Rafael Dumett

La cultura andina nunca ha muerto: Rafael Dumett, autor de El espía del Inca

“Todos los años Atahualpa sigue muriendo: su muerte se sigue representando teatralmente año tras año en cientos de poblados no solo en los Andes del Perú, sino también de Ecuador, Bolivia e incluso Argentina. Al parecer hay una especie de trauma no resuelto con su asesinato, que se ha convertido en neurosis, de la que no hemos podido encontrar salida”, dice el escritor Rafael Dumett.

Ciudad de México, 2 de julio (MaremotoM).- Hay veces que una primera novela marca el grado de creatividad del autor, como si hubiera estado pronto para hacer “LA” novela. Es eso lo que pasa con El espía del inca (Alfaguara), de Rafael Dumett, que retrata la caída del Inca Atahualpa, quien fuera capturado por los españoles en noviembre de 1532 y a pesar de haber pagado un rescate de un cuarto de oro y dos de plata, fue ejecutado.

Perú, como hijo de un vencido, todos los años recrea la muerte de Atahualpa.

“Todos los años Atahualpa sigue muriendo: su muerte se sigue representando teatralmente año tras año en cientos de poblados no solo en los Andes del Perú, sino también de Ecuador, Bolivia e incluso Argentina. Al parecer hay una especie de trauma no resuelto con su asesinato, que se ha convertido en neurosis, de la que no hemos podido encontrar salida”, dice el escritor Rafael Dumett.

Rafael Dumett
Editó Alfaguara. Foto: Cortesía

“Quizá ello se deba a la naturaleza ambigua del personaje. No es claro si la imagen que nos ha legado la conciencia colectiva es de signo positivo o negativo; si es heroico, trágico o patético. Sentimos empatía con Atahualpa en la medida en que es la primera gran víctima de nuestros pueblos originarios en la conquista del Perú, pero cuesta trabajo mantenerla cuando recordamos la facilidad con que fue capturado por los españoles en Cajamarca, donde se presentó con un cortejo de tres mil personas desarmadas, en una decisión que aún hoy nos deja estupefactos”.

“Por alguna razón esta ambivalencia hizo coto en mi corazón desde que tengo memoria. He leído desde muy joven todo texto que tuviera que ver con Atahualpa como personaje. Por motivos que me sobrepasan, en el momento de mi vida en que decidí escribir mi primera novela, la neurosis colectiva que he mencionado se volvió una neurosis personal. Creo profundamente en el poder curativo de la palabra. Estoy convencido de que las palabras apropiadas dichas de cierta manera pueden sanar a una persona, restaurar una relación”, afirma.

“Cuando fue claro para mí que mi primera novela tendría como evento principal a un infructuoso intento de rescatar al Inca Atahualpa, fue evidente que debía ser una novela de aquellas que antes llamaban totales y ahora, de manera más realista, denominan simplemente polifónicas”, agrega.

La novela tiene 778 páginas y nos hace viajar al mundo prehispánico, donde El Inca Atahualpa, Señor del Principio, ha sido capturado por unos extraños barbudos que han llegado hasta Cajamarca montados en llamas gigantes y premunidos de mortales cilindros en los que habita Illapa, el dios del Trueno y el Relámpago. El libro fue publicado en 2018, pero en 2022 ha sido reeditado y consiguió un gran suceso en Perú, donde fue considerada por la crítica como una de las mejores novelas peruanas del siglo XXI.

“Lo que ofrece la novela es una perspectiva indígena de esos eventos que usualmente han sido reconstruidos a partir de la historia a partir del punto de vista de los españoles. La trama de la novela es bastante simple. El Inca Atahualpa fue capturado, él permaneció en cautiverio por 8 meses y sin embargo fue ejecutado a pesar de haber pagado un rescate. Había tropas en los alrededores de Cajamarca dispuestas a rescatar al Inca Atahualpa”, afirma.

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Rafael Dumett
La novela se permite imaginar ese fracasado intento de rescate. Foto: Cortesía

La novela se permite imaginar ese fracasado intento de rescate.

Una de las cosas que están pasando es precisamente revisar esa historia, ese prehispanismo que ha pasado Latinoamérica, para que no nos digan los españoles qué pensar.

“Ojalá suceda eso y que esta novela contribuya. La recepción que ha tenido en el Perú permite suponerlo así. Ha creado un impacto muy fuerte”, dice.

“Es un hombre lleno de contradicciones. Las informaciones son bastante escasas, pude reconstruir sobre él en su retrato físico, en la crónica de Pedro Pizarro, no es gratuito que sea tan difícil tener una imagen de él. Por una parte, es la víctima de la Conquista, pero al mismo tiempo es la imagen de un perdedor. Todavía no termino de comprender qué pasó por su mente, cuando fue apresado”, afirma.

“Hay una cosa muy interesante que está ocurriendo en México, estoy leyendo una historia de Federico Navarrete donde dice que en la Conquista, hubo mucho más de dos protagonistas. Navarrete postula que hay que reclamar la esencia de grupos mexicanos indígenas, que participaron de manera muy activa en la conquista de México. La figura de la Malinche, por ejemplo”, agrega.

“Claro, la Malinche no debía ningún tipo de lealtad a los mexicas, porque ella no era mexica. Aplicar el criterio de traidores no corresponde, hay que tomar con pinzas cada uno de los criterios todos los argumentos con que hemos juzgado a los personajes. El proceso de los pueblos tiene que ver con el que pasa una persona. Hay un momento en que la persona debe mirarse al espejo y aceptar las cosas traumáticas que le ocurrieron y aceptar el involucramiento que tuvo en ellas”, expresa.

“Todas estas personas que son pandilleros, deberían revisar la propia historia. Revisar podría tener profundos efectos psicológicos, es muy interesante recuperar la conciencia de nuestro propio rol histórico y en el que no fuimos solamente víctimas”, dice.

Volver a la vida natural como expresión de un deseo de no extinguirnos comprueba lo que dice Dumett: “La cultura andina nunca ha muerto. Hacer el ejercicio de poner en el foco nuestros ancestros prehispánicos, es una manera de recuperar esos ojos originales, esa relación especial que tenían con la naturaleza, con el río, con el cielo, con técnicas antiguas para poder manejar nuestros recursos hidráulicos. Ver, registrar, recordar, puede ser conciencia en nuestra recuperación del planeta”, afirma.

¿Qué representó a él como escritor hacer esta novela?: “No sé si corresponde decir literatura al ejercicio que hice. El ejercicio que hice muy simple, yo tengo un background de estudios de teatro y lo que hice fue lo que hace un actor sobre un personaje. Traté de ponerme en el lugar de Atahualpa con todas mis fuerzas. Mi familia es de Ayacucho, la tierra de la que procede Atahualpa, la primera lengua de mi padre era el quechua”, dice.

“Una vez que descubrí que había personajes fascinantes para mí, pensé que los tocabas hasta las últimas consecuencias o no los tocas. Era una recuperación familiar para mí también, apelando a cierta disciplina y a cierto respeto de las personas en cuyo pasado me iba a meter”, agrega.

Ningún editor quiso publicar el libro durante ocho años, porque no confiaba en el lector al que Dumett estaba apelando. Hoy, más allá del bestseller, se siente contento porque “una comunidad indígena compre el libro y se lo vayan pasando de uno en uno”.

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