Julio Ramón Ribeyro

JULIO RAMÓN RIBEYRO: La tentación del fracaso

Buenos Aires, 27 de noviembre (MaremotoM).- La tentación del fracaso. Mientras leo el diario de Julio Ramón Ribeyro no puedo dejar de pensarlo en comparación con el diario, por un lado, de Raúl Ruiz y, a su vez, con el diario de Ricardo Piglia.

Si el diario de Ruiz – también, casi siempre, en París– es el diario de un cineasta consagrado que disfruta de la vida burguesa, que lee (con voracidad) lo que quiere, que come donde quiere, que viaja al lugar que quiere y filma con total libertad porque, más allá de las dificultades propias del cine, filma lo que quiere (supera las cien películas, verdaderos artefactos que interrogan toda lógica aristotélica), Ribeyro, en cambio, trabaja en la década del cincuenta en un hotel de mala muerte en París, limpiando los pisos, las escaleras, durmiendo en una habitación en la que solo puede leer a gusto en los ratos libres, sintiéndose incapaz de escribir una novela, percibiendo que tal vez sea el género cuento el único posible que lo contenga y le permita expresarse verdaderamente de acuerdo a las condiciones en las que vive.

Julio Ramón Ribeyro
La tentación del fracaso. Foto: Cortesía

Luego está en Madrid, con la amenaza del desalojo por no pagar el alquiler, pidiendo plata constantemente a su familia en Lima, a sus amigos, a quien sea para poder sobrevivir pero, en esa flotación desesperada, Ribeyro no deja de fantasear con una obra sin darse cuenta que esa gran obra soñada (que sus contemporáneos de la generación del Boom están escribieron y él, siente, no) está también en la escritura de su propio diario.

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Igual que Ricardo Piglia, podríamos decir, en los diarios de Renzi. Pero si en Ribeyro hay una intimidad descarnada (“la intimidad, esa zona donde la emoción se convierte en palabra”), en los diarios de Renzi (más allá de vivir en pensiones y más allá de la búsqueda incesante de dinero y el acecho de una serie de voces y de perturbaciones que alteran la mirada, literal, de Renzi) se huele un aire de escritura calculada que marca una fuerte sensación de distancia con respecto a la desesperación y la urgencia que atraviesan a Ribeyro.

“La tentación del fracaso” es una experiencia agobiante, conmovedora, en la que siempre se impone, sobre la línea de flotación, la pulsión de la escritura como una forma desesperada de afirmarse en el mundo.

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