Manuel Vilas

“La alegría es un sentimiento biológico, atávico y primitivo”: Manuel Vilas

Es cierto lo del éxito de Ordesa (Alfaguara) y es tan verdadero como esa desorientación que inundó a su autor luego de que fuera uno de los candidatos a recibir el premio de la Bienal Mario Vargas Llosa, entre otros galardones. En Guadalajara, precisamente, lo entrevistamos y en esa nota él se preguntaba: “¿Por qué ha de incomodarnos tanto la verdad? Es lo que pasó y ya está”. Ahora hablamos sobre la verdad y sobre cómo la fruta, las manzanas, son tristes. Su nueva novela se llama Alegría.

Ciudad de México, 8 de abril (MaremotoM).- La vida de hombre tiene un contexto de tiempo determinado. Cuando se muere antes, el corazón sobreviene. Ese contexto de tiempo establece que uno madura y en la adolescencia uno creía en ciertas cosas, como en las brujas, como en los piropos, como que alguien te iba a amar como tú eres, ahora es el tiempo de la no creencia y el recuerdo nos engrandece.

La felicidad no es lo mismo que la alegría. Uno puede estar contento todos los días y lo que esta novela, Alegría (Finalista de Premio Planeta), de Manuel Vilas, busca, es precisamente “conquistar la alegría”.

“El éxito desbordante de su última novela embarca al protagonista en una gira por todo el mundo. Un viaje con dos caras, la pública, en la que el personaje se acerca a sus lectores, y la íntima, en la que aprovecha cada espacio de soledad para rebuscar su verdad. Una verdad que ve la luz después de la muerte de sus padres, su divorcio y su vida junto a una nueva mujer, una vida en la que sus hijos se convierten en la piedra angular sobre la que pivota la necesidad inaplazable de encontrar la felicidad”, dice la sinopsis.

Es cierto lo del éxito de Ordesa (Alfaguara) y es tan verdadero como esa desorientación que inundó a su autor luego de que fuera uno de los candidatos a recibir el premio de la Bienal Mario Vargas Llosa, entre otros galardones. En Guadalajara, precisamente, lo entrevistamos y en esa nota él se preguntaba: “¿Por qué ha de incomodarnos tanto la verdad? Es lo que pasó y ya está”.

Ahora hablamos sobre la verdad y sobre cómo la fruta, las manzanas, son tristes.

Manuel Vilas nació en Barbastro en 1962. Es poeta y novelista. De sus libros de poemas podemos destacar su poemario Resurrección, que ganó en 2005 el Premio Gil de Biedma de poesía. Otros títulos importantes en su obra son Calor (Premio Fray Luis de León), Gran Vilas (Premio Ciudad de Melilla) y El hundimiento (Premio Internacional de Poesía Generación del 27). En el año 2010 publicó una recopilación de su obra poética con el título de Amor. En 2016 publicó Poesía completa.

Es autor de las novelas España, Aire Nuestro, Los inmortales y El luminoso regalo. Además ha escrito libros de relatos como Zeta y Setecientos millones de rinocerontes (Alfaguara, 2015).

Manuel Vilas
Alegría fue finalista del Premio Planeta. Foto: Cortesía

–Sus libros siempre llevan a esos sentimientos profundos

–Intento, claro, hablar de los sentimientos más profundos que tenemos los seres humanos. Ahí, hay de todo.

Ordesa estaba dedicado a los padres. Uno cree muchas cosas cuando es joven, pero al final comienza a sacarse esas cosas en las que creía…

–Cuando empiezas a envejecer te das cuenta de que tus padres han sido importantes en tu vida. Eso un joven no lo sabe. No entiende lo importante que son sus padres en su vida, lo va a saber más tarde, a partir de los 40, incluso a los 50, cuando sus padres mueren.

–La vida tiene un tiempo determinado y cumple todas esas etapas

–En eso que dices hay melancolía, hay un poco de tristeza, pero también hay madurez. Uno con 50 años o más de 50 años es cuando empieza a ser un poco feliz. Cuando ya han terminado muchas de las congojas y de las pasiones y el ruido de la vida. Uno se queda un poco más tranquilo.

– La felicidad es testimonio de la religión, ¿la alegría puede ser el testimonio de la vida?

–Sí, la alegría es un sentimiento biológico, atávico y primitivo. Es simplemente la sensación de que corre sangre por tus venas, de que tus sentidos funcionan, de que te despiertas por las mañanas y ves la luz del sol, que mueves las manos, las piernas, que puedes caminar. La sensación física, elemental, biológica, de estar vivo.

Manuel Vilas
La sensación física, elemental, biológica, de estar vivo. Foto: Cortesía

–Roberto Bolaño decía haber sido feliz al menos un ratito de cada día

–Sí, lo que pasa es que en mi novela Alegría hablo de una alegría a la que hay que conquistar. Existe la depresión, la melancolía, la tristeza, para conquistar la alegría hay que esforzarse, hay que luchar. Hay que ver cuáles son los sentimientos positivos de la vida, como el sentimiento del amor y conquistar la alegría desde el dolor. Hablo en mi novela como una conquista hecha desde el sufrimiento.

–Sí, habla incluso de una depresión que sufrió en algún momento

–Efectivamente, la depresión es uno de los síntomas de esta época, es una de las enfermedades que más ha aumentado en los últimos tiempos y no es una enfermedad trivial, porque los deprimidos son personas clarividentes. Son personas que se dan cuenta del vacío del mundo, empatizan con ese vacío, pero empatizan tanto, que se paralizan. Me interesa la descripción como una forma de contacto con el sufrimiento del mundo.

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–En el libro me pasó algo curioso. Visité un loquero donde estaba mi padre y descubrí que las frutas, que las manzanas eran tristes. Algo que usted también descubrió…

–(risas) Hay algo en la fruta que las hace triste. Las manzanas son tristes, es verdad, es algo irracional, no sé por qué

– La muerte es absoluta cuando empieza a morirse gente más joven que uno. ¿Defiende usted la muerte digna, que es algo en lo que tenemos que pensar nosotros?

–Creo que hay que darle a la muerte un contenido digno. No podemos pensar en la muerte como algo terrible, hay que humanizarla y saber que es otras de las experiencias de la vida. Rilke, cuando estaba muriendo, le iban a poner anestesia y él dijo que no quería anestesia porque quería disfrutar su acabamiento. Quería gozar de su muerte, quería saber cómo era. Quizás eso sea exagerado, pero entiendo lo que él demandaba, quería conocer su propia realidad, la realidad de los seres humanas. Hay conocimiento en la llegada de la muerte.

Manuel Vilas
Una novela humanista. Foto: Cortesía

–La muerte en general debería ser a los 70, a los 80 años…

–Bueno, ahora dicen que podemos vivir 100 años. La longevidad va a ser una realidad común. Una persona longeva es una persona que ha conocido más la vida.

–¿Recordar nos engrandece?

–Es que la vida cuando la estás viviendo en el presente no sabes muy bien lo que estás viviendo, es cuando recuerdas que comprendes lo que estabas viviendo. Esto lo decía el escritor francés Marcel Proust que la vida para ser concreta necesita ser recordada. Tú adquieres el dominio de tu vida cuando recuerdas el pasado desde el futuro. Tiene que ver con la madurez. Una persona descubre mejor cómo fue cuando era joven desde el recuerdo.

–¿Alegría es una novela filosófica?

–Más que filosófica yo diría humanista. No hay grandes teorías filosóficas, lo que hay son verdades prácticas, sacadas de la experiencia de la vida. Si hay filosofía es sencilla, del hecho de vivir, no hay una metafísica en la novela.

–La relación que tiene el personaje con el hijo…

–En Alegría, la relación con los hijos es fundamental. El narrador, el protagonista de la novela, está obsesionado porque sus hijos le quieran. Su gran obsesión es esa, que sus hijos le comprendan y que sean felices.

–También está el humor, cuando dice “Estas películas de mierda”

–El humor y ver que tu hijo tiene sentido del humor. Es importante el humor en la vida. Siempre trato de que aparezca el humor en mis novelas.

Manuel Vilas
El narrador lo que hace es dejarle por escrito un montón de cosas a su hijo adolescente, pensando en que cuando deje de ser adolescente y madure, entenderá lo que vivieron juntos. Foto: Cortesía Planeta

–La relación con ese hijo adolescente

–El narrador lo que hace es dejarle por escrito un montón de cosas a su hijo adolescente, pensando en que cuando deje de ser adolescente y madure, entenderá lo que vivieron juntos. Un adolescente está preocupado por construir su propia personalidad. No le presta atención ni a su padre ni a su madre. El adolescente cuando crece, cuando se hace un hombre o una mujer, está en una situación de repensar la relación con su padre y con su madre.

–¿Le costó mucho escribir algo importante después de Ordesa?

Ordesa es verdad, tuvo un éxito tremendo. Yo estaba bastante angustiado por la siguiente novela porque tenía miedo de decepcionar a los lectores. Claro, necesitaba seguir escribiendo. Me di cuenta de que había cosas de mi familia que no había contado. Así fue surgiendo Alegría. También fue surgiendo en los viajes que hacía para la presentación de Ordesa. Esta novela es una continuación de una conversación que yo inicié en Ordesa con mi padre y con mi madre.

–Habla mucho de los hoteles en su libro

–En Alegría salen muchos hoteles, en los viajes una persona está en movimiento y tiene la sensación de que la vida es más intensa. La vida es estar en movimiento. Luego los hoteles, en la novela tiene un componente casi psicoanalítico, porque el narrador está tratando de buscar una habitación simbólica, una habitación de su infancia. Cuando se acuesta en la cama de los hoteles, el último segundo antes de dormirse, recuerda la habitación de su infancia y por extensión recuerda a su propia madre.

–¿Le costó el pase de Alfaguara a Planeta, Manuel?

–Bueno, esas son circunstancias un poco azarosas de la vida de los escritores. No son cosas premeditadas, son accidentes profesionales, tiene que ver con el mercado, con la industria y había una cosa importante que fue el Premio Planeta. Ese premio en España y en Latinoamérica significa miles y miles de lectores. La literatura es para mí lectores. El Premio Planeta significaba garantizar esos lectores.

–¿Hay alguna nueva novela?

–Estaba escribiendo una novela y ahora se ha cruzado la epidemia que en España se está viviendo de una manera terrible y entonces estoy escribiendo sobre el coronavirus. Creo que esto va a cambiar el mundo. No habíamos vivido desde la Segunda Guerra Mundial una cosa como esta. Me ha sorprendido esta epidemia y estoy rehaciendo la novela.

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