Mark Fisher

K.Punk, una antología inédita de Mark Fisher, el hombre que no tenía tiempo

La editorial Caja Negra ha publicado el Volumen 1 de los Escritos reunidos e inéditos de Mark Fisher (1968-2017), un hombre con una vida corta, pero que ha dejado un legado  valioso que ahora aparece en K-Punk.

Ciudad de México, 5 de agosto (MaremotoM).- Los teóricos en nuestro tiempo se mueren. Se suicidan. Se hacen polvo como esa marejada que lleva el mundo a su precipicio. El otro día una científica decía en la televisión de por qué íbamos a colocar una bandera a la luna, que estaba allá, sin tener noticias nuestras, viviendo de su existencia sin terrícolas, viviendo lunamente. No podemos analizarnos, pero a la vista, podemos expandirnos.

La editorial Caja Negra ha publicado el Volumen 1 de los Escritos reunidos e inéditos de Mark Fisher (1968-2017), un hombre con una vida corta, pero que ha dejado un legado  valioso que ahora aparece en K-Punk.

“Intelectual sin ser académica, popular sin ser populista”: de esta manera caracterizaba Mark Fisher la misión de su labor crítica. Su relación con la vida universitaria había sido siempre incómoda y fue a partir de descubrir el potencial democratizador de los blogs y de utilizarlo como un conducto para el intercambio entre la cultura popular y la teoría que encontró su medio y su voz.

K-Punk
Un libro imprescindible. Foto: Caja Negra

k-punk (primero el nombre de su página, luego una especie de identidad digital alternativa, como las de los productores de jungle que tanto amaba) pronto devino el centro y el catalizador de una comunidad de investigadores autodidactas, académicos desencantados y excéntricos de toda clase que saqueaban la obra de pensadores consagrados en busca de herramientas analíticas que eran utilizadas de modo no convencional.

En este volumen, traducido por Fernando Bruno, Mark explica por qué el blog: “Me parecía que era un espacio -el único espacio- en el que podría continuar un tipo de discurso que se había iniciado en la prensa musical y en las escuelas de arte, pero que casi había desaparecido, provocando, a mi entender, consecuencias culturales y políticas espantosas”.

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A partir de ahí comienza el vértigo de su pensamiento, por temas que van desde los libros (donde hay una divertida encuesta por donde Fisher elige a sus favoritos: El proceso, de Franz Kafka; Ojo de gato, de Margaret Atwood; Ética, de Baruch Spinoza;La exhibición de atrocidades, de J.G.Ballard y Rastros de carmín, de Greil Marcus), películas y series, donde es genial el análisis de Breaking Bad(“¿Quién necesita a la religión cuando tenemos a la televisión?”), en un libro que no tiene desperdicio.

“Al establecer conexiones entre campos remotos, Mark podía identificar la metafísica de un programa de televisión, las verdades psicoanalíticas latentes en una canción de Joy Division, las resonancias políticas de una película de Kubrick. Siento su ausencia como amigo y como camarada, pero más que nada como lector. Muchos días me pregunto qué habría dicho Mark sobre esto o aquello. Su escritura hacía que todo pareciera más cargado de significados. Leerlo producía adicción”, dice Simon Reynolds en el prólogo.

Al reunir una parte significativa de esa desbordante producción online, además de reseñas, columnas de opinión, artículos activistas y ensayos que publicaba en simultáneo en revistas y libros, esta ambiciosa recopilación se propone reconstruir por primera vez la huella de aquellos años de escritura frenética y contagiosa en las que ya aparecerían sus obsesiones: el modernismo popular, los privilegios de clase, la precariedad y la depresión, las formas poscapitalistas del deseo, la hauntología y el realismo capitalista. Este libro –el primero de tres volúmenes– incluye sus textos sobre literatura, cine y televisión y cubre un amplio arco de referentes que incluye a autores como J.G. Ballard, Margaret Atwood o Patricia Highsmith, directores como Cronenberg, Marker o Nolan, películas como Stars Wars, Los juegos del hambre o Terminator y programas televisivos como Big Brother, Breaking Bad, Westworld o The Americans.

“Es un sentimiento desolador”, termina diciendo Simon Reynolds. Este libro y los que vendrán intentan compensar esa desolación.

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