Pierre Ducrozet

La pequeña risa que está detrás de un texto es esencial: Pierre Ducrozet

No es casual que aquí ignoremos La invención de los cuerpos, donde Álvaro, un joven profesor mexicano sobreviviente de los trágicos acontecimientos de Iguala y Ayotzinapa, se encuentra en Silicon Valley con los transhumanistas y los hackers de Anonymous, confrontándose con nuevas formas de violencia.

Ciudad de México, 8 de abril (MaremotoM).- ¿Cómo será la novela del siglo XXI? Sin duda, tendrá emociones, le digo a Pierre Ducrozet, cuya historia, editada por CantaMares, La invención de los cuerpos, es ante todo conmovedora.

Parece como el signo generacional decir que entre la distopía y la carencia de utopía sin duda tendrán que prevalecer los sentimientos. Sin embargo, hay una sola cosa en esta vida y es la ausencia de empatía. Sin emoción por el otro, no nos salvaremos.

De esto hablamos con el escritor francés, admirador de Roberto Bolaño, que vive en Barcelona y que ha encontrado en Melina Balcázar una traductora “perfecta” para que conozcamos su literatura en México.

Pierre Ducrozet
Editó CantaMares. Foto: Cortesía

No es casual que aquí ignoremos La invención de los cuerpos, donde Álvaro, un joven profesor mexicano sobreviviente de los trágicos acontecimientos de Iguala y Ayotzinapa, se encuentra en Silicon Valley con los transhumanistas y los hackers de Anonymous, confrontándose con nuevas formas de violencia.

“El arte no tiene principio ni fin, no tiene temas o personajes fijos, ni va de un punto A a uno B, se desarrolla con libertad, como un cancro, un tentáculo, una mala hierba, e irá donde se le antoje. Debe ser libre, moderno, loco; también es una red”, dice la editorial al promover el libro. Pierre Ducrozet es más sencillo, como lo muestra esta nota en video, donde explica su novela, habla de Bolaño y de su castellano hecho al compás de Borges.

–Esta novela que a pesar de todo es conmovedora. Tú planteas un rizoma, una manera nueva de entender la historia, pero cuando uno la lee se mete en ese rizoma y se conmueve mucho

­–Es la idea de crear una forma que sea la imagen del mundo contemporáneo. Después de haber trabajado, tejido los temas, me pareció que la forma del rizoma era interesante. Quería a la vez que fuese una novela de acción, de amor…

–Una novela de derechos humanos…

–Sí, claro. Me parece muy bueno que no se note la intención. Es una novela de sentidos, de imágenes, de colores, está muy cerca de las emociones del cuerpo, que pase esa música. Me parece muy bien que se olvide el dibujo.

–Álvaro es conmovedor

–Estaba armando la novela cuando ocurrió lo de los 43 de Ayotzinapa. Yo vivía en Berlín, en ese momento. Supe desde un principio que ese hecho iba a entrar en la novela. Ya estaba esa violencia en el texto y cuando en el mundo real ocurre eso, era como demasiado. Lo que hice era tratar de ser fiel y leí trabajos muy buenos en relación a lo de Ayotzinapa. Luego añadí ese personaje de Álvaro, que demuestra lo que puede ser la violencia de Estado extrema.

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–Te quería preguntar partiendo de la novela europea, ¿cómo se tocan los temas latinoamericanos?

–De un lado estoy muy de acuerdo con Roberto Bolaño en el sentido de que los personajes son ahora trasnacionales. Los mestizajes son numerosos, hay muchos niveles y me gusta que mis personajes naveguen entre varias nacionalidades. Barcelona es un punto de mirada hacia Latinoamérica muy importante, yo vivo con una argentina y todo esto se mezcla siempre. Mi primer viaje hace 20 años a Argentina quise aprender ese idioma para leer a Borges, para leer a Bolaño.

–Partiendo eso, la intelectualidad francesa ahora está muy volcada a la derecha

–La verdad es que está bastante diferente de lo que es la literatura francesa. Hay una gran vertiente de escritores jóvenes que hemos salido de la autoficción, de que hemos salido del ombligo. A nivel político las cosas no están tan buenas, pero hay cosas interesantes, yo me sitúo adentro y fuera, ahora mismo no vivo en Francia, vivo en Barcelona.

Pierre Ducrozet
A nivel político las cosas no están tan buenas, pero hay cosas interesantes, yo me sitúo adentro y fuera, ahora mismo no vivo en Francia, vivo en Barcelona. Foto: Cortesía

–Esta novela ha sido traducida por Melina Balcázar, también una ensayista, que conocemos mucho aquí

–Ella se enteró abriendo el Le Monde sobre Roberto Bolaño, un artículo mío de cuando fui a Blanes y descubrió la novela que acabo de escribir. Fue cuando la quiso traducir. Luego como es un encanto nos hemos visto en París y en Arles, pero el traductor debe tener la máxima libertad. Lo que ha hecho es perfecto, maravilloso.

–Cuando vas a Blanes encuentras a Roberto Bolaño y te parece que no era de ahí…

–Fui a Blanes un día lluvioso de octubre, me llené de tristeza y siempre me pregunto: ¿Por qué estuvo aquí, en Blanes? Hay algo bolañesco entre la risa y la melancolía. Esa casita donde vivía…

–¿Eres una especie de hijo de Bolaño?

–Es un poco inmodesto decir que soy hijo de Bolaño, pero hay muchas cosas que me gustan de sus novelas. Todo lo que nos enseñó es importante. El humor, la poesía sin decir nunca la palabra poesía, la mezcla de géneros…hay algo además de que siempre queremos abrazarlo, es como un amigo. Ha inventado el siglo XXI para la literatura.

–Está el tema del humor y de la ligereza en tu novela

–Es el mismo reflejo de Bolaño. Cuando vas hablando de cosas terribles, necesitas tener el humor ahí y también necesitas la ironía, no tomarte enserio lo que dices. La pequeña risa que está detrás de un texto es esencial. Esa risa al final de la frase, que hace que todo tiemble. Es esencial para que el edificio se sostenga bien.

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