Jesús Ramón Ibarra

Jesús Ramón Ibarra, entre Bud Powell y las 13 habitaciones propias

Mientras tanto, Jesús escribe…y escucha música de jazz. Por estos días anda el fantasma de Bud Powell, un hombre que en su libro descarta ese fenómeno trágico con el que lo hemos aprendido a ver (¿recuerdas Round Midnight, con Dexter Gordon?), sino lo analiza y lo celebra a través del ritmo, del lenguaje musical, tan del jazz, tan de la poesía.

Ciudad de México, 10 de julio (MaremotoM).- Jesús Ramón Ibarra reparte su tiempo entre el Instituto Sinaloense de Cultura y la escritura de su poesía, un elemento que en su vida hace mella y para el que tiene una gran vocación.

El otro día decía Fabio Morabito que la vida le proporcionó trabajar en el nivel académico, que si bien no le pagaba tanto le daba mucho tiempo para poder construir su obra.

¿Qué es obra? Por lo pronto, el autor de Teoría de las Pérdidas y Barcos para armar, entre otros libros, respira poesía y también en cierto modo vela por ella. Hay que decir que aquellos que no leen poesía se lo pierden, por lo pronto para saber de este hombre nacido en Culiacán, Sinaloa, en 1965. Obtuvo el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, en el 2015. El Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, en el género de poesía, en el 2007; el Premio Nacional de Poesía San Román (hoy Premio Hispanoamericano) en el 2005 y el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura en dos ocasiones: 1994 y 1997. Es autor de los libros Defensa del viento, El arte de la pausa, Crónicas del Minton’s Playhouse, Heroicas y del libro de Crónicas: La pelota el corazón del aire (Col. Palabras del Humaya, Ayto. de Culiacán, 2011).

Jesús Ramón Ibarra
Jesús Ramón Ibarra leyendo su poesía. Foto: Faceebok

Un poema 

Tiene playas el cuerpo, tiene estuarios y líquenes

donde flotan los nombres

como recién nacidos,

tiene márgenes donde avanza el miedo –su polvo-,

la escarcha de la muerte,

la prosperidad de eros exhumando sus albas a tiempo.

Tiene, en lo más profundo de su arquitectura,

de su pólipo simple, de su bilis alentada

en el goteo del lenguaje

una invasión sorpresiva

un órgano vuelto hormiguero opaco

un tumor vuelto lámpara donde el mal

sus pálidas bestias

sus carniceros concupiscentes

sus asesinos disciplinados que

entre el mezcal y la noche

musitan oraciones y promesas de eternidad

antes de hacer daño.

Incansable, siempre pensando en aquello que va a hacer como un faro o un promontorio, ahora está por hacer la tercera edición del Encuentro Literario 13 Habitaciones Propias, que organiza el Instituto Sinaloense de Cultura. Todavía no puede decirme todas las escritoras que participarán, pero es probable que esté Claudia Piñeiro, la gran escritora argentina.

Mientras tanto, Jesús escribe…y escucha música de jazz. Por estos días anda el fantasma de Bud Powell, un hombre que en su libro descarta ese fenómeno trágico con el que lo hemos aprendido a ver (¿recuerdas Round Midnight, con Dexter Gordon?), sino lo analiza y lo celebra a través del ritmo, del lenguaje musical, tan del jazz, tan de la poesía.

–¿Qué estuviste haciendo en estos tiempos?

–El año pasado estuve trabajando en lo que es mi proyecto como miembro del Sistema Nacional de Creadores. Tengo un libro concluido y curiosamente trata sobre jazz, es sobre Bud Powell, un músico que me gusta mucho. Tiene mucho que ver con la revolución del bebop, junto con Dizzie Gillespie, con Charlie Parker, con Thelonious Monk.

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Jesús Ramón Ibarra
Busca y relaciona el bebop con la poesía. Foto: Facebook

–¿Qué tiene que ver el bebop con la poesía?

–Tiene que ver mucho con la idea o la noción que nosotros vamos teniendo sobre el ritmo, la síncopa, la disonancia, la prolongación de la frase musical, la incorporación de alientos largos…cortos, toda esta combinatoria que se hace a partir de la falsa idea del verso libre, del verso liberado del yugo de la forma. Que sí se libera, pero se libera relativamente.

–Es cierto, no hay liberación absoluta

–No puede ser una liberación arbitraria porque tenemos una respiración, un aliento, que es el que nos está dictando, nuestra forma de escribir.

–¿Hay que leer la poesía en voz alta?

–Eso es fundamental. El segundo paso después de escribir es leerlo en voz alta. Uno tiene que conocer las palabras que escribe, uno tiene que conocer el aspecto oral de su propia escritura. Hay que conocer el ritmo, la musicalidad, a partir de esta idea es que empiezas a corregir.

Una fotografía de Josué Bello. Foto: Facebook

–¿El libro de Bud Powell es un libro de poesía?

–Es un libro de poesía, un libro donde hago un cruce de referencias, traté un poco de salirme de la mitificación del personaje. Hay una serie de referencias. Una literaria que es la relación que tuvo él con el artista gráfico Francis Paudras y una cinematográfica que es la película Round Midnight, de Bertrand Tavernier. El libro La danza de los infieles es lo que inspiró la película. Esas son las referencias, a partir de ahí empezar a tejer algunos aspectos sustanciales que Bud Powell tiene en mí. Él tenía un hermano, Richie Powell, que también era pianista, que tuvo un final trágico, en el mismo accidente en el que fallece Clifford Brown. Ellos provenían de una familia de músicos, estuvo en dos hospitales psiquiátricos en Nueva York, murió también joven, tuvo una vida trágica Bud Powell, pero fundamentalmente relacionado con París. Hay un apartado que se titula Bud Powell le explica el bebop a una liebre muerta, que es una referencia a un artista plástico, Joseph Beuys, que le explica el arte moderno a una liebre muerta.

–Más que nada tu libro es una creatividad de Bud Powell

–Sí, es un libro más libre. Hay fotografías, hay fragmento de diarios, hay tres crónicas, es un libro más libertario que tiene que ver con el espíritu del jazz moderno.

–¿Estás organizando además 13 Habitaciones propias?

–Sí, es un encuentro internacional, surgió en el 2017. Yo trabajando en el Instituto de Sinaloa de Cultura me preguntaron si quería organizarlo, en el marco del Festival de Cultura de Sinaloa. Primero le pusimos Una habitación propia, luego como invitábamos a 13 escritoras, le pusimos ese título. Luego, dio la casualidad que las fechas de octubre, coincidentemente el 24, había sido publicado el ensayo de Virginia Woolf. La primera experiencia fue muy alentadora. Este año lo haremos entre el 22 y el 24 de octubre. Tenemos a varias escritoras confirmadas, pero no me gustaría darlas ahora. Regularmente, las escritoras en su proceso creativo hablan muy distinto a las cosas que hablan los hombres. Son tres días y yo hago el presupuesto, hago las cotizaciones. El jefe le entusiasmó mucho el primer encuentro y ha adquirido cierta dimensión a nivel internacional.

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