Caracol de mar

La delicadeza gastronómica en un espacio casi zen: Caracol de mar

Esa es la comida de Caracol de mar: una delicadeza, algo que uno tiene que disfrutar de a poco e ir descubriendo cada una de las propuestas que hace el chef.

Ciudad de México, 4 de mayo (MaremotoM).- La delicadeza en un plato y la osadía en presentar un restaurante en pleno centro. Esos son los desafíos de Caracol de Mar, en el nuevo Hotel Círculo Mexicano, en Guatemala 20, justo al lado del Centro Cultural de España.

El Centro Histórico tienes muchísimas posibilidades, es un paseo todo el tiempo y ahí está el Corona, los tacos y garnachas de todo ver, está por supuesto el restaurante del Claustro de Sor Juana (el Zéfiro), por supuesto uno de mis restaurantes preferidos, El Azul Histórico (con el chef Ricardo Muñoz Zurita), el 40 y 20 (muy caro, según mi opinión), pero lo cierto es que con toda esa oferta, hace falta más para una de las ciudades turísticas principales del mundo.

Lo que falta, obviamente, son más restaurantes, bares y sitios donde poder disfrutar del paisaje y probar la nueva comida mexicana.

Gabriela Cámara, responsable de Contramar (ese lugar en La Condesa donde vamos de vez en cuando), que tiene como dato que es uno de los mejores lugares de mariscos, está a la guía de este sitio, donde se ha hecho el Hotel Círculo Mexicano, donde antes había una residencia de curas y es propiedad de los sacerdotes que manejan la catedral.

Caracol de mar
Gabriela Cámara, chef responsable de Contramar y de Caracol de Mar. Foto: Cortesía

Precisamente, está frente a esa iglesia donde recientemente se han descubierto antiguos teocallis, los templos de los dioses mexicas.

Es una zona donde el restaurante Caracol de Mar está escondido, pero casi todo allí es como un sitio de descubrimiento. Los autos no están entrando a la calle Guatemala y Monte de la Piedad y es una ruta peatonal, donde además del Centro Cultural de España, hay una cervecería, también un sitio de comidas puesto por los diseñadores mexicanos (está increíble ese lugar) y también una óptica y etcétera.

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Ceviche de pesca, con leche de tigre, hoja santa y maiz. Foto: MaremotoM

El nuevo hotel es de piedra y tiene líneas muy finas sin dejar de caer en lo rústico y monacal que tiene el edificio. Ambrosi-Etchegaray son los responsables de la arquitectura y en el centro han puesto al restaurante Caracol de Mar, alrededor del cual unos negocios, entre ellos una boutique de Daniel Espinosa (era de noche y no pudimos ver todos los negocios), que es hermosa.

“Los interiores fueron concebido con piezas y figuras que pertenecen a mi colección personal, que he ido recolectando de lugares que he visitado”, comentó Espinosa al Sol de México.

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La tienda logra reflejar el espíritu multicultural de nuestra ciudad. Aparecen obras de arte que van desde mesas de estilo art déco y complementos de madera tallada y lacada, además de pinturas y artesanías, enmarcados por paredes de 6 metros de alto en tonos coloniales.

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Álvaro Vázquez, chef de Caracol de mar. Foto: Cortesía

Una de las características que tiene Caracol de Mar es la iluminación. Desde lejos, se ve un techo como si fuera un sol. Adentro, a pesar de que es un lugar abierto, posee la intimidad de un sitio zen. Eso es lo que aporta a una ciudad vertiginosa, que no sabe parar y que muchas veces nos deja exhaustos.

La delicadeza en la comida es responsabilidad del chef peruano Álvaro Vázquez, que trae toda la onda nikkei de la comida de su país y que la une con lo mejor y menos conocido de la comida tradicional mexicana.

Caracol de mar
Un restaurante maravilloso en la vertiginosa ciudad. Foto: Cortesía

Una tostada de atún, con limón amarillo y furikake fue la entrada, en una propuesta que también definió Gabriela Cámara: la proteína como parte del menú y no como el centro. ¿Cómo puede ser algo delicioso una tostada? Es algo que nos enseña la comida mexicana y Álvaro da vuelta esta historia y multiplica el sabor que explota como un estallido.

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Jamaica Mezcal. Foto: MaremotoM

El ceviche de pesca, con leche de tigre y maíz ofreció un pescado muy bueno, aunque el maíz estaba un poco duro y tuvimos que dejarlo. El tamal de berenjena, encacahuatado y quintoniles fue la maravilla. Creo que fue el mejor plato que comimos, aunque la Pesca con Teriyaki de morita no se quedó atrás. Lo picante de los alimentos no estaba. Había en la crema de col tatemada y quelite cenizo un sabor fuerte, muy mexicano, pero que se podía comer.

Esa es la comida de Caracol de mar: una delicadeza, algo que uno tiene que disfrutar de a poco e ir descubriendo cada una de las propuestas que hace el chef.

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Tamal de berenjena. Foto: Cortesía

Un cóctel de Jamaica mezcal, con licor de chile, Jamaica y sal negra no me gustó tanto porque definitivamente no me gusta el mezcal, pero el resto de los comensales lo tomaba. No fue placentero el Pay de queso Ocosingo, para mi gusto mucho queso.

La velada fue deliciosa. Con Chela Fierro, Gabi Martínez, Paulina Villaseñor, colegas, hablamos de todo, entre ellas, la gran belleza de la Ciudad de México.

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