Elena Poniatowska

La literatura es un acto solitario, todo depende de uno mismo: Felicidades, Elenita

Su apellido es de origen polaco y su familia vivió en Francia durante tres generaciones. Toda su vida en México ha sido al servicio de las causas sociales y de un oficio que abrazó con pasión en 1953, “por el afán de saber, de participar y también el afán de ser querido”.

Ciudad de México, 19 de mayo (MaremotoM).- Hoy cumple 89 años. Y la queremos tanto. La queremos incluso para disentir con ella, para decir que el libro que más nos gusta no es el de La noche de Tlatelolco, sino es esta historia tremenda, divertida y a veces absurda de Lupe Marín en Dos veces única.

Elena Poniatowska, escritora y periodista, nació en París el 19 de mayo de 1932. Llegó a México en 1941 donde se convirtió en una intelectual de energía inagotable, amiga de todos los personajes que construyeron la cultura diversa y transformadora del gran país centroamericano. Amiga de Juan José Arreola, de Carlos Monsiváis, de Diego Rivera, de Luis Buñuel y, sobre todo, amiga de su madre a la que perdió en 2001, el mismo año en que recibiera el premio Alfaguara de novela por La piel del cielo.

Su crónica sobre la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968, reflejada en el libro La noche de Tlatelolco, es aún material de consulta inapreciable y su novela Tinísima, dedicada a la fotógrafa italiana Tina Modotti, ha sido considerado un tratado de enorme belleza que da cuenta de los febriles años ’20 en un México que se abría al mundo.

Elena Poniatowska ganó el premio Rómulo Gallegos en 2007 por su novela El tren pasa primero, basada en el movimiento ferrocarrilero mexicano de 1959 y por su profuso trabajo en los medios gráficos, donde desarrolló una técnica impecable de la entrevista amena y confesional, esta hoy dulce anciana de origen aristocrático y de militancia de izquierda, es considerada maestra de  periodistas.

Octavio Paz la elogiaba porque “domina el arte de escuchar” y el cronista y escritor Carlos Monsiváis, su gran amigo fallecido en 2010, le decía “Elenita” con una ternura que ella añora hoy, casi con desgarro. Al fin y al cabo, fue Poniatowska la que hizo temblar el Palacio de Bellas Artes en un junio del pasado, cuando en un estremecedor discurso preguntó al aire y con voz fuerte y llorosa: “¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?. Aquí estamos tus amigos, preguntándote, por qué nos hiciste esto… Por qué no nos preparaste para tu ausencia…”

Su apellido es de origen polaco y su familia vivió en Francia durante tres generaciones. Toda su vida en México ha sido al servicio de las causas sociales y de un oficio que abrazó con pasión en 1953, “por el afán de saber, de participar y también el afán de ser querido”.

Elena Poniatowska
Elena Poniatowska, tan mexicana como siempre. Foto: Cortesía El Claustro

Lee a todas horas y escribe todo el tiempo, pero jamás aceptaría que la llamaran una intelectual. “Soy una mujer ama de casa. Tengo diez nietos, voy al supermercado y tengo que pulir las lámparas, hacer el desayuno, hacer la comida, hacer la cena. Me gusta mucho hacer eso. Y pienso que debí hacerlo más cuando mis hijos eran pequeños, en vez de apasionarme con la escritura”, se lamenta.

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A la literatura la mira con respeto. “Ahora con la edad pienso que me cuesta más trabajo ser crítica y a medida que avanza el tiempo en vez de ganar seguridad, la pierdo”, admite.

Sin embargo, no le va nada mal con sus novelas. En un territorio editorial donde la competencia se ha hecho feroz, esta mujer de ojos azules, pelo blanco y muy bien llevados 89 años, ganó el premio Biblioteca Breve 2011 por la novela Leonora, dedicada a su amiga, la pintora inglesa Leonora Carrington. Ha ganado el Premio Cervantes 2013, con el que se convirtió en la primera mexicana en obtener esta presea; la Medalla Bellas Artes 2014 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en área de Lingüística y Literatura 2002, por solo mencionar algunos.

Los libros de Eve Gil
El amante polaco, de Elena Poniatowska. Foto: Cortesía

Ha sacado recientemente la novela El amante polaco (Seix Barral), un texto personal, donde el lenguaje íntimo y las emociones se enlazan con la épica historia de un reino a punto de desaparecer. Un fascinante viaje a través de dos tiempos narrativos y de dos fuerzas del destino: el de las cortes europeas del siglo XVIII y el de la Ciudad de México en plena ebullición, el de las intrigas palaciegas y las tertulias literarias de la década de 1950.

Encierro que arde (Seix Barral) es un homenaje a Álvaro Mutis; el testimonio de un tiempo íntimo y estremecedor, una crónica salpicada de anécdotas y testimonios personales, que llega al lector gracias a la generosidad de su autora, quien hace públicas las cartas que intercambió con él durante su encarcelamiento en el Palacio Negro de Lecumberri. Elena Poniatowska pone a disposición del lector, la historia de los días más aciagos del escritor

¿Le gusta seguir recibiendo premios?

“Claro, me gusta mucho. Los premios son un aliciente a tanto trabajo, tanto esfuerzo. Realmente es muy difícil escribir. No es nada alivianado. Digamos que es más fácil hacer periodismo, ¿no le parece?. Por ejemplo, si tuviera que hacer una entrevista o una crónica, ya sé que con ese tema de las prisas, con esa cuestión de la entrega, puedo librarme del compromiso. Si sale algo más o menos siempre tendré la excusa de que no tuve suficiente tiempo. Pero aislarse y estar encerrada durante un tiempo para hacer una novela, la llena a una de mucha responsabilidad. La literatura es un acto solitario, todo depende de uno mismo, no le puede echar la culpa a nadie”, ha dicho en una entrevista.

Cuando cumplió 80 años en plena Feria del Libro de Guadalajara, un grito de “¡Elena!, ¡Elena!” fue coreado cuando ella apareció para recibir la medalla conmemorativa y el diploma correspondiente.

Hoy festejará con un pastel, sus 10 nietos y recordando a sus amigos que ya no están.

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