acceder a ellos porque aquí hay también mucha cosa inservible. Por eso voy a mirar cada objeto antes de decidir si tirarlo o no. No quiero perderme algo importante. Y he aprendido a través de los años que las cosas más importantes de la vida no son siempre evidentes de manera inmediata.

Bueno, suficiente preparación escénica: cierren los ojos, metan la mano en ese montón de cosas que están ahí y veamos…

Estos son chicles Extra cuando todavía existían en forma de palo. No habían evolucionado a su actual estado de «tableta». Este chicle tiene veinte años. Inutilizado. Sin masticar. Durante años cargué un paquete de chicles en el bolsillo derecho. Fue un aspecto esencial de mi labor como padre. Tiene que ser de menta. La hierbabuena es demasiado dulce. Los sabores frutales son abominables. Pero este paquete de chicles es anterior a que fuera padre. Es el chicle de un hombre soltero.

De hecho se trata de un buen lugar para comenzar porque demuestra que en este sitio se puede encontrar cualquier cosa. Quizá esperaban ver pilas de preciados manuscritos o master tapes en descomposición (ya llegaremos ahí): un vistazo a un archivo creativo curado por mí mismo. Pero esto será más bien como cribar un vertedero (¿o sería mejor llamarlo un «vertedero mental»?). En cierto sentido es un archivo y quizá eso se vuelva más evidente conforme avancemos. Mientras tanto: no tengo idea de por qué este chicle sigue aquí –no es como si tuviera un desván de chicles, como otra gente tiene un sótano donde guarda sus vinos–, pero aquí está: lo hemos hallado y lo estamos con- templando. Merece una foto pero no merece ser conservado. Así que el chicle Wrigley’s Extra de colección se va al basurero. En otras palabras: TIRAR. (No saben lo fresco que me siento).

Siguiente objeto: un parche cosible del Casino Wigan. Se trataba del epicentro de la escena musical del Soul del Norte a me- diados de la década de los setenta. Yo era muy joven como para vivirlo en persona, pero recuerdo que chicos mayores que yo llegaban con el «look»: pantalones con el tiro muy alto suma- mente acampanados. El pelo cortado en capas. En una ocasión recibí una patada en los dientes en una fiesta adolescente cuando alguien se tiró un clavado de cabeza demasiado cerca de mí en el muy estrecho espacio de su sala de estar.

Pero debo haberme hecho de este parche más tarde, pues esos «Cinco años de soul» terminaron cuando yo tenía quince. En retrospectiva, aprecié mucho más el Soul del Norte. Era una subcultura en toda regla, una invención espontánea: gente del norte de Inglaterra que bailaba toda la noche oscuros discos de soul negro estadounidense de la década anterior. Quizá yo era muy joven para apreciar la escena en ese momento, pero la idea de que la música fuera un empeño del estilo de una sociedad secreta, casi de vida o muerte, se alojó en mi mente. Este parche es definitivamente más sustancial que el chicle, en el siguiente sentido: puedo discernir una razón por la cual decidí guardarlo. Aunque no consigo recordar cómo llegó a mis manos. Es como una Pelusa Psíquica, algo que se te pega sin que te des cuenta. Nos toparemos con una buena cantidad de objetos similares.

¿Guardarlo o tirarlo? Es más difícil que en el caso anterior, pero considerando que lo he tenido durante treinta años y jamás fue cosido a ninguna prenda, creo que es momento de dejarlo ir: se lo regalaré a alguien que pueda apreciarlo más.

¿Como ustedes, por ejemplo? (Tomen esto como un soborno).

Guau. Soportes para el cuello de la camisa. Que yo sepa, jamás los he utilizado. Quizá pensé que los necesitaría en una etapa posterior de mi vida, que los cuellos de mis camisas podrían volverse endebles con la edad, o algo del estilo. Creo que eso no ha sucedido (gracias a Dios), así que este caso es fácil: TIRAR.

 

Comments are closed.