La novela erótica

La novela erótica: ¿Qué significa para las escritoras?

Ahora que ha llegado el verano, hay muchas novelas eróticas que intentan definir los parámetros de la lectura, pero hay lecturas eróticas que no aparecen en el mercado y a ellas nos queremos referir.

Ciudad de México, 7 de julio (MaremotoM).- La novela erótica, ese elemento que en los últimos tiempos ha tenido mucha aceptación, ¿qué significa para algunas escritoras? ¿Son realmente esas historias de látigos y esposas, con actores que parecen modelos, las expresiones reales del erotismo? ¿Es el erotismo lo que define la mayoría de la literatura y a veces no definimos qué cosas son eróticas o no, pero despiden un olor y un sabor a sensaciones indefinidas? ¿El erotismo va más allá de las decisiones de los autores?

El erotismo está definido casi desde el principio de la literatura. De hecho el juego de Dulcinea del Toboso y la aspiración amorosa que tiene sobre él Alonso Quijano hace de ella una mujer imaginaria y perfecta, tal como indica el erotismo.

Ahora que ha llegado el verano, hay muchas novelas eróticas que intentan definir los parámetros de la lectura, pero hay lecturas eróticas que no aparecen en el mercado y a ellas nos queremos referir.

La novela erótica
Paola Tinoco. Foto: Facebook

“Qué poquito, elegir solamente una novela erótica, pero me esforzaré: La llave, de Junichiro Tanizaki.

A mi juicio es una novela distinguida y oscura, una de las obras maestras de la literatura erótica donde un matrimonio añoso logra recuperar el deseo erótico a través de un intercambio escritural que devuelve las emociones de los primeros días: los celos y la tensión sexual y hasta voyeurismo. Todo envuelto en un finísimo papel”, dice la escritora Paola Tinoco, autora de Oficios ejemplares y Tríos, una antología de Anagrama.

“Además de Tanizaki, los autores que entre el siglo XVIII y XIX, formaron parte de la aceptación del erotismo como tema literario: Teóphile Gautier, Conde de Mirabeu, Leopold Sacher Masoch, Boyer D’Argens, John Cleland”, afirma.

La novela erótica
Maritza M.Buendía. Foto: Facebook

La escritora Maritza Buendía es una escritora “erótica”, a juzgar por su segunda novela, Jugaré contigo (Alfaguara), donde por las calles de Amberes, una mexicana se pierde o se encuentra en un universo donde la mujer se descubre a sí misma: esos juegos donde la voluntad pierde su terreno y donde la libertad comienza a deslindar su paso.

“Hay una veta amorosa en mi novela. Lo erótico y lo amoroso están bastante relacionados”, dice la autora, que ahora busca en la literatura mexicana sus cinco libros eróticos favoritos.

El gato, de Juan García Ponce. Publicado en Encuentros, en 1972. Cuento- descubrimiento, primera llave para adentrarse en el mundo de lo femenino planteado en la obra de este autor, ahí donde la seducción se convierte en una herramienta simbólica (y por lo mismo, poderosa) que comunica con una experiencia trascendental.

Wanda, de Inés Arredondo. Cuento publicado en 1988, en Los espejos. Lo recomiendo por la sutileza de su prosa, por la capacidad de trabajar dos planos narrativos alternadamente: la realidad, representada por una prostituta; lo onírico, presencia de lo acuático y sensorial, universo donde aparece Wanda.

La llama doble. Amor y erotismo, ensayo de Octavio Paz publicado en 1993. El amor asusta y encanta y, cuando asombra, descontrola. Tesis que bien se encarga Paz en aclarar cuando decide escribir este libro, ya viejo y nuevamente enamorado. Recorrido teórico acerca de nuestra manera de amar a través de la literatura.

El placer de morir, de Eduardo Antonio Parra. Cuento que aparece publicado por primera vez en Los límites de la noche, en 1996, y que en 2009 será recopilado en Sombras detrás de la ventana. Las filias de Parra no son sencillas ni cándidas, la mayoría de sus personajes se transforman en protagonistas de lo oscuro, anti­héroes anón­i­mos donde los nombres se nublan por la preponderancia de una dinámica corporal que echa a andar el mecanismo de una violencia exquisita.

Erotismo y misticismo. La literatura erótico-teológica de Juan García Ponce y otros autores en un contexto universal, de Juan Antonio Rosado. Ensayo apasionante publicado en 2005 que combina la erudición y la agilidad, la teoría literaria y la reflexión filosófica, con la buena escritura. Rosado revitaliza conceptos como lo sagrado, el amor y el erotismo a partir de varios autores clave.

La novela erótica
Lola Ancira. Foto: Facebook

La joven autora Lola Ancira, recientemente elegida como uno de los ocho talentos de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, escritora del reciente libro de cuentos El vals de los monstruos, elige a su novela erótica favorita: “El necrófilo, de Gabrielle Wittkop, por la forma tan sutil y bella de llevar un tema tan delicado y brutal de la mano con la libido, por encontrar la sensualidad en el cuerpo menos imaginado”.

“Y, en cuanto autores del erotismo, me parece que son todos los que toman en cualquier grado el tema de la pasión y lo voluptuoso para entretejerlo con sus tramas. Si la pregunta va más a autores en específico, diría que el marqués de Sade y Bataille con su Historia del ojo, en realidad no soy muy adepta a la literatura erótica, como te podrás dar cuenta, ja. Mi acercamiento fue en la adolescencia y no conozco lo contemporáneo”, se excusa.

La novela erótica
Julia Santibáñez. Foto: Facebook

La poeta Julia Santibáñez, autora de Rabia de vida: rabia debida, Ser azar, Eros una vez y la reciente plaquette de sonetos, Sonetos y son quince, expresa.

“Del vastísimo abanico que abarca la etiqueta “novela erótica” menciono tres favoritas de la casa. Seguramente no son eróticas en estricto sentido pero igual: Inmaculada o los placeres de la inocencia, de Juan García Ponce; Historia de O, de Pauline Reage; El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence.

Me gusta su abordaje del placer, de la sensorialidad, del juego y la perversión. Disfruto el hecho de que no limitan el disfrute a la genitalidad y que además tienen personajes trazados, anécdota, conflicto. O sea, son novelas-novelas, no sustitutos de sitios web XXX”, afirma.

“Hablar de “los autores del erotismo” me conflictúa. No sé si yo puedo, desde mi cachito de mundo y experiencia, pontificar sobre el deseo y la sexualidad. Además me parece que muchos autores abordaron deliciosamente el erotismo, pero no se encasillaron en él. Prefiero hablar de obras que tienen una propuesta literaria, además de erótica, como los que ya mencioné y sumo algunos otros: Trópico de Cáncer (Henry Miller), Farabeuf (Salvador Elizondo), Lolita (Vladimir Nabokov), los Diarios de Nin (Anaïs Nin) y El amante (Marguerite Duras)”, expresa.

La novela erótica
Ingrid Bringas. Foto: Facebook

Ingrid Bringas, la autora de La edad de los salvajes, Nostalgia de la luz y Objetos imaginarios, elige a la Historia del ojo, de George Bataille.

“Me parece una novela más allá de la carga erótica, es una novela cargada de misticismo, todo eso rozando esos extremos hasta llegar a lo pornográfico, el castigo, la muerte, el éxtasis o el pecado. Autores del erotismo: George Bataille, Curt Leviant, Henry Miller, hasta Román Gubern en sus ensayos”, dice.

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La novela erótica
Maricela Guerrero. Foto: Facebook

Maricela Guerrero, la gran poeta, reciente autora del libro El sueño de toda célula, opina -en un argumento muy necesario, que “La novela erótica no es un género que visite mucho, porque a veces responde a valores muy patriarcales, sin embargo, si atendemos a lo vital del erotismo una novela a la que vuelvo constantemente es El Dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy. En la que el erotismo está hermosamente imbricado con una lucha por la vida en todas sus maravillosas posibilidades”

“Por otro lado, recuerdo con mucho placer a Milan Kundera, a Julio Cortázar, Marguerite Yourcenar, Sara Sefchovich, entre otros autores que juegan con el lenguaje y la concupiscencia”, expresa.

La novela erótica
Ave Barrera. Foto: Facebook

Ave Barrera es una gran narradora, recientemente ha sido galardonada con el Lipp por su novela Restauración (Paraíso Perdido) y en principio se disculpa: “He leído muy pocas novelas eróticas, caray (mal, muy mal de mi parte)”, dice.

“La Historia del mandadero y las tres mocitas, de Las mil y una noches me voló la cabeza cuando era niña, de adolescente leí a Sade y también me encantó (y calentó jajajaja) pero ya no me dio por leer literatura erótica reciente. En las chambas editoriales me he topado con algunas propuestas comerciales y no me gustan ni poquito. Luego hay autoras de novela literaria que tienen un gran manejo del erotismo, pero ahorita no me viene a la cabeza una en concreto, tendría que hacer repaso en el librero”, expresa.

La novela erótica
Magali Velasco. Foto: Faceebok

Magali Velasco, nuestra columnista, directora de la Facultad de Letras Españolas en la Universidad Veracruzana de Xalapa, autora de de los libros de cuentos Vientos machos, Tordos sobre lilas, Vientos machos y otros cuentos, El norte de Bruguel y Rodrigo y el gran elefante, además del ensayo El cuento: la casa de lo fantástico, recuerda a Sade.

“¡Marqués de Sade! Justine o los infortunios de la virtud (1797) y Filosofía del tocador (1795). Sade fue parte de mi educación sentimental y me divertí leyendo de las voluptuosidades, los placeres sodomitas, los chorros impuros de lubricidad, los culos y las tetas, las sacudidas y los bálsamos de los libertinos.  Las lecciones de Dolmancé con la Señora de Saint-Ange hacia la joven y bella Eugenia es lo más festivo de un ménage à trois, esa exquisita clase educativa de las artes amatorias en donde los dos mayores instruyen a la adolescente en cómo hacer gozar tanto a  mujeres como a hombres, logrando un torrente de placeres. La alumna Eugenia, virgen aún, es un delicioso platillo para los maestros, así cuando la Señora le enseña a vibrar con el sexo oral, “tu monte es encantador, Eugenia. ¡Cómo me gusta besar tus vellitos!… Tu clítoris, ahora puedo verlo mucho mejor, está poco formado pero es muy sensible… ¡Cómo te agitas!…Déjame que te abra bien las piernas”, Dolmancé succiona el culito de Eugenia para hacerla “eyacular” y así explicarle lo que es la matriz y lo que es el semen masculino y las sacudidas de las mujeres. En cambio Justine o los infortunios de la virtud, es una narrativa de violaciones continuas que se “justifican” en lo siguiente:  “No, Thérèse, no, no cesaré de repetirlo, es completamente inútil que un goce sea compartido para ser vivo; y para que este tipo de placer sea tan excitante como puede llegar a ser, es, por el contrario, muy esencial que el hombre sólo goce a expensas de la mujer, que tome de ella (sea cual fuere la sensación que ella experimente) todo cuanto pueda incrementar la voluptuosidad que él quiere disfrutar, sin la más leve consideración a los efectos que pueda provocar en la mujer, pues estas consideraciones le turbarán: o querrá que la mujer comparta, y entonces él ya no goza, o temerá que ella sufra, y ya le tenemos alterado. Si el egoísmo es la primera ley de la naturaleza, es muy probablemente en los placeres de la lubricidad más que en cualquier otro lugar que esta celeste madre desea que sea nuestro único móvil”. Entonces hablamos de otro tipo de erotismo, el egoísta, el del que toma y roba. La secuencia de infortunios que viven Justine o Sofía o Thérese o las otras muchachas esclavas de los monjes perversos, hace muchos años me provocaban risa por la forma en que eran narradas  situaciones en las que una y otra vez, la ingenua Justine era abusada de varias formas, por ejemplo cuando cree al fin llegar a un refugio eclesiástico:  “Después de haber contestado a esas preguntas, con el aire más modesto, más sincero y más ingenuo, el monje, levantándose y cogiéndome de la mano, me dijo:

 ––¡Bien! Ven, hija mía, te proporcionaré la dulce satisfacción de comulgar mañana a los pies de la Imagen que acabas de visitar: comencemos por proveer tus primeras necesidades. Y me lleva al fondo de la iglesia…

––¡Cómo! ––le dije entonces con una especie de inquietud que me dominaba a pesar mío… –– ¡Cómo, padre! ¿En el interior del templo?

––¿Dónde si no, encantadora peregrina? ––me respondió el monje, introduciéndome en la sacristía…–– ¡Acaso tienes miedo de pasar la noche con cuatro santos eremitas!… Oh, ya verás cómo encontraremos los medios de distraerte, querido ángel; y aunque no te procuremos grandes placeres, por lo menos servirás a los nuestros en muy amplia medida. Estas palabras me sobresaltan; un sudor frío se apodera de mí, me tambaleo; era de noche, ninguna luz guía nuestros pasos, mi imaginación horrorizada me hace ver el espectro de la muerte moviendo su guadaña sobre mi cabeza; mis rodillas flaquean… En este instante el lenguaje del monje cambia de repente, me sostiene, insultándome:

––Puta ––me dice––, hay que seguir; no intentes aquí ni quejas ni resistencias, todo sería inútil. Las crueles palabras me devuelven las fuerzas, siento que estoy perdida si desfallezco; me levanto…

––¡Ay, cielos! ––digo al traidor––, ¡tendré que ser de nuevo la víctima de mis buenos sentimientos, será de nuevo castigado como un crimen mi deseo de acercarme a lo que la religión tiene de más respetable!…”

A la luz del día contemporáneo resulta un relato de horror a pesar de que lo hiperbólico siga edificando en lo absurdo, el humor negro y crítico de esta obra de Sade, tal y como él mismo lo expresó en su prólogo, el fin de esa historia es debatir el tema de la virtud frente a los vicios. El Marqués de Sade, para mí, sigue siendo el más moderno de los escritores del cuerpo y con el cuerpo.”

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