Román Cortázar

La poesía nos ayuda a vivir, sino uno es indigno de ella: Román Cortázar

Con la influencia declarada de Tomás Segovia y Eduardo Galeano, Román Cortázar construye un discurso donde la melancolía abreva en ese silencio que lo tiene todo. En el fondo de todo este libro la vida fluye, alternando el erotismo, la biblioteca personal y la metapoética; manteniendo en el aire preguntas fundamentales: ¿de dónde vienen las palabras que cantan?, ¿por qué es música su silencio?, ¿quiénes somos, con palabras o sin ellas?

Ciudad de México, 22 de marzo (MaremotoM).- “Estoy tratando de escribir un poema / remando en el idioma / hasta la orilla del canto / o qué sé yo”, es el inicio de “Invierno”, en el libro Las derrotas del silencio, de Román Cortázar (Vaso Roto). Un poema que uno lee y lee otra vez, como esos discos donde escucha las buenas canciones y va creciendo en el costado del ritmo y de la música.

Este poeta, que vivió en el sur del continente y hoy también vive en Mérida, Yucatán, dice que “Una noche vino Juan Gelman a mis sueños para decirme lo importante que es el silencio antes de la palabra, pero sobre todo el silencio de la palabra. Entonces mi libro, que lo oyó bien, me dijo que quería llamarse Las derrotas del silencio. Al despertar me froté los ojos: después de casi diez años, lo había terminado”.

Con la influencia declarada de Tomás Segovia y Eduardo Galeano, Román Cortázar construye un discurso donde la melancolía abreva en ese silencio que lo tiene todo. En el fondo de todo este libro la vida fluye, alternando el erotismo, la biblioteca personal y la metapoética; manteniendo en el aire preguntas fundamentales: ¿de dónde vienen las palabras que cantan?, ¿por qué es música su silencio?, ¿quiénes somos, con palabras o sin ellas?

Román Cortázar
Román Cortázar y Eduardo Galeano. Foto: Cortesía Facebook

El autor nació en Mérida, en 1980. Poeta y ensayista. Infatigable viajero. Ha presentado sus trabajos en universidades y centros literarios de América Latina y Europa. Tiene un solo libro: Artificios del fuego (2009). En 2006 fundó la revista El Grito y la dirige desde entonces. Colaborador del semanario uruguayo Brecha y de varias publicaciones en México, como la Revista de la Universidad de México y Desinformémonos, entre otras; en Argentina, Página 12 y Marcha; en Venezuela y España también. A mediados de 2010, sentado en un jardín, descubrió que nació para cazar palabras y se fue a Uruguay. A principios de 2012 regresó a México.

Te puede interesar:  Fernando Tejero revela que no quería bajo ningún concepto creer que podía ser homosexual

ENTREVISTA EN VIDEO A ROMÁN CORTÁZAR

“El invierno cierra las cuatro estaciones de este recorrido por la obra de Galeano, que ha sido una influencia y una amistad que ensancha el alma a uno”, declara Román Cortázar.

Así como Galeano se buscaba en la obra de Onetti, Cortázar lo hace en el nombre de este narrador uruguayo, porque “la verdad es que nacimos en el mismo barro”, dice.

“Cuando las preguntas encuentran respuestas en la poesía, se constituyen en nuevas preguntas”, afirma.

El silencio es esa búsqueda de todos los escritores y de todos los músicos, después del amor, después de la poesía, recordando por ejemplo a Paul Auster, que decía que la máxima de un escritor es precisamente adolecer de cualquier palabra.

Román Cortázar
Editado por Vaso Roto. Foto. Cortesía

“El silencio es el poema. Esta convivencia entre la palabra y el silencio viene de lejos. Quizás cuando uno empieza a escribir, tiende a ser barroco. El silencio viene de Octavio Paz, en Leopoldo María Panero y me parecía seductor a la hora de escribir el libro. Aunque uno las piense y esté de acuerdo con ellas, otra cosa es vivirlas. Fue la vida que me hizo conocer a Juan Gelman, donde hubo otra revelación: el silencio realmente asumido”, expresa.

“Siendo el otro como extranjero, puesto que viví en muchos lugares, aparece el silencio. Estás fatalmente herido por la distancia, a pesar de la comunidad simbólica de ser latinoamericano”.

“El silencio fue un proceso paulatino. En los últimos años de mi vida me retiré de la vida literaria, mientras maduraban las palabras y apareció el silencio en el poema, que era lo que me interesaba”, agrega.

El silencio también es evocación, “esta especie de ajenidad”. Añorar también el amor que es una esencia de este poemario.

“El deseo trabaja sobre la nostalgia de lo que fue y puede mudar, vestir la realidad desvistiéndola, pero también trabaja el deseo sobre lo que todavía no es. Es una presencia ausente”, afirma.

“La poesía tiene una finalidad, decía Tomás Segovia. Tiene un fin práctico que es el ayudarnos a vivir, si eso no pasa, es indigna de mí”, expresa.

Comments are closed.