Xavier Velasco

La literatura es una fechoría hecha por un malandro: Xavier Velasco

Ahora, como formando una trilogía involuntaria, entre Este que ves, La edad de la punzada y El último en morir, presenta una novela autobiográfica sobre su adolescencia, en donde relata su reacción ante la muerte y su gusto, pasión, condena, por la escritura misma. Foto de apertura: una imagen de Fredo Godínez, sacada del Facebook.

Ciudad de México, 20 de noviembre (MaremotoM).- Desde que Xavier Velasco (Ciudad de México, 1960) ganara el Premio Alfaguara por su novela Diablo Guardián, se ha convertido en una de las grandes voces literarias del país.

Ahora, como formando una trilogía involuntaria, entre Este que ves, La edad de la punzada y El último en morir, presenta una novela autobiográfica sobre su adolescencia, en donde relata su reacción ante la muerte y su gusto, pasión, condena, por la escritura misma.

Un relato también en el que hay juegos, drogas, mujeres (siempre mujeres) y donde el autor dice cosas como “He perdido la cuenta por igual de las páginas truncas y las futuras madres de mis hijos que dejé en el camino del delirio, sólo que unas y otras se peleaban dentro de mi cabeza por ganar el total de mi atención”.

–Una de las cosas centrales de esta novela es la disputa que hay entre la mujer y la palabra

–No sé si es una disputa o un permanente armisticio. Me cuesta mucho distinguir entre romance y la escritura, para mí son cosas que corren paralelas.

Xavier Velasco
El último en morir, editada por Alfaguara. Foto: Cortesía

–Este libro no pensabas hacerlo, a mí me resulta útil para entender tu literatura, ves el pasado con humildad

–Es un pasado lleno de fracasos, he invertido todos mis errores, no lo considero un motivo especial de orgullo ni de vergüenza. Trato de ponerme en el pellejo del personaje, sobre todo a partir del dolor, el personaje se mira pequeñito, ignorante y en realidad no está dispuesto a negociar nada. Quiere meter la pata sin que nada lo detengo. Personalmente desconfío un poco de la humildad, pero cuando estás escribiendo no te queda otra cosa.

–Le has entregado de todos modos a la escritura

–En el fracaso hay un aprendizaje, un movimiento, el éxito te estupidiza, es como inhalar cocaína. La historia está hecha de fracasos, cualquier conflicto literario parte de un problema para tratar de llegar adonde quieren. Esta historia está sembrada de ingenuidad, de problemas, de imposibles…miro para atrás y creo que tendría que ser así.

Xavier Velasco
Tuve siempre una cercanía macabra con la muerte. Foto: Cortesía 

–Es el hecho que la palabra te ha formado

–No estaba pensado así, cuando era niño lo que quería era entretenerme, tener a alguien con quien jugar, pero estaban las palabras y aprendí a jugar con ellas. Parece un poco cursi y seguro que es así, pero hasta la fecha soy un adulto que juega con las palabras y no puede parar.

–Hablas de un traidor intrigante, en una frase matadora

Te puede interesar:  Juan José Arreola, una herencia cultural literaria

–Lo que pasa es que la palabra es tramposa. Cuando uno tiene un buen rato lidiando con ella, porque uno siempre abusa de ella, sabe que esta ductilidad que ha conseguido con la palabra le da una ventaja competitiva. En el asunto de los que trabajamos con palabras, tenemos una cierta ventaja, empleamos una herramienta todo el tiempo, las usamos para enamorar, para hacernos perdonar, una gran coartada sería usar esa ventaja en un territorio legal, que sería el territorio de la literatura. Uno está autorizado y se espera que juegue con las palabras para hacer las cosas de otra naturaleza. A veces engañar con la verdad y a veces torcer la verdad. La literatura es una fechoría hecha por un malandro.

–¿Cómo te llevas frente al hecho de la muerte?

–Es curioso. Mis padres siempre me protegieron de la muerte. Cuando murió mi abuela mi madre me impidió ir al panteón para que no me impresionara. La verdad es que me daba mucha pereza y aproveché esa sobreprotección. Sin embargo, cada domingo estaba en el panteón, porque íbamos a ver a nuestros abuelos y desarrollé esta cercanía con la muerte, esta cercanía con el humor negro. Tuve siempre una cercanía macabra con la muerte. Considero que mi madurez es cuando salto solo desde un paracaídas en Tequesquitengo y fue cuando le perdí el miedo a la muerte. Para mí el hecho de haber trabajado, en convertirme en un novelista, tiene que ver con desafiar a la muerte, la muerte me importa en la medida que aparezca temprano, pero si me deja hacer lo mío, ya no me preocupa.

FOTOGRAFÍA DE VÍCTOR BENITEZ. Foto: Cortesía

–¿La muerte de los seres queridos?

–Eso es terrible. Yo vivo esas cosas como una derrota. Así viví la muerte de mi madre. Es algo que no puedo recobrar. Es algo muy doloroso, yo pienso en la muerte como mi propia muerte, de eso me río, pero en la muerte de las personas queridas, de eso no me río. Conforme pasan los años más muertos verás. Mi padre tiene 97 años, ya no tiene a nadie de su edad. Miro esa soledad y me parece terrible.

–La autobiografía necesita un personaje que es el yo

–Pues mira, la principal mentira está en el ángulo desde donde miras para ver las cosas. Ahí está la trampa, en la palabra. Los zamacucos tiran la piedra y esconden la mano y los novelistas somos zamacucos, contamos las cosas desde el ángulo que nos conviene. A mí lo que me puedan ver me importa un pepino, mis trampas tienen que ver con que la historia marche. Convertir la realidad en ficción, supone también ponerle ciertos remaches, ciertas vigas, para que todo tenga un sentido.

Comments are closed.