Fabio Morábito

La literatura es mi manera de sentirme real frente a un sentimiento de inadecuación ante la vida: Fabio Morábito

 “¿Por qué es tan importante la hierba en los aeropuertos? ¿Se puede ser un copista extraordinario sin saber leer ni escribir? ¿Existen músicos exitosos que sólo tocan una sola nota en su vida?”, son las consignas que salen de los cuentos de Fabio Morábito en este libro, aunque en realidad las historias nacieron de un clavo en la pared, de un pasto crecido a los costados de los aviones, de una tristeza porque la abuela se muere.

Ciudad de México, 11 de junio (MaremotoM).- Otro libro de cuentos del escritor Fabio Morábito. Es el quinto que publica con Sexto Piso, una editorial con la que se siente cómodo. La sombra del mamut me trae otra vez a esa imaginación que se mete en la mente como un escalpelo y al mismo tiempo imagina tragedias que habrán de venir para los protagonistas.

Le digo que este libro me hizo acordar a Intimidad, de Hanif Kureishi, aunque en realidad no es a Intimidad, sino también a su libro de cuentos Siempre es medianoche, donde en uno de los relatos unas sillas azules revelan el desastre que está por venir.

También La sombra del mamut me trae un poco la palabra de Jeffrey Eugenides, ya no por las cosas que se dicen, sino por lo que se sospecha.

Fabio Morábito
La sombra del mamut, editada por Sexto Piso. Foto: Cortesía

Le digo estas referencias a un escritor que respeto mucho y que dos por tres me da por entrevistarlo, para tratar de encontrar en él una clave. Lo he entrevistado. No hemos hablado del tenis ni de Rafael Nadal, pero sí hemos conversado sobre si los cuentos se escriben como poesías.

“¿Por qué es tan importante la hierba en los aeropuertos? ¿Se puede ser un copista extraordinario sin saber leer ni escribir? ¿Existen músicos exitosos que sólo tocan una sola nota en su vida?”, son las consignas que salen de los cuentos de Fabio Morábito en este libro, aunque en realidad las historias nacieron de un clavo en la pared, de un pasto crecido a los costados de los aviones, de una tristeza porque la abuela se muere.

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“En todos mis cuentos hay mucho de las relaciones. En el primer cuento, a partir de un clavo en la pared, aparentemente insignificante, se desata una crisis matrimonial. Creo que eso siempre ocurre en nuestras vidas. Son hechos mínimos, rutinarios a veces, que por ahí terminan dando un giro a nuestras existencias. Siempre me han interesado ir a la búsqueda de esos momentos cruciales que aparentemente no lo son, pero que luego se ven que fueron decisivos en la evolución de una vida”, afirma.

Lo que pasa con el músico que toca una sola nota en la vida, llega a su hotel y tiene una tragedia a partir de una sospecha.

Fabio Morábito
Está la peculiaridad de que porque toca una sola nota duda de que es un músico. Foto: Cortesía Barry Domínguez / Fotogrammas

“Está la peculiaridad de que porque toca una sola nota duda de que es un músico. A pesar del gran éxito que tiene, no puede dejar de insinuarle la sospecha de que tal vez no es un verdadero artista. Por otro lado, lo vuelve totalmente obsesivo, porque todo se lo juega en esa sola nota final. Eso lo vuelve perfeccionista y siempre tiene una insatisfacción”, agrega.

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“Un cuento funciona en la medida que como decía Piglia cada cuento cuenta dos historias, pero puede que cuente más y si no fuera así nos quedaríamos con la anécdota exterior”, expresa.

Los finales a veces son absurdos, pero son el que tiene que estar. Pienso en los finales de las series, cuando la historia se completa, pero la cadena sigue la segunda temporada. ¡Las historias están cargadas de segundas temporadas!

“Ese cuento de la hierba del aeropuerto probablemente sea el más loco. Creía que tenía que ponerle título al libro La hierba de los aeropuertos. Me gustaba mucho ese título por el contraste que propone. Los aeropuertos son lo más tecnologizado que hay y sorprende que haya hierba. Pero sí la hay. ¿Hace falta ser un jardinero para cortar esa hierba? Me gustó la idea de un jardinero que había estudiado en Francia y se dedica a eso con pasión”, afirma.

“Con respecto a los finales son fundamentales en los cuentos. Ahora no terminamos los cuentos cómo se terminaban en el siglo XIX. Necesitamos otro tipo de finales, porque estamos seguros de que las historias nunca terminan. No tenemos tiempos de narrar las verdaderas historias. Cuando le contamos algo a nuestros amigos son narraciones truncas y con finales poco finales. Hemos aprendido o resignado a aceptar que ninguna historia termina”, agrega.

Un buen cuento para Morábito, autor entre otros libros de El lector a domicilio (Premio Xavier Villaurrutia), El idioma materno y Madres y perros, es la antítesis de los finales de las series, “porque no quiere dar pie a una prosecución y terminar por quemar toda la leña que hay que quemar y despedirse de una vez por todas del lector”, afirma.

Escribió este libro durante el confinamiento, no trata el coronavirus, las historias se iban formando una tras otra y lo terminó en un tiempo relativamente breve comparado con otros libros que ha escrito.

Fabio Morábito
Es un libro que he escrito con la mayor confianza en la imaginación. Foto: Cortesía Barry Domínguez / Fotogrammas

“Es un libro que he escrito con la mayor confianza en la imaginación. A partir de una frase, uno intuía que había una historia posible ahí, cuando antes yo necesitaba más datos para lanzarme a escribir un cuento”, comenta.

“No todos escriben cuentos sin saber lo que va a pasar, pero hay personas como yo que escriben tanteando en la oscuridad y en ese sentido es como escribir poesía”, agrega.

“La tarea del escritor es entrar en la piel del lector potencial para el que escribe y tratar de tocar aquellas fibras, aquellos aspectos, que no son universales. Ahí está la dificultad de escribir. La literatura nos permite eso, de familiarizarse y fraternizar con personajes que en principio están muy lejos de parecerse a él”, expresa.

“Ahí estaría el sentido de moralmente útil de la literatura, volvernos más sensibles a la diferencia que suponen los otros con respecto a nosotros mismos. Ser un antídoto contra la estrechez mental, contra el fanatismo, contra el odio”, dice.

“La literatura es mi manera de sentirme real frente a un sentimiento de inadecuación ante la vida”, concluye.

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