Walter Benjamin

La infancia y la inmortalidad verdadera: Walter Benjamin

Es hermoso leer Infancia berlinesa hacia mil novecientos (Periférica), un libro del universo benjaminiano, donde su voz no está contaminada y ni siquiera anda preocupado por el mundo, porque sabemos que cuando somos niños vivimos un principio de inmortalidad verdadera.

Ciudad de México, 9 de febrero (MaremotoM).- “Cuando, a duras penas y dueño de mi sentido tras cruzar largamente a tientas el oscuro tubo, llegaba para poner fin al escándalo arrancando los dos auriculares, pesados como unas halteras y los oprimía contra mis sienes, quedaba implacablemente a merced de la voz que allí resonaba”. Walter Benjamin hablando del teléfono de su infancia, como a expensas nosotros de la tecnología él también experimentó el grado de esclavitud de ese aparato.

Es hermoso leer Infancia berlinesa hacia mil novecientos (Periférica), un libro del universo benjaminiano, donde su voz no está contaminada y ni siquiera anda preocupado por el mundo, porque sabemos que cuando somos niños vivimos un principio de inmortalidad verdadera.

“Con un acercamiento detallista y ensoñado, Benjamin observa un teléfono, un costurero o un parque en medio de la ciudad y extrae de ellos el fundamento de la imaginación infantil, la magia de un pensar en imágenes, porque este libro es un mapa de la ciudad y un manual de instrucciones de la infancia en un momento en que ambas, ciudad y niñez, han desaparecido. Sin embargo, como siempre en Benjamin, lo extinguido adquiere una súbita modernidad. Y su mirada, entrenada en el arte de la espera, se transforma en una cartografía de los sueños contemporáneos”, dice la editorial.

Habla de la música en los cines: “esa que hace los periplos cinematográficos algo enervantes” y festeja el cosmorama, una imitación absolutamente imperfecta de la vida fantasiosa. Habla de su motivación: “Creo que un ingrediente de aquel aire flotaba todavía entre las viñas de Capri, donde había abrazado a mi amada y es ese mismo aire en el que se elevan las imágenes y alegorías que dominan mi pensamiento como las cariátides de las logias de los patios”.

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Walter Benjamin
Editó Periférica. Foto: Cortesía

Ese aire de los creadores que cuesta por supuesto definirlo, como ayer que la poeta Myriam Moscona dijo: “para ser poeta no hace falta escribir”, es el que corre alrededor de Walter Benjamin, suicidado en Port Bou ¿o muerto en Port Bou? Un enigma misterioso de un filósofo de los márgenes, un filósofo extremo, atrapado en ese pueblo olvidado de todas las fronteras y una sobredosis de morfina que dio fin a tu vida a los 49 años.

Por sus extensas y brillantes aportaciones a los campos de la filosofía, la estética, la teoría y crítica literarias o la teoría del arte y de la historia, la penetrante obra del filósofo se sitúa en la cima de la historia de la cultura de Occidente, al modo de un potente corrosivo que, aplicado al negativo de la realidad, descubre los detalles más ocultos de su contrafigura revelada.

También su pluma honda ha aportado mucho a la literatura: ¿No tomaba yo una vez terminada mi construcción de Anker, las tijeras y el tarro de cola para repartir muñequitos similares en los pórticos, los nichos y las cornisas de la ventana? Un libro delicioso para hacer de Walter Benjamin nuestro gran amigo.

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