Kathy Bates

Kathy Bates, vuelve al Oscar, renacida y con nueva dieta

Efectivamente, pocos rostros de verdad, pocas estampas tan humanas, como aquellos que esgrimiera la increíble Kathy Bates para asustar sin remedio a un atribulado James Caan en Misery, la película de 1990 dirigida por Rob Reiner.

Ciudad de México, 13 de enero (MaremotoM).- La tremenda y exquisita actriz Kathy Bates vuelve al Oscar con la película Richard Jewell, un filme biográfico dirigido y producido por Clint Eastwood, escrito por Billy Ray, basada en el artículo de 1997 American Nightmare: The Ballad of Richard Jewell de Marie Brenner, publicado por Vanity Fair.

​La película describe el atentado terrorista en Atlanta 1996 durante los Juegos Olímpicos de 1996 en Atlanta y sus consecuencias, donde el guardia de seguridad Richard Jewell encontró una bomba y alertó a las autoridades para evacuar, siendo más tarde erróneamente acusado de haberlo colocado.

Kathy Bates estuvo muy enferma recientemente por linfedema, una enfermedad sobre la que ha informado y está involucrada en asociaciones respectivas y ahora, a los 70 años,  más de 50 de ellos como actriz, ha perdido 27 kilos y se siente una persona distinta.

Ha ganado el Oscar por su terrible papel en Misery y ahora refrenda el título que le dio Entertainment Weekly, que la votó como “una de las más importantes actrices de los 90”.

Efectivamente, pocos rostros de verdad, pocas estampas tan humanas, como aquellos que esgrimiera la increíble Kathy Bates para asustar sin remedio a un atribulado James Caan en Misery, la película de 1990 dirigida por Rob Reiner.

La actriz, de todos modos, no quedó conforme con su trabajo en aquel filme.

Bates quería ser más feroz, más endiablada, tocar los límites de la maldad humana, según lo relataba Stephen King en la novela que dio origen a la película; sin embargo, en lugar de amputarle a Sheldon las dos piernas con un hacha, terminó fracturándole sólo los pies. El que fuera el papel que la convirtió en una verdadera estrella internacional del cine, le fue ofrecido primero a Anjelica Huston y luego a Bette Midler. Ambas lo rechazaron.

En 1993, dejamos de tenerle miedo y lloramos junto a ella cuando, en un inolvidable rol de “madre coraje”, sacó adelante a sus cuatro hijos en A Home of Our Own (la versión para Latinoamérica se tituló “Nuestro propio hogar”), el filme dirigido por Tony Bill, en el que aparece un todavía verde pero inmejorable Edward Furlong como el narrador de la historia.

La película, que tenía comprados todos los boletos para convertirse en un dramón lacrimógeno y cursi a los que son tan afectos los magnates de Holywood, terminó como un notable fresco de la Norteamérica profunda, encarnado en esa mujer que sólo se permite llorar un poco cuando ve su casa incendiada, para luego comenzar a planificar el que será su nuevo hogar. Levantarse después de caerse, nunca dejar que la adversidad te haga papilla: eso nos enseñó la buena de Kathy y le creímos.

Porque a esta mujer nacida en Memphis el 28 de junio de 1948 le creemos todo, desde que con su rotunda figura de mujer de este mundo comenzó a llenar la pantalla con unas dotes histriónicas sobrenaturales.

Kathy Bates
Kathy Bates vuelve al Oscar, con una película de Clint Eastwood. Foto: Cortesía

LA HISTORIA DE KATHY BATES

Graduada en Bellas Artes en Dallas, en 1969, tuvo un paso fugaz como cajera en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el célebre MOMA, para encarar en 1971 una carrera cinematográfica imparable, caracterizada por varios hitos indelebles, huellas de una pasión actoral que transmite con sangre y fuego a sus espectadores.

Debutó en la pantalla grande con Taking off (traducida al español como Juventud sin esperanza), de Milos Forman. Si uno pone en el portal YouTube la guía: “taking off kathy bates” aparecerá aquella escena formidable cuando ella, jovencísima, entona una dulce balada folk de la época.

Tenía el rostro cetrino, el pelo oscuro y unos rasgos achinados que la acompañan hasta hoy. Bates, por supuesto, pertenece a ese 40 % de los actores y actrices que no se han hecho una cirugía estética que la dejara inexpresiva. Al fin y al cabo, es ese rostro de goma, capaz de hacer mil gestos por segundo, lo que la ha llevado a la cumbre.

UNA MUJER SINCERA

Sacada de su hábitat, que es un set de filmación, Bates tiene una imagen aplacada, poco enérgica, de señora buena que siempre dice lo que piensa aun a riesgo de contradecirse, como en aquella entrevista otorgada a un talk show estadounidense donde habló pestes de Woody Allen. Era julio de 2006 y la actriz no tenía buenos recuerdos de Sombras y nieblas, la película de 1991 donde actuó a las órdenes del gran director.

“Es un neurótico y haber trabajado con él fue una experiencia muy frustrante, porque a los actores no se nos daba nada de información”, dijo, no sin antes advertir que jamás volvería a ponerse bajo la lente de Allen.

Algo cambió en la mente de Bates, porque es una distinguida integrante de Midnight in Paris, el filme de Woody protagonizado por Owen Wilson, Rachel Adams y Marion Cotillard.

En general, la actriz de Tomates verdes fritos y Titanic, una de las más respetadas y admiradas por sus propios colegas, suele hablar bien de todo el mundo y, en el ejercicio del elogio a sus pares, suena veraz.

Sin falsa calidez, por ejemplo, no dijo más que cosas buenas de Adam Sandler, un actor sin dudas menor a su lado, con quien hizo Waterboy, una comedia desopilante de 1998 y en la que ella aceptó participar porque su sobrina la convenció.

Tampoco tuvo Kathy ningún empacho en admitir que James Caan, su increíble compañero en Misery, nunca fue su amigo y que esa circunstancia no cambió a raíz de la película; menos pudor tuvo en revelar que fue elegida para el inolvidable papel de la enfermera Annie, “porque en esos tiempos, Rob Reiner estaba saliendo con Elizabeth McGovern”, con quien Kathy protagonizaba una obra de teatro en Broadway.

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“Rob venía todas las noches a las funciones y algo vio en mí que le hizo pensar que era buena para el papel en Misery”, dijo la actriz de antepasados irlandeses.

Habla maravillas de Warren Beatty, quien le ofreció un papel en el legendario filme épico Reds, de 1981, que ella no pudo aceptar por problemas de visa que le impidieron viajar al extranjero, donde se rodaba la película. Más tarde, Warren la compensó con un pequeño papel en Dick Tracy.

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Richard Jewell recrea el atentado en los Juegos Olímpicos de Atlanta. Foto: Cortesía.

EN UNA BAÑERA CON JACK NICHOLSON

“Si te toca meterte en una bañera con Jack Nicholson, lo único que te puedo decir es: relájate y goza”, fue más o menos la premisa de Katy Bates cuando en la recordada About Schmidt, de 2002, ambos actores protagonizan una de las escenas más hilarantes del cine contemporáneo: Schmidt (Nicholson) disfruta de un relajante spa en casa de su futura consuegra (Kathy Bates), hasta que ella se introduce también en la bañera para comentar la unión de sus respectivos vástagos.

Por ese trabajo, Bates recibió sendas postulaciones al Globo de Oro y al Oscar, además del premio de la crítica de su país. Kathy, que hacía el papel de Roberta, contó que la escena se filmó con muy poca gente alrededor. “Alexander Payne (el director) me hizo sentir muy cómoda. Me sirvió un Cosmopolitan antes de comenzar a rodar, así que fue una muy buena experiencia. Obviamente, trabajar con Jack es algo que a cualquier actriz , y no soy la excepción, le resulta emocionante”.

“Trabajar con él fue realmente algo genial. Él es uno de los actores más profesionales que conocí”, agrega.

Bates, de 70 años, dice que a esta edad hace los papeles con las vísceras. Y así también los elige, desde el estómago: “Busco un rol que pueda entender y amar y que, al mismo tiempo, implique un desafío, algo distinto, algo diferente. En general, si siento una reacción visceral cuando leo el guión, me digo inmediatamente: -Tengo que hacer esto”, cuenta.

Con casi 50 filmes en su haber, no tiene dudas en elegir a Dolores Claiborne, de 1995, que en español se llamó Eclipse total, como su favorita. “La actuación en esa película (basada en una novela de Stephen King) requirió una gran labor de artesanía. Representar a un personaje en sus distintas edades implicó un gran desafío que me hace sentir muy orgullosa”, declara.

EL AMOR POR SAM MENDES

Kathy Bates, que ha trabajado con los directores más diversos, elige entre todos a Sam Mendes, el director de la flamante 1917, como su favorito.

A las órdenes del ex marido de Kate Winslet, Bates filmó A revolutionary road, el filme que marcó el regreso de la pareja de Titanic, Leo Di Caprio y la nombrada Winslet.

Basada en una novela de Richard Yates, la historia se refiere a un joven matrimonio que habita los suburbios de Connecticut y que poco a poco se resquebraja, dando origen a una tragedia inevitable.

Kathy Bates, como la vecina Helen Givings, que parece no entender nada y al final lo entiende todo, está, como es de esperarse, monumental. Su desempeño se lo debe a Mendes: “Es tan elocuente y realmente sabe cómo trabajar con cada uno de nosotros y cómo hacer que cada uno se sienta muy especial. En el set me hacía sentir todo el tiempo que estaba loco por mí, hacía tiempo que no me sentía tan satisfecha con una película”, contó la actriz.

Obsesionada con su propio rendimiento, Bates vuelve a ver una y otra vez las películas en las que trabajó. También recorre aquellos filmes que le gustaron en su juventud.

“Me interesa ver las cosas en un momento diferente de mi vida. Cómo era yo cuando vi esa película y como soy ahora”, dice.

Fanática del canal Animal Planet, Bates tampoco se pierde una sola emisión de American Idol y seguía más o menos en orden la serie Entourage.

Sin embargo, es poco el trabajo desarrollado por la actriz en la pantalla chica.

Por su interpretación como Helen Kushnick, en la teleserie de HBO The Late Shift (1996), conquistó el Globo de Oro. También como Miss Hannigan en Annie (1999) de la ABC, fue postulada para otro Globo de Oro y ganó el American Comedy.

Durante la quinta y la sexta temporada de The office, Bates apareció en la serie cubriendo el entrañable rol de Jo Bennett, una escritora solitaria cuya única compañía es su perro gran danés.

Finalmente, luego de mucho resistirse, dijo sí y tuvo su propia serie.

Se trataba de Harry´s Law, cuya primera temporada estrenó Warner Channel. Tuvo dos temporadas. Pensada primeramente para que la protagonizara un hombre, la serie cuenta la historia de Harriet “Harry” Korn, una abogada de patentes que a los 60 años pierde su trabajo y decide dar un golpe de timón a su vida con su propio bufete. La cosa no será tan sencilla y algunas inesperadas circunstancias la llevarán a elegir un local que fue anteriormente una zapatería, ubicado en un barrio marginal. La serie fue creada por David Kelley, quien ya acertó con otros títulos legalistas como Chicago Hope, Ally McBeal, The Practice, L.A. Law y Boston Legal.

A finales de 1999, Bates dirigió su primera película por cable, Lily Dale, de A&E, protagonizada por Sam Shepard (1943-2017) y Judy Davis, que fue postulada para tres Globos de Oro y 13 premios Emmy. Sus logros como directora incluyen Homicide, de NBC, NYPD Blue, de ABC y Oz, de HBO. La actriz ha dirigido también cinco episodios de Six feet under. Ahora vuelve con Clint Eastwood y la veremos talentosa y con nueva dieta en la ceremonia de los Oscar.

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