La nave

La nave: de entusiasmo, buenas intenciones y poco buen cine

Basada en una historia real para más inri, La nave cuenta la historia de Miguel (el propio Cruz-Guerrero en una actuación que hace extrañar a un Eugenio Derbez, así de mal), un locutor de radio en Morelia que está—desde luego— fallando en la vida. Infeliz con todo, Miguel vive en una casa antigua llena de basura, sus días no tienen sentido y siempre está a punto de que lo corran de la estación en la que trabaja.

Ciudad de México, 24 de marzo (MaremotoM).-Dice Pablo Cruz-Guerrero, escritor y protagonista de La nave (dirigida por Batán Silva) que el entusiasmo es como tener un dios dentro, esa, dice, es el origen etimológico de la palabra. “Quiero que la gente sienta este entusiasmo viendo esta película, que nos unamos y superemos ese discurso de división que viene desde lo político”. La intención, se entiende, es que La nave sea el tipo de película que le guste a todo mundo porque su mensaje es bueno y nadie decente puede proferir denuestos contra una película hecha con tan buenas intenciones y tanto entusiasmo.

Ojalá el entusiasmo bastara para hacer una buena película. La nave no es una buena película, es tan intrascendente que no me sorprende que la vayan a estrenar el 10 de mayo: ya se sabe que a la madrecitas les gusta lo blandito, y que a las familias mexicanas hay que darles entretenimiento de buen corazón como han sido entrenados a gustar desde los tiempos milenarios de Siempre en domingo.

Basada en una historia real para más inri, La nave cuenta la historia de Miguel (el propio Cruz-Guerrero en una actuación que hace extrañar a un Eugenio Derbez, así de mal), un locutor de radio en Morelia que está—desde luego— fallando en la vida. Infeliz con todo, Miguel vive en una casa antigua llena de basura, sus días no tienen sentido y siempre está a punto de que lo corran de la estación en la que trabaja.

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La nave
Película de Batán Silva. Foto: Cortesía

Corte a: Gerardo, un niño purépecha con cáncer le llama a cabina y lo que sigue ya lo hemos visto en miles de películas. Gerardo le hará recuperar las ganas de vivir y el asunto se tratará más bien de la transformación de Miguel que la felicidad del niño. Música para violín.

El guion es terrible. No hay un solo chiste que de medianamente en el blanco, los personajes son caricaturescos y la trama hace suposiciones de que uno está entendiendo bien de dónde viene el protagonista. Error tras error, la cinta se desarrolla cada vez más predecible y boba. Podría haber cosas peores, es cierto, por ejemplo, hacer sentir al público que no gustar de la cinta es pura maldad. Ups, no: la cinta lo toma a uno de rehén.

El niño pobre que necesita un salvador es el tópico favorito del cine hecho por niños bien. Hace unas semanas el actor Tenoch Huerta dijo en sus redes sociales que todos los cineastas mexicanos son niños bien: suscribo. No es raro encontrarse con películas como La nave que exudan buenas intenciones, que son “bonitas”, “mejores que las de superhéroes” (como dijo Cruz-Guerrero en entrevista), pero he aquí un hecho difícil de masticar: las películas de superhéroes suelen estar bien escritas y no son compendios de malos chistes.

No todo es desperdicio en La nave, el soundtrack es bueno. Aplausos para el supervisor musical y compositor de la banda sonora Andrés Almeida. ¿Eso es suficiente para sentarse hora y media a ver este naufragio? Obviamente no. Vayan a la película de superhéroes del momento, los hará infinitamente más felices y entusiastas.

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