Ariana Harwicz

La escritora Ariana Harwicz contra la cultura de la cancelación

“Dentro de unos 30 o 40 años ya van a estar los que vengan a reparar todo el daño que se le ha hecho al arte, todas estas reescrituras, censuras, explicaciones al lado de los cuadros, el adoctrinamiento, ni siquiera lo vi dentro del régimen soviético”, dijo Ariana.

Ciudad de México, 29 de marzo (MaremotoM).- Degenerado, de Ariana Harwicz, editado por Anagrama, es un gran libro. No sólo porque ella es una gran escritora, sino porque pone en el centro a los abusos haciéndole hablar al pedófilo. Es un gran monólogo que a la usanza de William Shakespeare en Macbeth, el hombre va y viene por un discurso que trata de comprobar su entereza, aunque cada oración marque su culpabilidad.

Es un texto circular por donde el deseo es más fuerte que la moralidad social y en donde la autora pone al lector contra las cuerdas, enfrentado al destino propio por donde la moral es producto de uno, más que las normas que nos imponen a cada rato.

“La mente es como un trineo inmundo que nos arrastra por malos caminos dejando huellas para que nos atrapen”. Así da inicio este texto degenerado, violento, salvaje, celiniano y beckettiano, de imposible lectura para oídos finos -abstengánse también moralistas- y que plasma la voz corrupta de un pedófilo acusado de matar a una pequeña”, dice la crítica de Ricardo Baixeras en El periódico.

“Pensaba si siendo mujer no es mucho provocar poner un pedófilo que dice que el deseo no es legislable, que es incontrolable, que la chiquita sintió algo. Pensé que me iban a destruir, pero hacer algo que más o menos se acomode a las expectativas de la época me hubiese hecho sentir muy mal conmigo misma. Creo que la ética del escritor o del cineasta es hacer la película o el libro que tiene que hacer. Me arriesgué y creo que salió bien porque hay un interés por leer eso también. Está lleno de libros que cuentan el feminicidio desde una víctima y por ahí son excelentes, pero este lo cuenta desde el victimario”, dijo Ariana Harwicz en El País, en una entrevista firmada por Mar Centenera.

Leer El degenerado es leer un discurso disruptivo. Es tratar de explorar y de completar con muchos conceptos la idea del feminicidio, del abuso, en un momento además donde si bien no hemos podido frenar ese delito, hoy sabemos mucho más de él.

Leer por ejemplo a Michel Houellebecq es encontrarse con un escritor profundamente misógino. Ver el documental de Mia Farrow es ver a Woody Allen como un abusador. Leer a Vanessa Springora es descubrir lo machista y patriarcal que era Emile Cioran. Pero ninguno de estos argumentos borra el talento de cada uno para propiciar lo que hoy se llama como “la cultura de la cancelación”. Y es esto de lo que está en contra Ariana Harwicz.

La hemos visto este fin de semana en el nuevo ciclo de Los 7 locos, que ya tiene más de 30 años al aire, conducido por la periodista Cristina Mucci, quién comenzó el programa hablando de El degenerado, de Ariana Harwicz.

“Lo que hace Ariana es hacer hablar a un pedófilo y asesino, un personaje espantoso y lo hace hablar en El degenerado. Y sacó una nota en los diarios diciendo que tenía muchos problemas para traducir la novela, que había muchas editoriales que no la querían traducir. Ella habla y creo que con razón del arte. Entramos a esta cultura de la cancelación, tan difundida en estos tiempos”, dijo.

Leer El degenerado es leer un discurso disruptivo

La escritora fue contactada por Los 7 locos. “Cuando la escribí todavía no era lo que es ahora la cultura de las identidades, tener que nombrar a un escritor por su etnia, su raza, su elección sexual antes de decir que es poeta o pintor. Esto que yo llamo acorralamiento ideológico en torno a las identidades. Pero yo ya sentía que como mujer latinoamericana tenía que escribir sobre determinados temas. Nadie te obliga, pero hay algo tácito que me daba la sensación de que tenía que escribir sobre determinados temas. Yo había escrito sobre personajes femeninos, aunque no desde el feminicidio sino desde lo humano, pero tenía ganas de dar el salto de escribir sobre el indeseable, sobre el chivo expiatorio, como un experimento literario. Anagrama la publicó y muchas de las editoriales, con el contrato firmado, decidieron no traducirla”, explica desde Francia la autora argentina nacida en 1977.

“Después conversando con algunas editoriales, que ya tradujeron Mátate, amor, me enteré que no la traducían porque el clima político no era el propicio. Pero, ¿cuándo un clima es propicio para recibir un cuadro como el Guernica o para recibir una obra desde el punto de vista del verdugo? Eso no debería ser la brújula que tenga un escritor nunca”, agregó.

“Da la sensación de que se confunde lo que es literatura o arte con la realidad”, dijo la periodista Cristina Mucci, frente a lo cual Harwicz declaró: “El arte o la literatura es disruptiva por naturaleza. Lo que me anima a mí escribir es ese ánimo de romper, de lo que corta el pensamiento lógico, de lo que va contra el consenso. Muchos autores escribieron desde el punto de vista del verdugo, mi editor francés me dijo off the record: acá no te lo van a publicar nunca”, expresó.

 Ariana Harwicz
La autora en Los 7 Locos. Foto: Cortesía

Mucci destacó a la película Lo que el viento se llevó como cancelada o a la autora de Harry Potter, J. K. Rowling, quien tras hacer unas declaraciones anti trans, fue quitada de varios círculos. “Hay como una corriente mundial alrededor de esto”, precisó.

“Dentro de unos 30 o 40 años ya van a estar los que vengan a reparar todo el daño que se le ha hecho al arte, todas estas reescrituras, censuras, explicaciones al lado de los cuadros, el adoctrinamiento, ni siquiera lo vi dentro del régimen soviético”, dijo Ariana.

La periodista habló del caso de Marieke Lucas Rijneveld, que no pudo traducir a Amanda Gorman porque no era negra. Lo mismo pasó con el catalán Víctor Obiols.

“Escribir es una ficción te llames Amanda, Shakespeare o Ariana Harwicz. La reducción al absurdo es tan grande que da para un sketch y reírse inmensamente. Lo más terrible es que todas estas medidas cuentan con la complicidad de los editores. Todos tienen miedo y no sé por qué. Algún miedo toca, hay una sensación de terror que te lo dicen los propios periodistas. En Europa se organizan en París, a la luz del día, reuniones prohibidas a hombres y a los blancos en general. Eso es fascista, claramente. Es legal y lo están permitiendo. Nunca se arma una guerra sin cómplices. Está el miedo que te borren del mapa, el linchamiento mediático funciona. Traducir además es ir al encuentro de lo otro, nada más opuesto a la identidad idéntica. Yo estoy contenta de que me traduzcan los traductores más distintos a mí.”, dice Harwicz.

Ariana Harwicz
Un gran libro. Foto: Cortesía

Fragmento de El degenerado, de Ariana Harwicz, con autorización de Anagrama

La mente es como un trineo inmundo que nos arrastra por malos caminos dejando huellas para que nos atrapen, callate y decí por qué la manoseaste, por qué la infiltraste en tu casa para enseñarle sobre las aves y las abejas. Cuando está así frente a un trofeo y más si tiene posibilidades se lo ve salido y asqueroso, como un infectado y da vueltas, vueltas, agarra las latitas de cerveza que dejaron los otros, se arrastra, se pierde, parece un chico malcriado, pero si no, le juro que suele ser un vecino ejemplar, doy fe, gendarme, un vecino sin historias, un hombre normal, si hasta fue él el que nos ayudó con toda la instalación eléctrica acá, antes esto era un chaperío. Se le cambia la cara, los ojos así todos

abiertos con ronchas, parece que está viendo un expositor de pollos asados cuando le agarra, gendarme, no crea nada a su defensa, y pensar que era nuestro vecino más bueno, tengo tantas anécdotas con él, tengo fotos, videos, se los puedo mostrar, veranos

juntos, no puedo creerlo, una vez nos metimos al mar y juntábamos caracolas marinas, otra vez navegamos hasta el anochecer en un velero, hicimos tantas rutas juntos en los jeeps y en camello, se la pasaba en mi jardín, comía en mis platos, bebía en mis copas, no puede ser que sea él. Yo lo veía encorvado ir y volver por la acera fijando los ojos en la luna,siempre me pareció un sospechoso. Me sacaban a mí también de la cuna en plena noche, siempre disfrazados, me sacudían como a una palmera en un tifón, me llevaban al campo vacío, oscuro, ventoso, la nieve horizontal no dejaba ver los alambrados y yo daba un grito espeluznante.

¿Por qué te descargaste con una que apenas empezaba a caminar? ¿Qué necesidad? Por suerte se retiró ese verano repugnante, gelatinoso, como todo este caserío, como todo este gentío oliendo a campesinos disciplinados, a pueblerinos hechos en serie,

alineados, marchando débiles, asustadizos, achanchados, qué diferencia entre uno de ellos y un roedor atrapado en la despensa, el queso en el hocico o un caballo tomando con la lengua de la pileta de plástico, nada excepto que unos tienen carnet de conducir. Por suerte los gatos empiezan a morir con la canícula y cuando llegan las heladas ya tienen los

órganos severamente dañados, se tiran con un ojo en compota, rasguñan las ventanas, se dejan pisar por furgones y remolcadores. Él los dejaba del otro lado de la ventana sucumbir contra la sombra y la nieve, nosotros eso lo advertíamos pero nos parecía

tolerable, señor, hay gente que siendo normal tiene sus vicios. Te vimos llegar al pueblo como un hombre cargando antorchas y palas, te vimos sembrar tus madrigales, tu huerta, construir tu aguantadero, dejarte cortejar por alguna vecina, y mirá. Por qué nos hiciste esto, todavía hay gente que te quiere, no puede ser verdad, es todo un pueblo que sufre y fueengañado. ¿Tenés avidez de todas las chicas que juegan a las escondidas en los matorrales? ¿Querés ponerles trampas para conejitos? ¿Querésofrecerles caramelos de anís? Él las vio crecer a todas. Él vio crecer a nuestros hijos. Él estaba en los bautismos

y en las salas de las parturientas, en las celebraciones en los galpones con guirnaldas y bafles. Él vio caerse a nuestros hijos en sus primeros pasos, si hasta una vez rescató a uno de lo más alto de un tobogán mientras la madre trabajaba en el centro. Las vecinas no paran de llorar desde que se supo. Afuera esperan que sea mentira, en shock, dicen que sus hijos lo adoran, le piden que les haga upa, que los haga dormir la siesta y cómo se le explica a un chico que no hay que querer, cómo se le dice, gendarme, a un chico que su vecino al que quiere es un criminal. Qué fastidio que se crean astutos al cazarme, debería haber comprado esos cristales para huracanes, conseguir buena madera en el monte que da a la salida pavimentada y tapiar para siempre todas las entradas.

Se instalaron afuera y me colgaron desnudo junto a un asno, te gustan los bicharracos eh, te gustan los dientitos de los cobayos y la lana de lasovejas, cuanto más peludo mejor hein, te vieron por ahí bicheando. Esperarán todo el paso de la negrura, armarán campamento y estarán cuando vuelvan mis ojos. Vamos a carbonizar tu casa, con vos

adentro, con esa pianola, todo arderá. Otros en cambio me avivan al crimen, defienden mi bondad, me traen bizcochos de avena las mujeres y algunos signos de amor fanático. Ropa interior en la ligustrina, besos de rouge pegajoso en sobres de papel.

Voy a decirles exactamente lo que hay en mi corazón pero antes si me dejan pasar a cerrar el corral que tengo que encender la garrafa antes del toque de queda. Estoy rodeado de pequeños mosquitos como dientes, cuando no hay viento ni llueve, todo se inunda con moscardones. Ahí husmean mi despensa y se llevan todos mis huevos calientes, mis hortalizas, los tiran contra la medianera y las rosas, pero para qué perder saliva, qué puede importar eso con los faros policíacos en el cogote. Por ahora estoy a salvo en mi cabaña, no existe música alegre como no existe una vida alegre. Miro la niebla fosca, el amor es otra cosa, no se puede controlar, miro la niebla calina, es lo que intento decirles con el cinturón de explosivos.

Una pila de gente se amontona frente a mi portón, nunca pensé que eran tantos por acá, hay más que en el último festival de música y comparsa en el día del vinicultor, más que en el mercado cuando quedan restos de pescados y se abalanzan, se les suspendieron todas las tareas domésticas o les parezco el mejor plan dominguero. Una pintada en mi pared con eso de abuso y un dibujo escabroso de burro. Otros una pancarta con un viejo fornicando una cabra tomándola de los cuernos. Esta gente tiene mucha clase. Nadie me preguntó pero yo soy filosóficamente de derecha, políticamente anarquista, a los soldados los quiero avanzando con las piernas dentro del pantano y los disparos al aire. RRRRRRRRRRR a darle a todo. La elite biempensante lee a Genet porque está bien fallecido, recuerdan a Céline y visitan su casa de campo como mausoleo porque terminó pobre, y a Kerouac pero a ese no lo aguantarían ni un solo segundo, Malcolm Lowry, lo echarían a patadas al tan adulado, desde la mirilla lo olerían y no le abrirían la puerta en una cena de navidad ni bajo orden policial. El Wild Turkey doble mientras no haga estragos, ven documentales sobre nazis y visitan el Mémorial de la Shoah en honor a los seis millones porque están sucumbidos, la historia pasada de otro siglo, la historia mentira de los bebés y los cráneos de las madres en primera línea de la fosa para ahorrar balas. Desdeñan el antisemitismo de hoy con los Juden en los negocios de St. Honoré y los tributos a los esclavos y qué mierda la esclavitud, los negros limpiando sus reposeras

Te puede interesar:  ROSA BELTRÁN | Atraer de nuevo al público tras la pandemia, desafío para la Coordinación de Difusión Cultural

con la otra mano disponible. No existe la compasión como no existe la clandestinidad. Se lincha a un inmigrante de diez porque robó, lo linchan entre todos, causa común, justicia del patrón. Se apedrea, se lapida, se soba, se sodomiza. Pero eso no es lo que quiero decir. Los europeos de este nuevo siglo cómo agradecen, cómo usan de bien la fórmula, doblan lento en las curvas, se respeta la velocidad máxima y se susurra en los camarotes estos ecológicos y austeros son más basuras que los otros inadaptados sin papeles. Son más avaros que las otras razas dejando cáscaras de bananas en los pisos de las Aires d’autoroute. Y los israelitas aburguesados que callan cuando hay que callar. Pero eso no es lo que quiero decir en absoluto, perdón, hablar es una cuestión de rigor, hay que reprimir, hay que guardarse, hay que ajustar el cinto de las palabras, gobernar el timón, seleccionar lo que se piensa y tener el coraje de descartar cada palabra que no sea justa.

Dentro de poco vendrá el despido, el camión del correo estaciona con el motor encendido en mi puerta y no habrá más que ir a buscar el sobre conlas palabras obscenas; Estimado señor, dos puntos.

Me leerán el pedido formal de quitar mi puesto y me quedaré otros diez días más empollando en la mecedora hasta ser un anciano. Me resisto a terminar en ronda en un geriátrico de la periferia moviendo las manos. A la derecha, a la izquierda. A la izquierda el pasito, a la derecha. Levanto las cajas con botellas de alcohol, las dejan en mi puerta, camino hasta los basureros y a medida que avanzo a paso lento un perro detrás de una reja me ladra como si fuera un raptor, otro viene a averiguar mis olores, la caja gotea coñac sobre mi calzado y mi pantalón de corderoy. Vecinos adictos, si quieren ingerir desinfectante de la mañana hasta la noche, si quieren despertarse con la mano embutida en la ampolla que después se meten en el ano, que no las dejen en la puerta de mi casa. Tiro por las mañanas una a una las botellas por el agujero de plástico, las manos sucias y la vuelta con un dedo cortado y pestilente. Ida y vuelta tres viajes y mañana volverán a dejarme las cajas en la tranquera. De la garganta para afuera es todo tan vicioso pasados los setenta cuando el balde con tu excreción te cae, te dicen aquí estamos, abuelito, aquí está la sociedad ilustrada para ayudarte porque te amamos, con esa voz suave caes en el ahogo de que alguien más te pueda escuchar, el otro ofreciendo al veterano un buen plan financiero para el asilo, un préstamo, porque te aman, eso sí, porque te respetan, abuelo. Me lavo las manos en mi memoria y enciendo la luz por primera vez en todo el día. Me importan un comino los rezagados, mejor pasarse de la raya que quedarse corto, mejor ser colgado de las bolas y si resisto paran, y si no, al río. La delegación de Francia regida por Louis Aragon prefería a Stalin antes quea Proust, la delegación aprueba y elogia el gulag públicamente. Estoy dispuesto a morir por Stalin, si tuviéramos que darle nuestros pulmones, le daríamos nuestros pulmones. La hija diciendo si mi papá me quiere, no me importa que me odie el resto del mundo. Elegir la víctima, preparar el golpe, satisfacer una venganza e irse a dormir. Stalin formula el odio mejor que nadie, el Camarada lo inventa para su siglo, ¡gracias, camarada! Ya estoy en mi escritorio de pupilo. Afuera los vecinos hacen uso de su creatividad a favor y en contra. Los que me odian a un lado de la zanja, los que creen en mi inocencia, al otro y entre ellos la lucha campal.

Todo amor es un crimen pero cómo podría vivir sin eso. La niebla volvió. Era lo único que quería, una vida envejeciendo a la par y ella admirándome.

A veces pienso que cuando estaba adentro en el medio de una noche ella querría abrirse rápido, abrirse la vagina de un tiro para conocerme, para ceñirme, para abortarme. ¿Alguno fue molido con una roca filosa y seca una tarde cerca del claustro?, ¿alguien ahí afuera levitó como un monje sobre un colchón de resortes en un castillo del siglo XV?, ¿quién se animó a ponerse en cuatro las rodillas grabadas en la piedra caliza esperando a que lo monte un perro?

Entonces no vivieron nada, lo que es peor que ser acusado por tu village, lo que es peor que ser incriminado y salir en los noticieros del municipio. Lo que es peor que ser un extranjero hasta en la lápida.

Nos tirábamos en la nevisca y entrábamos a las capillas a pedir clemencia, la felicidad existía entonces como forma pura por una única vez. Voy a decirles ahora lo que hay en mi corazón, no digan que estoy achispado. No soy Julio César, no soy el Maréchal Foch, no soy ni siquiera De Gaulle, estamos de acuerdo, pero tengo coraje. Ahora que bajó, como mengua una bandera el día de luto, la tarde sobre el cielo, ahora que me tropiezo voy a salir a dar de comer en la boca a mis cobayos, a mis cuatro zorros escondidos del otro lado de la reja. Se mantienen vigilantes, son zorros mejorados de su especie, ustedes siguen atrincherados. Voy a salir con micinturón de explosivos. Túrnense para gritar porque no se entiende nada, vayan de a poco en el odio, prueben a increparme de a uno, un mínimo de orden pido, primero los que me quieren ver colgado, después los que proclaman el principio de inocencia, que la Ley sentencie, ja. La vejez puede ser el más rutilante y precioso resarcimiento, mírenme si no. No estoy borracho, no estoy ni meado ni cagado, no se me sale el escroto, no tengo nada postizo y el pantalón tiene el cierre en su lugar. La masa humana conjugada a su lucha por causas y reclamos sociales da una imagen exacta de la idiotez de la gente. Dejan sus papelitos en la carretera, acampan a la sombra de mis árboles, exigen justicia social con letreros y palabras floridas pero adentro del hogar son la peor lacra.

Salir en medio de la llovizna bol en mano con pan y otras sobras, leche perimida, restos de una masa, dando saltos sobre las baldosas para no patinar. Se ríen y aplauden cuando resbalo y caigo salvando el bol. Logro llegar a la tranquera enganchada con un alambre, dejo el bol en el pasto bilioso, los otros detrás con la boca tapada cortando la única calle del village. Esos de la rama dura no me vieron salir, si no saltarían la empalizada. Les tiro el menjunje en la boca a los cobayos en sus jaulas, no puedo vaciarles el humus insalubre, no puedo dejarlos corretear aunque se atrofien, a ver si algún policía de civil me los roba. A las gallinas les lanzo el grano desde lo alto, se vuelven locas tirándose arriba, se chocan entre ellas, pierden las alas, quedan tuertas con los parásitos a la vista. No me quedan más que tres salchichones para tirarles a mis zorritos, salten alto, así me gusta, qué guachos son, una salchicha cada uno, dije, una cada osobuco, y siempre está Glenn que se las arranca a los otros del hocico con una mordedura y los deja famélicos. No sé cómo hace para sacárselas mientras salivan, tendría que aprender de él. Si no electrificaba la verja las descogotaban a todas. Los gritos siguen su curso como el ruido de unanave que se aplana, por menos un hombre despellejó la cabeza y el cuello de un cachorro de tres meses y lo tiró a la calle. Ya no podemos esperar, salí delincuente, para vos no hay mejor solución que el rifle sanitario. Llamamos a la policía. Pregúntenme bajito si puedo dormir, ¿podésdormir?, vengan a mi retiro a echar un vistazo a lo que soy, verán comono, ni después del somnífero del sexo. Darle duro al ganso y torrarse inconsciente, ni eso se puede. Delincuente, ya me voy acostumbrando a esa palabra.

Deficiente, no, era delincuente. Recuerdo en la nieve una noche ponerme desnudo boca abajo para que un carro tirado por siberianos me alcance y esperar rogando, rezando en el tembleque. Pero enseguida despertar y copas emblanquecidas como molinos de hielo. Pero enseguida despertar y ser viejo.

Ahora mojado y con hambre no puedo salir de mi ratonera ni a ver las banderas de los triunfantes, ni a escuchar campanadas de algún entierro al que asiste toda la región. Morirse a los noventa, morirse después de una vida ordenada, sacar la basura, meter la basura, sacar la basura, pagar impuestos y dar de comer al gato. Se saludan amables y cruzan los brazos por detrás de la espalda en los entierros de provincia, en los de ciudad se usan anteojos negros. Nada es puro, es mi única conclusión hoy. Todo lo que corrí a ver qué había, todo lo que busqué afuera, lo que haché, lo que intenté abrir la puerta de los trenes aunque me rompieran la nariz y me dejaran inconsciente en el pasillo, todo lo que me saqué la ropa con los polizontes corriéndome en los pies de las localidades, todas las veces que simulé dormir, hallazgos en campo abierto entre faisanes, los sainetes, los escupitajos, tirarme de la cama, trozar lascuerdas vocales, arrodillarme frente a los altares de otros, mi Coronel, plegarme a los valores de otros, todos los proverbios, todas las proezas en ambulancia, los miles de kilómetros de las forzadas cogidas escabrosas, las balas entre las patas y en el abdomen, la arena con los desatados, toda esa infidelidad que se acumula como grasa debajo del pavo en el Día de Acción de Gracias, todas las aventuras soñadas, todo en lo que me di, la corona rodando tan alto, toda esa promesa que el mundo me hizo era farsa.

Sentados en la mesa papá levantó la copa después del rezo y preguntó a mamá si sabía dónde estaba el clítoris. Bajamos la cabeza pensando que era algo malo, indecente o una enfermedad como la difteria, el tifus o pie de trinchera. Nos acordamos de ese vecino cuyo sueño era ser aviador y terminó con los dos pies amputados. Algo que tenía que ser de ellos los adultos. Después trajo un papel y un lápiz y le hizo dibujar a mamá dónde estaba el clítoris. Mamá no sabía, titubeaba, dijo, escrupulosa, por acá, por acá, por dónde, decía papá, dónde crees que está, y mamá mostró toda la zona del pubis.

Papá la besó en la frente y en el pelo, risueño, sos tan tonta, tan judía, tan bobalicona. Nosotros no entendíamos nada y eso a los padres les gusta, los hijos a merced de ellos, los hijos donaciones, los hijos subvenciones, los hijos un acto de caridad. Los hijos repitiendo que la Torre Eiffel queda en China o que vivimos trescientos años, los hijos ventrílocuos de papá y mamá.

Comments are closed.