Juan Villoro

Juan Villoro dona el Premio Gabo a la organización Quinto Elemento

Juan Villoro: Este escritor de “temperamento muy disperso”, escribe desde libros para niños hasta novelas “totales” en torno a México o teatro, una disciplina que últimamente lo tiene muy absorbido, escribe crónicas, columnas, “menos la poesía, que es un género que no domino”.

Ciudad de México, 17 de octubre (MaremotoM).- Juan Villoro, como dijimos, hizo de todo en la reciente Feria de Monterrey. A punto tal de tener un encuentro de periodistas, cuyos conceptos ahora recordamos, en esta nota donde no dice por qué está tan flaco, pero sí confirma la sordera de un oído, que le dejó el coronavirus.

Agradeció el Premio Gabo del que ha sido objeto y el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), galardones que no sabe “si son achaques de la edad o trucos de la suerte. No es algo que yo elija, no participo de concursos literarios, pero hay premios que te hablan por teléfono y parece que te has ganado la lotería”, dijo Juan Villoro en Monterrey, donde fue a presentar el libro El profesor Zíper y la pérdida de las palabras (FCE), que hizo junto a El Fisgón.

Juan Villoro
Juan Villoro recibe el Doctorado Honoris Causa de la UANL. Foto: Cortesía UANL

“Es muy peligroso pensar que lo mereces, porque si piensas que ya llegaste a la meta, está todo perdido”, afirmó el escritor de El Testigo y Arrecife, que en la Feria de Monterrey hizo un homenaje al editor argentino Daniel Divinsky.

Con respecto al Premio Gabo, Juan hizo una donación a la organización Quinto Elemento, que ayuda a los familiares de los periodistas asesinados y a los periodistas que trabajan en condiciones paupérrimas.

“Trabajan en condiciones de riesgo y en zonas silenciadas, en un país donde este año 15 periodistas han sido asesinados. Es bueno que este premio signifique algo para el gremio y así podamos hacerle un tributo a Gabriel García Márquez”, afirmó.

“Entré en contacto con un colectivo que se llama Periodistas de a pie, en un momento en que los medios interpretaban la violencia a partir de las ideas de los capos del narco. Las rastreadoras, que son mujeres, hacen lo que tendría que hacer el ministerio público, que es buscar a sus hijos perdidos. A ellas les dedicó Javier Valdez su último libro, Huérfanos del narco. Marcela Turati escribió también ese libro escalofriante que se llama El país de las 2000 fosas, sobre algo que no se habla, de la ausencia. En el libro de Valdez hay un niño que dice: Yo espero que papá regrese de Desaparecido, porque él cree que Desaparecido es un país, un lugar. Es una historia terrible. A través de la periodista Marcela Turati surgió Quinto elemento, que se ocupa de la gente que está en zona de riesgo y que no tiene posibilidades de escribir. Hay muchos colegas que están en condiciones realmente dramáticas y ayudamos a los periodistas muy necesitados”, expresó Villoro, quien en otro tramo de la charla defendió el libro en papel, aunque reconoció que la industria está en crisis debido a la cantidad de empaques que hay que hacer por la pandemia y por cómo se ha incrementado la venta por Internet.

Juan Villoro
. Foto: Cortesía

“Les estoy complicando la vida, tienes que tener un interés en ti mismo muy legítimo. Yo no escribo diarios. Hasta ahora he tratado de hacerlo a través de mis personajes, a través de la literatura. La documentación que quedará será por la gente que te ha conocido y que dirá algo bueno o malo de ti, prefiero no saberlo”, opinó sobre la documentación acerca de su biografía.

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Contó la experiencia con la Stasi, cuando él, muy joven, vivía en Berlín Oriental y una vez derribado el Muro, los expedientes de cada persona estaban a disposición. Como extranjero, él tenía un archivo que hablaba de él y luego de muchos trámites finalmente lo consiguió.  “Pude consultar el archivo y descubrí que mi vida secreta era tan aburrida como mi vida diaria”, afirmó.

Este escritor de “temperamento muy disperso”, escribe desde libros para niños hasta novelas “totales” en torno a México o teatro, una disciplina que últimamente lo tiene muy absorbido, escribe crónicas, columnas, “menos la poesía, que es un género que no domino”.

“La verdad es que me interesan todos los temas, pero también es cierto que no puedo dedicarle como los eruditos una profundidad analítica. Hay eruditos que se pasan la vida estudiando a un solo autor, pero no es mi caso, no puedo competir con ellos. Uno generaliza, aunque cada género tiene sus reglas y te genera nerviosismos en forma diferente. Hay que tratar de cumplir con eso y la verdad es que no he podido hacer otra cosa”, dice.

No va a ir a Qatar. Lo va a ver por la televisión, “que es en lo que se han convertido los mundiales, al servicio de la televisión. Yo tuve la suerte de cubrir Italia 90, fui con una máquina Olivetti, picábamos los textos en télex, en aquella época el periódico que me envió, El Nacional, tenía siete corresponsales en Italia. Hoy todo lo domina la televisión, es una de las tantas perversiones que ha traído la FIFA”, afirma.

Para este hombre “medianamente sordo” que ya no va a poder hacer las conferencias sobre el bolero y Amado Nervo, junto al poeta Hernán Bravo Varela, sí obtiene muchas satisfacciones con la escritura del teatro, “que es lo que siempre yo quise escribir. Estudié teatro con quien era el gurú en los 70, que había cambiado el teatro en México, Alejandro Jodorowsky, que había realizado una obra que hablaba de la Era de Acuario, eran temas que nos parecían profundos. Escribir teatro es sumamente difícil. Montar una obra requiere una cantidad de apoyos y de relaciones. Siempre fui mucho al teatro y empecé a escribir a los 50. Una de las mejores cosas en la vida es poder ser principiante y mi primera obra fue Muerte parcial y 16 años después sigo escribiendo teatro.

Ahora estrenaré mi obra La desobediencia de Marte en Argentina, con un director muy interesante, desarrollado en la ópera, que se llama Marcelo Lombardero y hacer teatro en Argentina es para un dramaturgo un orgullo, porque ese es el país donde se hace mejor teatro. Haremos esa obra, a principios de 2023, en un teatro público que dirige Jorge Dubatti (Escuela de Espectadores de Buenos Aires)”, concluyó.

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