Leslie Kern

¿La gentrificación es inevitable?

La semana pasada me di el gusto de entrevistar a la urbanista canadiense Leslie Kern, que vino a la Feria de Editores a presentar su nuevo libro, La gentrificación es inevitable y otras mentiras (Godot, 2022).

Ciudad de México, 12 de agosto (MaremotoM).- Si escribís la palabra “gentrification” en el traductor de Google (yo lo hice para traducir la entrevista), la primera traducción que sugiere es “aburguesamiento”. Puede parecer un detalle, pero que el algoritmo no lo traduzca como la palabra que solemos usar en castellano da una pista de que no estamos ante un concepto demasiado claro. En los últimos años esta palabra que a ti y a mucha gente quizás les suena rara, se independizó de los círculos más académicos y se usó por personas de a pie y por movimientos sociales para nombrar fenómenos urbanos de distinta índole y no siempre estrictamente vinculados al origen del término.

En 1964, la socióloga Ruth Glass acuñó este concepto para describir el cambio de composición social en Islington, un barrio al norte de Londres. La raíz gentry hace referencia a algo así como una burguesía en ascenso (de ahí el intento fallido de Google). Lo que Glass vio en ese barrio es que pasó de ser un área eminentemente de clase obrera a estar compuesta por familias de clase media alta en muy pocos años. “Glass colocó el desplazamiento en un primer plano, como rasgo distintivo de la gentrificación”, describe Kern al comienzo de su libro.

Pero el paraguas de la gentrificación incluye otras cuestiones: el encarecimiento del suelo, el uso financiero del mismo, su consolidación como reserva de valor y especulación, la renovación urbana tanto enfocada en el espacio público como en los servicios e infraestructura o en las casas y edificios. Pero también la llegada de comercios con productos más refinados, cierta romantización de zonas previamente abandonadas (típicamente de uso industrial o portuario), la llegada de artistas “cool” o hipsters, entre muchos otros factores.

Leslie Kern
Los pros y contras de la gentrificación. Foto: Cortesía

Es así como con el tiempo surgieron miradas diferentes sobre a qué hace referencia este concepto. La socióloga argentina María Eugenia Goicoechea sintetiza este debate en dos grandes miradas: una más culturalista o desde la demanda, cuyo principal exponente fue David Ley y una más estructuralista, liderada por el geógrafo escocés Neil Smith, quien se centra más en la producción de la ciudad y, por ende, en los actores económicos. Hay quienes piensan que estas son miradas antagónicas pero podríamos decir tranquilamente que son complementarias.

Vamos a ver qué nos dice Leslie de todo esto.

–¿Me tengo que asustar si vivo en un barrio en el que el alquiler es barato y de pronto abre una cafetería de especialidad o se mudan muchos artistas cerca de mi casa?

–Desafortunadamente, creo que tendrías que tener un poco de miedo y estar con los ojos abiertos para ver qué otras señales se avecinan que podrían señalar gentrificación. Porque esos pequeños cambios pueden ser una señal de que se avecinan cambios más grandes. Así que aunque estoy segura de que le darías la bienvenida a un buen café y a tener artistas como vecinos, tendrías que prestar atención al costo de la vivienda y otras señales de encarecimiento del barrio.

Leslie Kern
La gentrificación es inevitable y otras mentiras, libro de Leslie Kern. Foto: Cortesía

–En Argentina y en gran parte del mundo le decimos gentrificación a muchos fenómenos, por lo que el concepto pierde algo de peso específico, ¿cómo piensa que podríamos definir el concepto de gentrificación para que no suceda esto? ¿A qué se le suele decir gentrificación y en realidad no es gentrificación?

–La palabra gentrificación se usa a menudo para describir una amplia gama de cambios que están ocurriendo en las ciudades y también para describir cosas que suceden en el ámbito de la cultura que tal vez no tengan nada que ver con las ciudades y el desarrollo urbano, por lo que se convierte más en una metáfora. Y tiene razón, el peligro es que pierda algo de sentido. Cuando es todo, no es nada. Por eso algunas personas dicen que tal vez necesitamos un concepto completamente nuevo o una palabra nueva. Pero creo que aún no estamos listos para abandonar el concepto. Pero si estamos hablando de ciudades, debemos tener claro qué tipos de cambios son realmente gentrificación y cuáles no y la conexión entre la gentrificación y los diferentes tipos de desplazamiento, tanto el desplazamiento físico, como el simbólico o cultural cuando los lugares cambian y se vuelven muy desconocidos. Supongo que podemos mantener el término gentrificación, pero también podemos conectarlo con otros conceptos como financiarización, especulación, neoliberalismo y ver si están conectados o no.

–¿Cree que se puede hablar de gentrificación en ciudades de Latinoamérica donde hay carencias básicas a nivel urbano de la misma forma que se habla de ella en los países de América del Norte o Europa?

–Como alguien del norte tal vez no sea la persona adecuada para responder, pero creo que la gentrificación es un término flexible y se puede usar en diferentes contextos y la gente puede darle un significado que tenga sentido en función de dónde se encuentren. Aunque las razones detrás de la gentrificación pueden ser diferentes en lugares distintos, todavía hay algo útil en la palabra porque incluye la idea de una transformación de clase. Y creo que en ciudades de todo el mundo esas transformaciones suceden. Cafés, tiendas de artistas, edificios de apartamentos que se ven iguales, se sienten iguales. Entonces, tener una palabra que conecte esos cambios puede ser útil, incluso si las causas son diferentes.

–¿Pueden existir procesos de gentrificación sin que las personas sean expulsadas de sus lugares de residencia?

–Creo que sí. Aunque el desplazamiento ha sido una parte importante de la definición de gentrificación, creo que el concepto se puede usar en situaciones en las que no hay desplazamiento directo. Incluso en lugares como Puerto Madero, que no era una zona residencial y ahora tiene apartamentos y hoteles de lujo, podríamos decir que es un área gentrificada aunque no hubo personas desplazadas. Y la razón por la que podría estar bien usar el término es porque describe la llegada de una clase adinerada y una especie de toma de control de un área donde antes no estaban presentes. En otros casos incluso cuando las personas se quedan en sus barrios se sienten afectadas por los cambios que suceden, perdiendo sus redes sociales o viendo cómo los lugares que les gustaba frecuentar se ponen más caros o que sus hijos no van a poder vivir en el mismo barrio que ellos. Y en esos casos se puede hablar claramente de gentrificación y no estamos ante la presencia de desplazamiento físico pero sí simbólico.

–Tengo la sensación de que toda mejora del espacio urbano por parte del Estado (incluso algunas históricamente reclamadas por la población original de un barrio) puede provocar gentrificación, ¿qué se puede hacer para evitar que eso suceda?

–Por ejemplo, si el gobierno decide crear un espacio verde y mejorar un área seguramente sea bien recibido por los residentes y al mismo tiempo podría generar gentrificación. Pero la clave creo que es que esas comunidades tengan un mayor control o una voz más fuerte para decir qué necesitan y qué no. Entonces si después de que se hace ese parque viene un desarrollador inmobiliario y dice que quiere construir edificios a su alrededor para una clase acomodada, la comunidad debería poder decir que ese no es el tipo de vivienda que necesita. Para eso necesita estar en la mesa con los políticos, para ayudar a dar forma a su barrio y también tener un papel en la zonificación que limita los cambios de uso de la tierra.

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Puerto Madero, la zona gentrificada de Buenos Aires. Foto: Cortesía

–¿Podríamos decir entonces que la gentrificación y la renovación urbana no van siempre de la mano?

–En muchos casos el gobierno, por ejemplo en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX, se embarcó en megaproyectos de renovación urbana en barrios que anteriormente habían sido catalogados como marginales o peligrosos. A menudo derribaba bloques enteros de viviendas de clase trabajadora y los reemplazaba con torres altas o con parques e incluso con autopistas provocando un desplazamiento forzoso de población. En esos procesos podemos ver una conexión con la gentrificación porque hay un desplazamiento de personas y un intento de la ciudad de transformar el uso del suelo en algo diferente. Pero es importante decir que la gentrificación no es siempre liderada por el Estado, aunque es una posibilidad.

–¿Quiénes son y adónde suelen irse las poblaciones expulsadas por procesos de gentrificación?

–Las personas desplazadas por la gentrificación a menudo incluyen personas mayores, estudiantes, artistas, madres solteras, personas de la comunidad LGBTQ+ y familias de bajos ingresos en general. ¿Adónde fueron? Creo que el patrón es diferente en cada ciudad pero es una tendencia, al menos en Canadá y Estados Unidos, que la gente está siendo empujada a los suburbios, donde la vivienda es un poco más accesible que en el centro de la ciudad. Eso significa que tienen que despertarse a las 3 a.m. para bañarse, tomar un café y después de varias horas de viaje llegar a la ciudad. Quienes no se van tan lejos tal vez pueden tomar el transporte público, pero por lo general es de menor calidad y lo mismo pasa con las escuelas y otros servicios. Esa persona se aleja de todo lo bueno de vivir en una ciudad. Se da una tendencia contraria a lo que sucedió antes en estos países en décadas pasadas, cuando quienes se iban a vivir a las afuera eran personas más adineradas.

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–¿A qué te refieres con el relato económico de la gentrificación?

–Tiene que ver con la forma en que funciona el capitalismo, que sólo busca maximizar ganancias. Entonces, en este relato, entendemos la gentrificación como una búsqueda llevada adelante por el sector inmobiliario de tierra que pueda aumentar de valor, por lo que los vecindarios de clase trabajadora donde la vivienda y la tierra son relativamente baratas pasan a ser un objeto de deseo de la inversión del real estate. Si estos actores creen que un barrio va a cambiar o que ellos mismos lo pueden cambiar para hacerlo más rentable, la ganancia potencial va a ser más alta. El relato económico de la gentrificación es entender que la misma está principalmente impulsada por esta búsqueda de que la brecha entre el precio actual y el precio potencial futuro del suelo se maximice. Pienso que quizás el dueño de una sola vivienda de un barrio gentrificado puede sentirse feliz porque su vivienda ahora vale más dinero que antes, sobre todo en ciudades donde la tasa de hogares inquilinos son relativamente más bajas que en ciudades como Berlín o Barcelona. ¿Cómo se le explica a esa persona que vio un aumento en su único patrimonio que la gentrificación es algo malo?

Leslie Kern
Santa Fe, la zona gentrificada de México. Foto: Cortesía

Es una gran pregunta porque en muchos lugares, incluido Canadá, la persona promedio cuenta con su hogar y le viene bien que aumente su valor para, por ejemplo, el momento de jubilarse. Ellos quizás sienten que la gentrificación es un beneficio. Sin embargo, para esa persona que puede ver que el precio de su casa sube, la gentrificación la afecta negativamente a corto plazo porque el costo de vida empieza a subir, el impuesto a la propiedad que paga cada año o cada mes también sube, así como el costo de las compras en el barrio o el costo de salir a cenar afuera. Entonces, aunque su casa valga más, es posible que también esté gastando más dinero para quedarse en ese lugar. También podría darse el caso de que algunas de las cosas que apreciaba del barrio comiencen a cambiar. Por ejemplo si te encantaba tu panadería o el antiguo zapatero y esos comercios ya no pueden pagar el alquiler y se convierten en una cafetería de especialidad. Así, el barrio puede dejar de darle esa sensación de pertenencia porque incluso sus vecinos cambian. Así que supongo que la pregunta sería: ¿se puede convencer a alguien de mirar más allá de los factores estrictamente económicos?

–El despoblamiento de los distritos financieros y centros históricos de las ciudades a raíz de la ola de teletrabajo que disparó la pandemia probablemente dé lugar a nuevos usos de esas zonas. ¿Crees que en esa dinámica hay una posibilidad para la gentrificación? ¿Cómo se podría evitar que eso suceda?

–Si me sintiera optimista, diría que es una oportunidad para reimaginar cómo usaríamos esas áreas que tal vez permanezcan parcialmente vacías dándoles una combinación de usos que serían beneficiosos para la sociedad. Podríamos tener centros comunitarios, centros de cuidado infantil, vivienda asequible, servicios sociales y de atención médica ocupando parte de ese espacio. No es fácil adaptar físicamente estas edificaciones de oficinas y otras tipologías que además muchas veces se mantienen gracias a los altos alquileres que pagan grandes corporaciones, por lo que se necesitaría que el gobierno intervenga para darles un uso diferente. Y eso es un factor limitante, por eso reconozco que es una mirada muy optimista. Al mismo tiempo sé que, debido a la ubicación de esas áreas, son propiedades muy valiosas para el mercado inmobiliario, por lo que es probable que se quiera sacar provecho de eso en lugar de convertirlo en un bien público de algún tipo.

–De alguna forma vinculado con ese fenómeno está la cuestión de la turistificación y la incidencia de plataformas como Airbnb en las ciudades. ¿Crees que esos son fenómenos asociados a la gentrificación?

–Creo que el surgimiento de plataformas como Airbnb contribuye a la gentrificación porque eliminan las opciones de alquiler tradicional y las convierten en alquileres a corto plazo, lo que hace aumentar los precios de la vivienda. Entonces, sólo las personas más ricas pueden permitirse vivir en la ciudad. Ahí creo que hay una mezcla de gentrificación y turistificación, términos que están conectados porque a veces la gente es desplazada para dar paso a atractivos turísticos y porque en las zonas turísticas muchas veces los precios de las cosas empiezan a subir.

–¿Qué puntos en común unen tu anterior libro –Ciudad feminista– y el que estás presentando ahora?

–En Ciudad feminista discuto las formas en que la gentrificación a menudo se presenta como algo bueno para las mujeres, algo que hace que la ciudad sea más segura y acogedora, que tenga lugares en los que las mujeres están más cómodas. Y ciertamente creo que algunas mujeres se benefician de la gentrificación, pero son mujeres con privilegios en la ciudad. La realidad es que en promedio las mujeres todavía ganan menos dinero que los hombres, por lo que a medida que aumenta el costo de vida y la vivienda, es más difícil para las mujeres pagar esos gastos. Además, es más probable que las mujeres sean madres solteras y tienden a ser aún más dependientes que los hombres de las redes comunitarias del vecindario, ya que les ayudan a manejar los desafíos de cuidar del hogar y de los niños y poder tener un trabajo remunerado al mismo tiempo. Entonces si la gentrificación desplaza esas redes, tendrá un mayor impacto negativo en las mujeres que en los varones.

–¿Qué políticas urbanas de Toronto o de otras ciudades de Canadá crees que podríamos mirar desde las ciudades argentinas o de América Latina?

–Los Community Land Trust (NdeR: los CLT son parecidos a las cooperativas de vivienda sobre las que te conté acá) son una idea que está ganando popularidad en Canadá y Estados Unidos. Hay un par de cientos de CLT en los EEUU y son una forma de controlar el desarrollo y los cambios de la tierra y la propiedad con el fin de evitar su venta o su cambio de uso sin la aprobación de la comunidad, que tiene el control de la tierra por 99 años aproximadamente y eso garantiza estabilidad y seguridad de tenencia. Es necesario hacerlo en sociedad, por lo general con el gobierno, para ayudar a financiarlo.

–En Argentina hay experiencias similares pero no son muy significativas en términos cuantitativos, ¿en Canadá sí?

–No diría que esto es significativo todavía, pero las comunidades están prestando más atención a los CLT como una opción para intentar frenar o detener la gentrificación.

–¿Alguna vez sentiste que estabas gentrificando un barrio?

Sí, en el sentido de que como profesora y de piel blanca sería el tipo de persona que aporta determinado capital cultural a un barrio. Entonces, aunque no tengo mucho dinero y no estoy comprando casas para renovarlas y venderlas por muchísimo dinero, quién soy y los tipos de lugares que podrían llegar para satisfacer a personas como yo -como un buen café o un lugar para hacerte las uñas- dan indicios de que un barrio se está gentrificado. Entonces, más allá de mi intención, puedo ser parte de la gentrificación porque la llegada de gente como yo comienza a cambiar el perfil social del barrio, aunque sea inquilina y no gane mucha plata. La percepción de para quién es un barrio, lo que les gusta y lo que no les gusta podría ser parte de ese cambio.

Fuente: Cenital / Original aquí.

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