José Montelongo

La novela es la polaridad entre las palabras y el silencio: José Montelongo

“Intenté que en una novela interior busca el silencio, en busca de la quietud, para poder contarla quise recurrir al vértigo. Pensé en la firma del Zorro chambón, que no atina con su espada, que trata de estar en el momento de la esgrima, deja la espada en el suelo y se sienta a platicar, cuando vi la portada”, expresa Montelongo.

Ciudad de México, 21 de septiembre (MaremotoM).- No soy tan zen (Almadía), de José Montelongo, hace una radiografía satírica del periodismo cultural en México, en la que el protagonista busca la tranquilidad y paz interior en un mundo, ruidoso y enloquecido.

La prosa de Montelongo, fuertemente influida por la poesía, contiene una riqueza verbal importante, aderezada con ingeniosos juegos de sentido e hilarantes comparaciones y referencias.

ENTREVISTA EN VIDEO A JOSÉ MONTELONGO

Es una novela en la que todos nos sentimos identificados, a nivel intelectual, a nivel social, que no es de todos modos una novela en clave. “Es una novela de aprendizaje, en la que el aprendiz resulta un tanto chambón, propenso a tropezarse y a reírse un poco en lugar de tomarse demasiado en serio. Cuando digo una novela de aprendizaje, me refiero a un personaje que se encuentra asediado, confuso y cansado del verbo interior, que aspira a un poco de silencio”, dice José Montelongo, en entrevista en zoom.

Claro que el protagonista mientras busca silencio va a un concierto “muy largo y a la vez muy lento. Los recuerdos, la imaginación, las cosas que ha escrito, las novias que ha tenido, una amistad que tuvo y que intentó atraerlo al campo del zen, son sus pensamientos y así se va contando la novela”, dice el autor.

El bicho interior, la cosa social, se entremezclan en la trama. “Con toda intención para que no sea una novela introspectiva, quise que fuera la unión de las dos cosas. El silencio estuviera constantemente interrumpido por el habla de la vida”, agrega.

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José Montelongo
Editó Almadía. Foto: Cortesía

“Intenté que en una novela interior que busca el silencio, en busca de la quietud, para poder contarla quise recurrir al vértigo. Pensé en la firma del Zorro chambón, que no atina con su espada, que trata de estar en el momento de la esgrima, deja la espada en el suelo y se sienta a platicar, cuando vi la portada”, expresa Montelongo.

Tratar de vivir lo que hay adentro, que nunca lo decimos, porque si lo decimos seríamos antisociales.

“En efecto, sin esas conversaciones, sin esos colegas, ¿cómo podríamos vivir? Como ermitaños, que es algo que en algún momento quisiéramos cuando estamos enfrentados al ruido de las motocicletas, de los autos, sino también a los millones de bytes de noticias que parecen estar demandando constantemente nuestra atención”, afirma.

“Una ventana te permite mirar el mundo, pero 60 ventanas abiertas a distintos paisajes, distintas conversaciones y personas, se vuelven parte de la distracción. La novela se refiere a ese ruido en nuestra cabeza y cómo a veces quisiéramos bloquearlo”, agrega.

El bicho interior está reemplazado por el bicho de las redes sociales, es lo que plantea No soy tan zen.

“Esas redes sociales o el ruido de una red que nos envuelve es un símbolo del ruido interior. La crisis del personaje es esa en la novela. Está tratando de salir de esa crisis, buscando el silencio. Lo que menciono en la novela es el mouse, el ratón, que se moviera solo y fuera abriendo páginas, hipervínculos, en las que puedes irte indefinidamente”, afirma.

“La contradicción fundamental en cuya tensión se traza la novela es la polaridad entre las palabras y el silencio”, concluye.

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