Madonna

La noche que Madonna me vio a los ojos

Cómo no rendirle tributo, hoy en su cumpleaños, a la morra que me enseñó que no hay peor crimen que remar contra uno mismo: ¡Larga vida a la reina! A la jefa de jefas. A la diva que nos tomó de la mano, a la comunidad gay y nos hizo sentirnos orgullosos de nosotros mismos.

(Para mis hermanos en la religión Madonniana: David Chávez, Gerardo Mendoza, Abel Ciccone y Diego Hernández que casi nace el mismo día que Madonna)

Ciudad de México, 17 de agosto (MaremotoM).- Crecí en un barrio obrero de la Ciudad de Monclova. Las calles desiertas te regalaban música a cada paso que dabas. Al interior de las casas siempre había baile. Si tuviera que ponerle un género a la ciudad ese sería la cumbia y luego, pisándole los talones la música norteña. De Sonido Mazter y Apache a Los Cadetes de Linares y Lalo Mora.

Con 40 grados a la sombra, tratamos de olvidar el calor bailando con una cheve en la mano y fingiendo que estamos a unos pasos del mar. No es casualidad que muchos de los grupos que escuchamos tienen el trópico en sus nombres. Estamos lejos del Caribe, pero todos en Monclova añoramos, sufrimos, suspiramos por una playa que ya no existe. Y digo que ya no existe porque si la tuvimos: Hace millones de años Coahuila formaba parte del mar de Thetys y adivinen quien se quedó con el clima extremoso, pero sin una gota de agua a donde ir a meter los pies.

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Monclova es una ciudad trans, nació en el cuerpo y el clima equivocados. Foto: Cortesía Facebook

Monclova es una ciudad trans, nació en el cuerpo y el clima equivocados. Esta ciudad quedaría bien a un ladito de Mérida, pero se me hace que fue el diablo quien la castigó, por arrabalera, bailadora y feliz. Además la mandó al norte de México y como grillete le puso esa horrible bola de acero llamada Altos Hornos de México. Y así como Monclova es una chica trans, sus habitantes nos travestimos con singular alegría. En el día andamos encuerados, en “chor” y patas de gallo, los más recatados traen sus playeras con diseños de palmeras compradas en la pulga de frontera. En el día hay trompetas y tambores por todos lados. Tropicalísimo Apache a todo volumen y todos con las manos arriba a la baile y baile, como si no existiera un mañana. Pero apenas se mete el sol y todos a sacar la bota de piel de víbora de cascabel, el cinto ‘piteao’, el sombrero Resistol y la camisa a cuadros y todos a las cantinas, al baile o a las ferias de San Buena a bailar con Carlos y José, con Lorenzo de Monteclaro, con los Traileros del Norte y lo que suena es el acordeón, el bajo sexto y “eslabón por eslabón” a todo pulmón.

En ese ambiente fui niño o niña, ya ni se. No, nunca renegué de Banda Cañón o Los Cardenales, yo le entraba y le sigo entrando a todo, repito: A-to-do. Siempre he sido un atascado. Pero así como Monclova era una trans declarada y sus habitantes orgullosas travoltas. Yo también me di permiso: Voy a dejar que se me caiga la manita. Se me daba natural, no lo busqué, no lo pedí, solita se me empezó a tronar la reversa y qué creen: La ciudad trans y sus habitantes vestidas, me empezaron a ver raro y empezó la cantaleta: “No camines así”, “no hables así”, “no cruces la pierna”, “quítate esos tacones niño, cómo se te ocurre, acaso eres maricón”.

Y entonces la manita que a cada rato se me caía, la agarré, la lavé y la metí hasta el fondo del closet y le metí candado. Pero a los 12 años hubo un terremoto en mi corazoncito que latía pal’ otro lado cuando mi amigo David me grabó el casete de esa mujer que abrió de una patada el closet, sacó mi manita y me la regresó con una condición: que se me cayera cuando me diera la gana. Madonna se llama la virgen, la única santita a la que prendí veladora y a la que nunca voy a olvidar porque cuando nos conocimos traía corsé dorado, unas chichis picudas y debajo del brazo su álbum: “Like a Prayer”. Sería mi amor por los tambores, pero de inmediato me puse a bailar como poseído eso de “Express Your Self” y ensayar la coreografía. Cuando agarré un diccionario inglés español, la letra me voló la cabeza. Nunca volví a ser el mismo. Estaba en sexto de primaria y estaba enamorado de mi mejor amigo buga.

“Vamos chicas/Creen en el amor?/Por que tengo algo que decir sobre él/Y creo que dice así/No vayas por el segundo lugar cariño. Pon tu amor a prueba/Tú sabes, sabes lo tienes que hacer/Haz que él exprese sus sentimientos/Y tal vez sabrás si tu amor es real/Tienes que hacer que él se exprese/Así que si quieres ahora mismo/Haz que te muestre como expresar lo que siente/ Estás listo o no?/Exprésate (Tienes que hacerlo)/Respétate , hey, hey/Estás listo o no?”.

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No sé por qué misterios de la vida, pero en el camino espinoso de toda jotita siempre existe una diva que le hace la vida más ligera, menos espinosa. Foto: Cortesía Facebook

No sé por qué misterios de la vida, pero en el camino espinoso de toda jotita siempre existe una diva que le hace la vida más ligera, menos espinosa y cuando la cosa se pone culera, no hay remedio más efectivo que la música y si va acompañada de coreografías, todo lo malo pasa a segundo término. Yo estaba en secundaria e iba al videoclub de la colonia, para tocar y ver la portada de algo que ni podía rentar: El documental En la Cama Con Madonna. Era clasificación C, así que allá iba con gansitos, sonrisas, elotes, chistes, pasteles a ganarme la amistá de la chica que atendía el changarro.

Ella era una chica no muy guapa según los demás, yo la veía hermosa. Solo tenía un defecto: se tomaba su trabajo muy en serio. Lo que jamás se imaginó era mi plan macabro para que luego de varios meses de “cortejo” y cuando, según yo, ya la tenía en mis manos como un tierno gorrioncito, le solté la bomba: “Me voy a llevar esta peli”, le dije con la voz más varonil que me salió, algo así como Chabelo un domingo por la mañana. “Claro que no, es clasificación C”, me reviró. “Írala, ves como eres. Si veo porno, que no vea una gira de Madonna”. Y en tono serio me respondió: “No señorcito, vaya y lea ese cartel, ahí están las reglas del videoclub”. Y de pronto todo mi empeño, mis ahorros e inversión fueron a parar a la basura, hasta que de pronto escuché una estruendosa carcajada y una voz como caída del cielo que me dijo: “Ya llévatela pinche llorón, si lo tienes planeado desde el Primer día que viniste, crees que soy pendeja”.

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Literalmente iba flotando de regreso a mi casa. En la noche, cuando todos dormían y como si tratara de una película tres equis, la puse y la vi con audífonos y con el corazón a madres. Y así toda la noche hasta que dieron las ocho y fingí que ya me había despertado. Quizá no era para tanto, pero en mi casa de acción católica, para mi abuela no había mejor personificación del demonio que “la puta marrana de Madonna”. Solo voy a decir una cosa: Los gansitos, los elotes, las cocas y pasteles que invertí para rentar ese VHS fue el mejor negocio de mi vida.

Madonna y ese documental en particular, me hizo sentir, en un momento en el que yo le pedía por las noches a Diosito que me quitara lo joto, que no, que no debía pedir eso, que no debía avergonzarme, que no estaba sólo, que no es malo ser uno mismo, sentir lo que sientes y que ser gay no tenía por qué ser una pesada carga, sino una celebración con todo y el ‘voguin’ que sus bailarines latinos me recetaban como el mejor de los analgésicos.

Madonna
Me metía al cuarto y ensayaba las coreografías y cantaba todo el repertorio de esa mujer que me hizo sacudirme a ritmo de “Vogue”. Foto: Cortesía Facebook

Entonces me armé de valor y le dije a Dios, sabes qué, ya déjame así, no te voy a andar rogando, al fin que con la complicidad y la guía de mi santita, qué me podía pasar. Además cuando la cosa se ponía mal, siempre repetía la misma rutina: Me metía al cuarto y ensayaba las coreografías y cantaba todo el repertorio de esa mujer que me hizo sacudirme a ritmo de “Vogue”, todos los “pinche joto” que se accionaban apenas daba unos torcidos pasos por las calle. Por eso como no rendirle tributo, hoy en su cumpleaños, a la morra que me enseñó que no hay peor crimen que remar contra uno mismo.

Podría decir mil cosas sobre Madonna y de cómo llegó a iluminar mi vida desde que era un adolescente gay. Pero voy a resumir que cuando estaba confundido y buscaba un modelo a seguir, cuando estaba en busca de mi identidad, cuando me daba miedo lo que sentía y mi familia, mis amigos, en la escuela y en la iglesia me enseñaron que traía el diablo adentro, que era una aberración de la naturaleza, cuando me inyectaron vergüenza y trataron de que remara en contra de mi mismo, ella, con su música, su talento, su irreverencia, su feminismo y sus ovarios grandotes luchando en un mundo de ‘onvres’, me tomó de la mano y me acompañó en el camino.

“Express Yourself” fue el inicio de esta fraternidad, de esta amistad a prueba de balas, de esa complicidad y de ese culto que profesamos millones de personas en el mundo y cuya palabra, cuyo evangelio enseña casi nada: Que seas tú mismo, que nunca te avergüences de sentir como sientes, de querer como quieres, de depositar tus cariños y tus labios en donde mejor te parezca y sobre todo amar, amar sin miedo, amar con los brazos abiertos, amar como se te pegue la pinshi gana.

“Love is Love” y eso me lo enseñó La Reina. Esa mujer que es bruja, curandera, chamana, madre de las almas aporreadas y sobre todo una cantante espectacular.

Cuando la vi por primera vez en vivo escribí una reseña en donde aseguraba que Madonna tenía pacto con el diablo. Cargaba con casi 60 años y arriba del escenario hacia circo maroma y teatro y además cantaba en vivo. Nos dejó con la boca abierta, de rodillas y con los ojos en blanco. Esa noche todos nos preguntamos lo mismo: De qué material está hecha.

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Cuando la vi por primera vez en vivo escribí una reseña en donde aseguraba que Madonna tenía pacto con el diablo. Foto: Cortesía Facebook

La última vez que la vi (la gira Rebel Heart), antes del concierto aparecieron unos enviados de la vida, del universo, de la cantante y por cosas raras de cómo a veces se acomodan los astros, me seleccionaron para verla desde la primera fila. Empezaba el año y yo acababa de terminar una relación de 11 años y para acabarla mi ex morro estaba en el mismo concierto con su nuevo novio y en mejor lugar que yo. Claro, hasta que Madonna “se enteró” y me sentó en la primera fila, claríto escuché cuando me dijo, entre canción y canción: “A ti nadie te va a humillar delante de mi”. Dígamne si existe un mejor caldito de pollo para un corazón con resfriado y hecho pedazos. Esa noche lloré como loco. Además le aventamos una playera de Frida Kahlo que se puso a mitad del concierto y caché una botella de champange (de plástico) de la que ella “tomaba” mientras cantaba “Celebration”. Esa noche viaje a mi niñez en Monclova, luego a mi adolescencia cuando la conocí y le tomé la mano para nunca soltarla y entonces mientras cantaba y se acercó y me vio a los ojos por unos segundos, solo se me ocurrió decirle dos cosas: “Te amo”, “gracias”. Gracias Madonna por enseñarme el camino y por hacerme sentir orgulloso de ser quien soy. Esa noche grité como loco y canté llorando una canción que supe, era para mi: “Living for Love”, la lloré y la canté de manera intermitente. Esa noche mágica me dije una cosa que me salió del corazón: “¡Ya puedo morir en paz!”. No era para menos, Madonna puso su mirada sobre mí y de nuevo me dio un abrazo con su música cuando más lo necesitaba.

!Feliz Cumpleaños mi vieja chingona! Como diría mi abuela: Con qué te pago todo lo que te debo. Larga vida a la reina, a la jefa de jefas, a esa mujer que me enseñó que solo con el corazón se puede ver bien, que lo esencial es invisible a los ojos.

Fuente: Pero sigo siendo el gay / Original aquí.

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