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La izquierderecha de AMLO: tan cerca de Echeverría, tan lejos de Cárdenas

López Obrador, conservador con labia de izquierda, está más cercano a los modos y formas de Luis Echeverría quien acariciaba con la izquierda para luego golpear con la derecha, que al linaje del General Lázaro Cárdenas, baluarte de algo que llamaban Izquierda en éste nuestro dolido país.

Ciudad de México, 10 de junio (MaremotoM).- —¡Pero si no lleva nada! —exclamó de pronto un niño.

(…)

—¡Pero si no lleva nada! —gritó, al fin, el pueblo entero.  

 Aquello inquietó al emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó:

«Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes;

y las ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

(“El traje nuevo del emperador” Hans Christian Andersen, 1837)

En beisbol, para un pitcher no hay bateador más complicado que los ambidiestros ya que éstos conectan a la zurda, o a la derecha, según convenga. Andrés Manuel López Obrador, beisbolero que se dice de izquierda, es un bateador ambidiestro.

Viene a cuento esto luego de que, desde hace varios días y en diversas ocasiones, muy al estilo Bush, López Obrador ha pedido a opositores y prensa definirse: “…Nada de medias tintas, que cada quien se ubique en el lugar que corresponde, no es tiempo de simulaciones: o somos conservadores o somos liberales”.

Habría que tomarle la palabra y, de paso, pedirle se defina él mismo: que sea realmente el presidente de izquierda prometió y por el cual muchos de nosotros votamos, porque hasta ahora, por lo menos en lo referente al mal llamado Tren Maya, se está comportando como un voraz gerente de empresa explotadora.

Algunos días se levanta y en su tradicional homilía mañanera nos da un discurso apegado al pensamiento de izquierda en el que asegura construye el bienestar de los pueblos indígenas, históricamente oprimidos, pero para ‘salvarlos’, esa misma tarde da el banderazo cimentará las vías férreas conducirán a la extinción del pueblo que supuestamente desea ayudar. Porque el Tren Maya ni es maya ni es un tren para el progreso de los pueblos originarios: el mal llamado Tren Maya es la exportación de Xcaret a la Península de Yucatán, la cancunización de Mérida, el sueño de Fox con el PPP hecho realidad, panacea de algunos cuantos grandes empresarios, juguete nuevo para turistas extranjeros o para algunos pocos mexicanos tengan la fortuna de contar con la green visa con fotografía de George Washington.

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A la siguiente mañana, el presidente López Obrador despierta sintiéndose Felipe Carrillo y dice que hay que conocer la Historia para no repetirla, pero en el transcurso de la tarde actúa más como Olegario Molina Solís, padre de La Casta Divina, cediendo y concediendo contratos sin competencia a las mismas constructoras que en tiempos antes de AMLO (a. 4T) eran parte de lo que él mismo bautizó como ‘La Oligarquía, La Mafia del Poder’.

Como si no fuera suficiente, un día después, aficionado a la Historia como es, y quizá  recordando alguna biografía de algún líder defensor de la tierra, dicta con la mano izquierda que los recursos naturales son lo más importante que tenemos para luego, por la tarde, tensar con la mano derecha que el Tren será a diesel y no eléctrico como había expresado, sin importar las partículas contaminantes que ello genere.

El presidente de izquierdas ve con buenos ojos el que, aprovechándose de una triquiñuela legal, no haya ninguna evaluación ambiental aduciendo que las vías sobre las que pasará el Tren fueron construidas antes de 1988, por lo que no están sujetas a La Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente. Según Fonatur (capataz del proyecto, no Comunicaciones) los trabajos que se harán sólo son de “rehabilitación y mejoramiento”, aunque se planeen duplicar vías, aumentar el número de trenes y talar vegetación a, por lo menos, 20 metros de cada lado de las vías. Ello sin contar el daño a cenotes y manto freático, el cuidado de los pocos jaguares aún existen en la región, ruido, contaminación, extracción de recursos pétreos, obras de cimentación, nuevos centros poblacionales, destrucción de reservas protegidas…

López Obrador, conservador con labia de izquierda, está más cercano a los modos y formas de Luis Echeverría quien acariciaba con la izquierda para luego golpear con la derecha, que al linaje del General Lázaro Cárdenas, baluarte de algo que llamaban Izquierda en éste nuestro dolido país.

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