Juan Gabriel Vásquez ganó la Bienal Vargas Llosa por Volver la vista atrás

Antes hubo una entrevista a Mario Vargas Llosa, a cargo de Leila Guerriero y de Rosa Beltrán. El ganador dijo: “Es un gran honor y una satisfacción enorme y agradeciéndole la labor a los miembros del jurado.  Esa obsesión por contar cuando la vida privada choca con la vida de la política, ha sido siempre mi trabajo. Mi gran reto en cambio como novelista ha sido ocuparme de reinterpretar, reimaginar, las vidas reales de dos personas que conozco y que son mis amigos, Sergio y Marianela Cabrera”.

Ciudad de México, 26 de septiembre (MaremotoM).- El escritor colombiano Juan Gabriel Vázquez ganó la Cuarta Bienal Vargas Llosa, según el acta leída por la periodista Leila Guerriero, presidenta del concurso, en nombre de todo el jurado.

La entrevista a Mario Vargas Llosa, llevada a cabo por dos expertas en el arte de conversar, las escritoras Leila Guerriero y Rosa Beltrán, comenzó exactamente a las 17 horas. Sin embargo, muy solícito y amable, el Nobel peruano no contestaba las preguntas.

No respondió sobre la Cultura de la cancelación, no contestó sobre las mujeres en el boom, no contestó sobre si sus ideas políticas lo convierten en un escritor impopular.

La tarde era espesa en Guadalajara, con un edificio llamado el Expiatorio, uno de esos mamotretos de la iglesia cuando era importante para la vida humana, se levanta por detrás del Paraninfo Universitario, hermoso, grandilocuente, también solo.

La ansiedad se perfilaba como el nuevo invitado de la tarde. Hasta Gabriela Cabezón Cámara, conversando fervientemente con Renato Cisneros, trasuntaba un dejo de quién será el ganador de la Bienal Vargas Llosa. Esta vez hay cinco grandes escritores, cinco grandes libros. Es más, un balance de este concurso literario es que en esta cuarta edición puso los puntos sobre las íes. Habrá que corregir muchos errores, pero tiene vida para rato.

El jurado deliberó hasta el último momento y como corría el rumor: los académicos tenían un punto de vista distinto a los que no eran académicos.

Rosa Beltrán y Leila Guerriero hablaron de lo esencial de esta Bienal: La literatura como refugio de la libertad. Fueron preguntas hechas al Nobel peruano, residente en Madrid. ¿Por qué la literatura es más que las otras artes?

“La literatura nos defiende de perder la libertad. La música, las artes plásticas, también nos defiende frente a esa desgracia que es sentirnos de pronto como objetos del poder, manipulados, impuestos, de lecturas”, dijo el autor de La ciudad y los perros y La fiesta del Chivo, entre otros.

El jurado y el premiado. Foto: Cortesía FIL/BIENAL

“La literatura se convertía en un arma de resistencia frente a la adversidad durante los tiempos de la dictadura en el Perú, donde yo crecí”, agregó.

Rosa Beltrán afirmó que los libros de Mario Vargas Llosa nutrieron a la libertad y las preguntas fueron por qué los regímenes autoritarios rechazan la literatura.

“La literatura crea ciudadanos incómodos, los que están descontentos con el mundo son peligrosos para el poder. Un gobierno autoritario o totalitario lo que quiere es controlar el hombre desde el nacimiento hasta su muerte. Los primeros ejemplares de El Quijote que llegaron al Perú fueron en toneles de vino. La colonia no quería publicar novelas por 300 años en Latinoamérica”, dijo Mario Vargas Llosa.

La referencia al escritor de Nicaragua Sergio Ramírez por su reciente Tongolele y que lo ha llevado a ser perseguido en el país. “Mis primeras lecturas cuando yo era muy niño eran lecturas que me mostraban otros mundos. Hoy releo, mis lecturas son mucho más reposadas, leo a Flaubert, un escritor que me enseñó el escritor que yo quería ser: un escritor realista pero preocupado por la forma”, afirmó.

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“Faulkner tuvo una importancia especial para América Latina, yo fui deslumbrado por él, el gran novelista que aprende de James Joyce fue Faulkner”, fue una de las frases inolvidables de Mario Vargas Llosa.

La conversación giró en torno a la cultura de la cancelación, la corrección política, si estas nuevas formas de lectura laceran la libertad del lector, un tema que Mario Vargas Llosa no quiso contestar.

“Cuando yo era chico, que entré a San Marcos, una universidad muy rebelde, yo buscaba una literatura política, una literatura que mostrara los horrores que cometía el gobierno. No me interesaba la literatura que no era política. Pero me dieron una beca para Literatura y fui a España, donde tomé la decisión de dedicarme solo a esto”, contó.

¿Las posiciones políticas te hacen impopular?, le preguntó Beltrán. Una de las anécdotas del escritor como joven militante comunista, mientras leía a Jean Paul Sartre, los encantos de la Revolución Cubana, luego las redadas a los homosexuales en Cuba, una carta firmada en privado a Fidel Castro, le hicieron tomar distancia. Hasta que llegó al caso de Heberto Padilla, tan conocido por los seguidores de la literatura y la política. Fue el caso Padilla el que sacó a Vargas Llosa de la Revolución Cubana.

Juan Gabriel Vásquez y Mario Vargas Llosa. Foto: Cortesía FIL/BIENAL

El humor de Pantaleón y las visitadoras, “la novela que para mí fue más fácil escribir”, dijo Mario Vargas Llosa, dio por cerrado el encuentro, tras lo cual Marisol Schutz Manaut dio un pequeño discurso, hablando de Sergio Ramírez, de la persecución que está sufriendo a manos del gobierno de Nicaragua. “Si hay una persona honesta por la que pondría las manos en el fuego, ese es Sergio Ramírez”, dijo y provocó el aplauso de los presentes.

Entre los autores candidatos a ganar el premio, estuvo esta vez la argentina Selva Almada (no había estado en la primera jornada) y sus compañeros, dispuestos a pelear por un premio que entrega 100.000 dólares al ganador.

La vida del cineasta Sergio Cabrera, que anima Volver la vista atrás, de Juan Gabriel Vásquez, obtuvo el premio. Fue la lectura del acta por su presidenta, Leila Guerriero. “Un papel tan chiquito y que tiene palabras tan importantes”, dijo.

“Es un gran honor y una satisfacción enorme y agradeciéndole la labor a los miembros del jurado.  Esa obsesión por contar cuando la vida privada choca con la vida de la política, ha sido siempre mi trabajo. Mi gran reto en cambio como novelista ha sido ocuparme de reinterpretar, reimaginar, las vidas reales de dos personas que conozco y que son mis amigos, Sergio y Marianela Cabrera”, dijo.

“La novela es el lugar donde abandonamos el juicio moral. Lo que la novela trata de comprender es que mis personajes practican el fanatismo. Cómo se explica que con motivaciones loables se marque tanto dolor, los extremos a los que llega el ser humano para sacrificarse en pos de causas, emociones, ideas más elevadas, con resultados funestos”, explicó el escritor colombiano.

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