Jaime Mesa

La guerra civil se normalizó en todo el país y de pronto explota en un lado de nuestra calle: Jaime Mesa

El escritor acaba de publicar Resurrección, bajo el sello de Océano y califica a la violencia como algo inconcebible de no ser tratado en sus novelas.

Ciudad de México, 22 de diciembre (MaremotoM).- Es importante hablar de la violencia en México, sobre todo cuando es esa violencia lo que nos define y lo que nos hace a veces ciudadanos convictos en una gran prisión.

¿Es el crimen organizado o es el Estado?

Jaime Mesa acaba de escribir Resurrección, una novela corta para su nueva editorial, Océano, en algo que él mismo califica “como una historia rara, como algo en donde me largué a escribir sin mucho plan”, pero con gran sentido.

Jaime extrañaba mucho a Ramón Córdoba, el fallecido editor de Alfaguara y fue detrás de un editor, hasta que encontró a Pablo Martínez, que representa su nueva casa.

Jaime Mesa
Jaime Mesa acaba de escribir Resurrección, una novela corta para su nueva editorial, Océano. Foto: Cortesía

Dante pertenece a una dinastía muy renombrada en San Juan Betulia, un pueblo del norte de México que podría ser cualquiera. Teófilo, Servando y Ariel, los hombres legendarios de las generaciones anteriores, son conocidos como aquellos que han controlado el negocio y el destino de los habitantes de la región.

Sobre ellos se cuentan leyendas que han trascendido generaciones. Su vida y sus actos, de los que Dante tiene apenas vagos recuerdos, le serán revelados a través de la Ñañá, misteriosa acompañante que le da la bienvenida ahora que él ha regresado del exilio en Francia para despedirse de su madre enferma. Con su presencia y guía, Dante Mier recorre su natal pueblo y va descubriendo todas las capas de su realidad familiar.

Resurrección construye un México en el que la ternura y el horror caminan de la mano y en el que la violencia y las historias y leyendas que nos contamos para explicarla, son parte central de la herencia de todas las familias.

“La pregunta de hablar de la violencia de México, como lo hace Imanol Caneyada, a quien leo y admiro desde hace mucho tiempo y es pionero de trabajar en la literatura de esta guerra civil que llevamos desde hace bastante tiempo, entraña muchas definiciones. La guerra civil se normalizó en todo el país y de pronto explota en un lado de nuestra calle. Es inevitable no tratar el tema de la violencia. Yo sé que hace tiempo, a muchos escritores del altiplano, a los que todavía no les tocaba, nuestra prosa se dejaba ver como la violencia, pero no era nuestro tema De repente sería inconcebible no trabajarla, desde esta periferia, desde esta marginalidad, ¿qué podría yo como poblano saber de esta guerra civil que estamos viviendo?”, dice Jaime Mesa.

“Esta nueva generación, por edad, por geografía, estamos mirando ese evento con otros ojos. Nos damos el lujo de no sólo mirarlo como si fuera una crónica de primer impacto, sino de establecer diálogos con otras latitudes literarias. Aquí usé a Rabelais con Gargantúa y Pantagruel, ese propósito de exagerar la realidad, ponerla bajo un ojo de pescado, fue mi manera de tratar de repasar esa realidad. Ya no usé los periódicos, sino que usé a un autor literario”, agrega.

“Están los que siguen, la nueva generación, para que cierren el ciclo de la novela de la violencia. Ahora toca abordar el mismo tema, que no ha cambiado, con otros ojos y otras narrativas”, dice.

Jaime Mesa
La nueva novela, Resurrección. Foto: Cortesía

–¿Qué moral se desprende de Resurrección?

–Esa es una pregunta durísima. Tiemblo otra vez, porque no usé ninguna moral. Como escritor tuve que sumergirme en lugares que no me gustaría haber visto y en esta narrativa de contar el lado b. Los estereotipados como los malos no tienen vida doméstica, no se la han ganado socialmente. Esta polarización, los buenos, los que no estamos en un negocio ilegal, nos oponemos por existencia a los que trabajan fuera de la ley. No tienen vidas. Trabajan con la violencia. No defiendo ni ataco a los malos. El hecho de no tener un lugar específico y solamente ser un observador y un escucha de lo que está ocurriendo, le quito cualquier margen de moral y me meto en lo humano. Eso me exige muchísimo, sobre todo cuando me metí en las casas de ellos, a ver sus lazos afectivos que tienen parangones con nosotros, me daba mucho escalofrío. Fue correr el riesgo de esto, una de las partes más difíciles de escribir la novela.

Te puede interesar:  LUNES DE LIBROS | Sacrificios humanos, de María Fernanda Ampuero

–¿Cuándo admites que la violencia no viene fuera de la ley, sino del Estado?

–Otra vez brutal la pregunta. Creo que la novela es una declaración que la violencia viene del Estado. Las decisiones que a veces tomamos fueron medidas desesperadas. Son seis meses o seis años o mucho más tiempo de desprotección. De no tener qué comer, una enfermedad en un familiar y no tener un instituto que pueda atenderte ya o señalarte un camino para proceder. Los potenciadores de la violencia son la desprotección en salud, educación, económica y eso nos siembra miedo. Pensamos en el mal, pensamos que son malos de nacimiento y que la culpa es de ellos. La culpa es del sistema. Las narrativas del miedo y de los medios son la violencia, hay terrorismo, no salgan a la calle, no entendemos así que sabemos lo que sabemos lo construyó un guionista del sistema. Somos jugadores o actores de un teatro mucho más amplio, que son los buenos contra los malos. Hay una mínima parte de perversión y psicosis, que te obliga a estar ahí por gusto, pero el resto es que estás entre la espada y la pared, por el Estado, por el sistema.

–¿Para enfrentarte a ese guionista del sistema no hablas precisamente de México?

–Una de las cosas que me asigné fueron varias. Se nos ha vendido desde hace tiempo la idea de un solo México. Y que este México, canta mariachi, toma tequila y toma una sola dirección. Hay 400 México. Casi el número de idiomas que hay en este país. Tendría que ser una pluralidad de voces y que todo eso somos todos. Una sola cosa que es comunicarnos, con este quitarle las banderas, con este nombrar el sur, el norte, el altiplano, traté de quitarle esos títulos durísimos y fundar un nuevo país, que son muchos países al mismo tiempo. Todo hace parecer que los Mier son narcotraficantes, pero ellos pueden ser algo oscuro, algo ilegal, pero no se nombra. Al no nombrarlo pretendo aliviar a esa narrativa que nos han contado que todo es culpa del narcotráfico. Esa desinstalación la hice sobre el asunto de los léxicos, cómo se habla dentro de la novela es uno solo, todo está mezclado, todos entendemos lo mismo y al mismo tiempo. Este borrar la frontera desde los léxicos, lo uso cuando a uno de los sicarios lo atrapan y llevo el idiolecto hacia las máximas alturas donde es imposible entenderlo. Todos vivimos en este México plural.

Jaime Mesa
Una foto en Facebook que recuerda a su editor, Ramón Córdoba. Foto: Cortesía

–AMLO nos hizo ver que hay cierto cambio en el Gobierno, en el sentido de que no todo es el narcotráfico

–Había júbilo y esperanza y luego hubo compensación con la realidad. Es innegable las cosas que se han descubierto, los fideicomisos, el guachicoleo, pero pasó de ser Andrés Manuel el gran salvador a ser el gran diablo. Es muy cercano para ver lo que está ocurriendo y hay señalamientos nuevos. Se cambió la narrativa, pero también hay muchos desaciertos.

–¿Hacia dónde va el gobierno?

–En la FIL hubo un debate interesante entre Yuval Noah Harari y Michael Sandel, donde platicaban un asunto que tenía que ver con la meritocracia y el odio que la izquierda le tiene a la meritocracia. El hecho de esta cosa despiadada con la cultura tiene que ver con eso, todavía no sabemos porque es muy pronto, los cambios en becas, en fidecoimisos, tiene esa explicación. No sé si sea una explicación.

–La misma perrada de siempre, es una novela circular

–El asunto de los ciclos lunares, de los cultivos, tiene que ver con nuestros orígenes. Emiliano Monge, con El cielo árido, nos recordaba que en México siempre había habido violencia. Yo creo eso y está en Resurrección.

Jaime Mesa (Puebla, 1977) ha dedicado su escritura a la novela: Rabia (2008), Los predilectos (2013), Las bestias negras (2015), La mujer inexistente (2017) y Un hijo virtuoso (2019). En textos como La Generación Inexistente (2008) o 100 protagonistas de la Generación Inexistente (2016) plantea claves y un corpus para tratar de entender y leer a los escritores de su generación. Publicó la antología Ruta 80 (2019) en donde explora a los autores nacidos en la década de los ochenta en México.

Comments are closed.