Almadía - El Tren

“La memoria era un mundo verde en el que pasaban los pájaros a ras de tu cara”: Nadia López García

Así lo dice la autora en entrevista con MaremotoM. “El gran porcentaje de literatura en lenguas originarias está ligada a la naturaleza. Siempre escribimos desde nuestros referentes más cercanos, que son nuestras comunidades, alejadas de las ciudades”.

Ciudad de México, 15 de octubre (MaremotoM).- Tikuxi kaa – El tren, es un recorrido, un andar descalzo sobre la tierra que hemos dejado, sobre la memoria que nos recuerda en dónde está nuestro ombligo. Así presentan en Almadía su nuevo libro bilingüe, de Nadia López García, un trabajo infantil que trata de llegar a los adultos y que tiene como principal objetivo: la memoria.

Así lo dice la autora en entrevista con MaremotoM. “El gran porcentaje de literatura en lenguas originarias está ligada a la naturaleza. Siempre escribimos desde nuestros referentes más cercanos, que son nuestras comunidades, alejadas de las ciudades”.

Almadía - El Tren
Almadía – El Tren. Foto: MaremotoM

Nos encontramos con esta poeta joven, que pelea por difundir su lengua y habla desde el lugar en el que escribe. “Puede que sea un recurso para algunos poetas, pero creo que cuando hablamos en general de naturaleza, estamos aludiendo a nuestro referente más inmediato. En este caso El tren, es un mundo acuático, jugoso, porque busca anclar al lector fuera de lo urbano”.

Es hermoso entrevistar a esta persona que cree firmemente en la memoria como la naturaleza, “un recorrido hacia la memoria han sido mis libros”, que ha nacido en Oaxaca, una poeta mexicana, ensayista, promotora cultural y tallerista. Ha participado en distintos recitales, talleres y festivales en México, Colombia, Estados Unidos y Guatemala. Nadia López García nació en la comunidad de Caballo Rucio, en la Mixteca Alta de Oaxaca. Hija de migrantes jornaleros agrícolas, por lo que su infancia y estudios primarios los realizó en el Valle de San Quintín, Baja California.

Presenta El tren (Almadía), con las ilustraciones de Cuauhtémoc Wetzka.

Almadía - El Tren
Las ilustraciones son de Cuauhtémoc Wetzka. Foto: Cortesía

–¿Estuviste primero en los Estados Unidos?

–Sí, en San Quintín, Baja California. Es un lugar polvoriento, a pesar de que son campos agrícolas y mis padres siempre contaban lo que había en el pueblo, que yo no conocía. Ahí hay unas frutas redondas que se llaman zapotes, decían mis padres. En mi mente imaginaba, ¿cómo será eso? La memoria era un mundo verde en el que pasaban los pájaros y pasaban a ras de tu cara. Siempre relacioné la memoria con lo verde, con lo acuático. El poemario se mueve entre estas memorias, entre una memoria acuática a una memoria más polvorienta.

–¿Por qué se vinieron de Baja California?

–El plan principal de mis padres era cruzar a los EEUU, pero en los 90 las políticas migratorias ya empezaban a ser muy fuertes. Así que mis padres decidieron regresar al pueblo. Yo iba a cumplir 8 años y viví en la comunidad todo mi tiempo. Considero afortunado el regreso, en procesos migratorios no se cuentan las experiencias personales. A mis padres yo no los veía mucho, se levantaban temprano, hacían sus tortillas de harina, se ponían telas gruesas y no regresaban hasta la noche. Sólo se veían sus ojos e iban hacia los campos. No teníamos días libres con ellos. Vivíamos prácticamente solos. La vida de la población migrante es muy esclavizada. Fue una buena decisión, permitió que conociera a mis abuelos antes de que murieran y lo que recibí de ellos fue una enorme herencia de relatos, de formas de curar en la comunidad, si no hubiéramos vuelto, jamás la hubiera podido recibir.

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Almadía - El Tren
Ahí hay unas frutas redondas que se llaman zapotes, decían mis padres. Foto: MaremotoM

–¿Cuál es el idioma en que está escrito El tren?

–La lengua mixteca, que se habla en Puebla, en Guerrero, en Oaxaca y Baja California. Ya llevo cuatro años seguidos, yendo a Los Ángeles, trabajando con jornaleros migrantes. Desde niños hasta adultos. En gran parte de California se habla en mixteco.

–¿Vivirá la lengua?

–Espero que el mixteco viva por muchos años y espero que en unas cinco o seis generaciones se siga hablando. Las lenguas originarias de México están todas en riesgos de desaparición. Hay 31 lenguas que morirán en menos de seis años. Escribimos hacia un futuro, para que se hable mixteco. Por eso escribo en estos dos mundos. Si dejo de escribir en mixteco, voy a dejar de recordarlo. Aquí hay bilingüismo, no sólo de inglés/español, sino de lenguas originarias/español. Son 68 lenguas y a veces no podemos nombrar ni quince. Editar obra en lenguas originarias es un acto de valentía. Almadía publicó primero a Natalia Toledo (en zapoteco) y ahora el mío. Natalia fue de la primera generación de escritores en lenguas originarias, a pesar de que no paso lo mismo que ella, todavía hay grandes dificultades para editar en nuestra lengua.

–Uno tiene que pelear con la indiferencia

–Exacto. Esa indiferencia tiene una base anclada en el racismo y en la discriminación institucional. Desde la década de los 20 hasta los 90, hay un pensamiento que las lenguas originarias están un formato inferior al español. No somos folclore, tenemos raíz verdadera. La medicina tradicional, tenemos desde hace muchos años plantas medicinales que vienen extranjeros a estudiarlas. A veces México ni siquiera ve eso.

–¿Qué es El tren?

El tren es memoria y regreso. Cuando lo escribía primero trabajé con niños oaxaqueños que pasaban por ciertos fenómenos migratorios y esa fue una de las vertientes. Mi propia historia de migración, una foto en la que yo soy una bebé y mis padres están arriba de un tren, fue otra vertiente. Otra de las corrientes fue que mis estudios son Política comparada de las migraciones, estuve un tiempo viviendo en España y uno de los fenómenos fue el de “La Bestia”, el tren que pasa por Veracruz.

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