Kimi

Kimi: hasta al mejor mago se le ven los trucos

Kimi parece una película de procedimiento policiaco, busca ser una denuncia de la corrupción corporativa y quiere ser una reflexión sobre nuestra relación con la tecnología: no logra ninguna de las tres cosas. Es aburridísima, no tiene nada nuevo que decirnos del tema que no hayamos visto en cintas como Ella, una película que tiene casi una década de edad.

Ciudad de México, 26 febrero (MaremotoM).- En este momento estoy escribiendo en una computadora que se traba y no quiere conectarse a internet. Muchas veces nuestra relación con la tecnología va de lo frustración al terror. Algo trató de decirnos Kimi, la malhadada nueva película de Steven Soderbergh.

A ver, para comenzar: Steven Soderbergh es un cineasta de probado talento. Director casi todoterreno, ha dirigido blockbusters como Ocean’s Eleven, hasta The Knick, serie extraordinaria a la que no se le ha dado suficiente amor. A veces hasta al mejor mago se le ven los trucos.

Es lo que pasa con Kimi. Es tan artificiosa, tan inorgánica, que dan ganas de cancelarla como a los alimentos genéticamente modificados. Es cierto, finalmente la ficción no es más que una serie de trucos que nos hacen, cuando son exitosos, suspender la incredulidad; es por definición artificial. Pero hay diferencia entre convencer y engañar. Kimi es una cinta tramposa.

¿Es un ejercicio fallido en torno a nuestra vida ya casi entera en la virtualidad? Sin duda. Ahora me explico.

Kimi cuenta la historia de Angela Childs (Zoe Kravitz, su actuación es lo único que mantiene con vida a este bodrio), una joven con problemas de agorafobia. Trabaja para una empresa tecnológica que ha lanzado un ayudante robot al estilo de Siri o de Alexa. Kimi, se llama el robot, la diferencia es que cuando los otros ayudantes virtuales se manejan con inteligencia artificial, Kimi utiliza inteligencia humana. Es decir, los errores de Kimi son corregidos y mejorados por operadores humanos. Angela es uno de estos operadores. Plena pandemia, Angela tiene todo lo necesario para sobrevivir en su departamento, hasta un amante ocasional que va a visitarla. Hay mucho que envidiarle, la verdad, aunque cuando la historia el guion parece decirnos que esa vida es completamente indeseable. Es difícil empatizar con Angela y su ansiedad, aun cuando esta es bien dibujada.

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Kimi
Zoe Kravitz, su actuación es lo único que mantiene con vida a este bodrio. Foto: Cortesía

(Es interesante como ya van surgiendo las películas de la pandemia. A dos años de ese trauma generacional, narradores con visión están retratando los cambios en nuestra vida, como el encierro, el aburrimiento, la ansiedad y el miedo—y la creciente insensibilización ante este— han modificado nuestras relaciones, anhelos y planes de vida).

Un día, mientras revisa las interacciones entra la Kimi y sus dueños, Angela se topa con una grabación que la perturba: alcanza a oír un grito apenas audible, ¿qué pasa? A modo de deus ex máquina, la protagonista usa toda la tecnología a su alrededor para descubrir, primero, que se trata de un crimen, y segundo, que es capaz de resolverlo.

Kimi parece una película de procedimiento policiaco, busca ser una denuncia de la corrupción corporativa y quiere ser una reflexión sobre nuestra relación con la tecnología: no logra ninguna de las tres cosas. Es aburridísima, no tiene nada nuevo que decirnos del tema que no hayamos visto en cintas como Ella, una película que tiene casi una década de edad.

Soderbergh no logra una película que sea buen entretenimiento que nos deje ver un lado nuevo sobre nuestra relación cona las máquinas, más bien se siente apresurada y resultona. Esta prisa por ser siempre relevante, como si se estuviera haciendo periodismo-ficción. No vale la pena.

 

 

 

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